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14 Nacional LUNES 11 9 2006 ABC El corte del trasvase Tajo- Segura amenaza ya a 10.000 empleos en la huerta murciana Esta semana 20.000 hectáreas de cítricos y hortalizas de Alicante no recibirán ni una gota para riego b Mientras las empresas agrícolas buscan en Valladolid o Sevilla los climas alicantinos, la falta de agua del Tajo obliga a abandonar a miles de pequeños agricultores S. C. A. MADRID. Estamos mal, pero vamos bien comentaba a Fraga un expresidente argentino con fama de gafe para explicar la situación por la que atravesaba el país suramericano. Y esta filosofía parece que se ha infiltrado en el PSOE y en el Ministerio de Medio Ambiente, que dirige Cristina Narbona. Ambos insisten en que la situación no llega a ser desesperada porque pese a la feroz sequía que padecemos no se han producido restricciones para el consumo, ni siquiera en la zona más afectada: la cuenca del Segura. Sin embargo, el cierre por imperativo legal del grifo del trasvase Tajo- Segura un mes antes de lo previsto y la falta de alternativas eficaces, deja a Levante al borde de la sed. El agua es vida y donde no hay agua no hay vida. Es una perogrullada que por desgracia ya ha empezado a pasar factura en esta zona. Por ejemplo, la Comunidad de Regantes de Lorca, en Murcia, ha hecho público un estudio que prevé unas pérdidas económicas en la comarca de 198 millones de euros para el año hidrológico que comienza el 1 de octubre, si la climatología no lo remedia. Y, lo que es peor, supondrá la pérdida de unos 10.000 empleos o, lo que es lo mismo, la ruina de 10.000 familias. Otros informes del sur de Alicante hablan ya del abandono del campo por miles de pequeños agricultores o la fuga de los cultivos de grandes y medianas empresas agrícolas a zonas de Andalucía o, incluso, de Valladolid, menos castigadas por la falta de agua. O el anuncio de la comunidad de Riegos de Levante de que a partir de esta semana, unas 20.000 hectáreas de cítricos y hortalizas del sur de la Comunidad Valenciana se van a quedar sin una gota de agua para riego. Los embalses de la cabecera del Tajo rozan ya los 240 hectómetros cúbicos que fija la ley como límite para poder trasvasar EFE ¿Agua desmayá o trasvasá? Lo que debería ser un debate exclusivamente técnico también se ha contaminado con la política, hasta introducir el agua en el debate electoral, lo que ha llevado a los dos grandes partidos nacionales a irracionales posturas irreconciliables, cuando no contradictorias. Los del PSOE apuestan por la desalinización del agua marina y los otros, los del PP, por los trasvases. Y ni siquiera en el debate técnico se ponen de acuerdo. Para los regantes y para los técnicos que consulta el PP, la desalada es un agua desmayá que no sirve para riego y dudan que sea la más adecuada para beber; para los especialistas del PSOE, es un agua de gran pureza, perfectamente válida para el riego y para beber. Para los primeros, agua buena es la que se trasvasa; para los segundos, es agua trasnochada En cuanto al impacto medioambiental, basta recordar la movilización de los ecologistas cuando se proyectaba el derogado trasvase del Ebro por el gran impacto que suponía trazar una tubería de 900 kilómetros. Se queja el PP de lo callado que están ahora, cuando estudios serios como el de Acuamed (Sociedad Estatal de Aguas del Mediterráneo) advierte que el consumo de energía de las desalinizadoras precisas para cubrir las necesidades de Levante producen muchas más emisiones de CO 2 que las que habría provocado el trasvase. Sin contar con el impacto de la salmuera. Los datos del PP advierten de que una desaladora que produzca 50 hectómetros cúbicos anuales, como la de Mazarron por ejemplo, arroja al mar diariamente 10.500 toneladas de salmuera en un mismo punto, es decir, el equivalente a 525 camiones diarios, mientras que los trasvases no provocan tal impacto. El PSOE, sin embargo ha cambiado la política trasvasista de Borrell, cuyo Plan Hidrológico preveía hasta trece trasvases, por la desalinización, con el argumento de que el agua del mar está ahí junto a la zona donde más se necesita y es un recurso que no genera conflictos territoriales Para la población, que ya ha empezado a sentir la amenaza de la sed, ni el agua ni la sequía ni las desalinizadoras ni los trasvases son de izquierdas ni de derchas, todo es una cuestión de gestión y, sobre todo, de responsabilidad de una clase política que no parece estar a la altura de las circunstancias. de la zona, en la que Soler califica como las pérdidas más importantes de la historia reciente de la agricultura en la comarca Una situación crítica Los datos del presidente de la comunidad de Riegos de Levante, Manuel Serrano, no son menos desoladores: a partir de esta semana se quedarán sin riego 20.000 hectáreas de cítricos y hortalizas en el sur de la Comunidad Valenciana. Según el presidente de Riegos de Levante, que representa a nueve comunidades de riego de 17 municipios y una superficie de 36.000 hectáreas y 21.000 comuneros, los municipios más afectados son los de Elche, Crevillente y Santa Pola, en la comarca del Bajo Vinalopó, y de Alicante, Orihuela, Benferri, Cox, Guardamar del Segura, Granja de Rocamora y Albatera, en la Vega Baja. Serrano afirma que el campo alicantino padece una situación tremendamente crítica que, desgraciadamente, provocará que al agricultor sólo le quede el recurso de mirar al cielo y hacer una misa para pedirle a la Virgen que llueva al igual que hicieron el sábado en Murcia ante la Virgen de la Fuensanta. La solución a la situación actual pasa por la interconexión de las cuencas hidrográficas, según Serrano, quien argumenta que aunque las cuencas del Segura, Júcar y Tajo están a menos del 12 por ciento, hay otras que están al 60 y 80 por ciento de su capacidad. En este sentido, explicó que el vo- Jornales por valor de 113 millones El estudio de la Comunidad de Regantes de Lorca que hizo público su presidente, Manuel Soler, es contundente. La superficie total de regadío de la comarca es de 24.879 hectáreas, que precisan un total de 123,8 hectómetros cúbicos de agua al año. Tras el cierre del grifo del Tajo, lo más que pueden extraer de los pozos de la zona son 55,7 hectómetros, lo que supone un déficit hídrico del 55 por ciento, que obligará a dejar de cultivar 13.687 hectáreas, con unas perdidas de empleo estimadas en 7.073 puestos en el campo y 2.359 en almacenes. Es decir, una perdida de 113 millones de euros en jornales y una drástica bajada de la renta per cápita