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6 Opinión LUNES 11 9 2006 ABC EL OBSERVATORIO EN FIN EL PRECIO DE LA PAZ 11- S, EL TERROR INVISIBLE guen controlando el negocio de la heroína, que supone el OY hace exactamente cinco años, junto con las 90 por ciento de la producción mundial. Torres Gemelas, se derrumbaron otros edifiMientras, la bienintencionada Iniciativa para un cios. Entre ellos, y de forma definitiva, el que alGran Oriente Medio, que debería extender la democrabergaba el viejo orden internacional y sus seguridades, cia a los países de la región, languidece porque, como debasadas en un equilibrio de amenazas que garantizaba nunciaba recientemente Gilles Kepel, a medida que las que nadie se atrevería a lanzar la primera piedra. Entre elecciones las iban ganado los islamistas, la democratioctubre de 1989, cuando las revoluciones tranquilas derrización ha dejado de ser una prioridad para Wasbaron el último contrafuerte de las dictaduras cohington También ganó Hamás en Palestina, con munistas, y los ataques del 11 de septiembre de las secuelas ya conocidas. La reciente guerra del 2001, la utopía que alumbraba el fin de la Historia Líbano, por otra parte, ha debilitado al Gobierno aguardaba encarnarse en un nuevo orden que israelí, ha fortalecido el prestigio de Hizbolá y ha sustituyera, de manera tranquila, el mutuo teinterrumpido la reconstrucción física y política rror asegurado. Los aviones de Alí Atta y sus diedel país, en perjuicio de los intereses occidentales cisiete compañeros acabaron abruptamente con en la zona; y ha mostrado una vez más la falta de esa ensoñación y dieron por finiquitada una época. El terror se hacía invisible, por lo que no había EDUARDO SAN resolución de Washington para imponer el final MARTÍN de un conflicto que sigue nutriendo de mártires manera de equilibrarlo. las filas del islamismo radical. Y por si fuera poco, emerSe imponía, pues, una nueva forma de guerra contra ge como potencia en la región una república clerical preesa amenaza, difusa pero altamente eficaz, que aprovesidida por un fanático antisemita en vías de obtener la chaba las ventajas de la globalización y la relajación intecnología necesaria para fabricar armas nucleares. ducida por una década de distensión. Cinco años desNo es extraño que el propio primer ministro británipués, el balance pone los pelos de punta. ¿Ha sido esa gueco, aliado fiel de Bush, admitiera tácitamente que Occirra una equivocación? Desde luego que no. Los indudadente está perdiendo esa guerra. Fue a principios de bles errores cometidos por el Gobierno norteamericano agosto en Los Ángeles: No ganaremos la batalla contra pueden haber agravado la amenaza, pero ésta no es proel extremismo global al menos que venzamos en el nivel ducto de las mentes calenturientas de unos visionarios de los valores ¿Blair convertido a la Alianza de Civilineoconservadores. Ahora bien, ¿hemos de continuar esa zaciones? No. No hace falta apuntarse al candor para guerra en los términos en que se formuló bajo el impacto quitarse la venda. Richard Haas, jefe de planificación emocionaldel ataque terrorista más despiadado de la hispolítica con Colin Powell, llegaba a una conclusión setoria? Con toda seguridad, tampoco. mejante hace menos de un mes: No puede derrotarse al Vale la pena detenerse en el balance. Dejando aparte el terror sólo mediante las armas Entre la retórica apacifracaso de posguerra en Irak, que ya ha dado lugar a una guadora de los aliancistas y la ceguera belicista de los bibliografía exhaustiva, Afganistán no es un ejemplo de halcones, debería abrirse una tercera vía. La apuntaba reconstrucción nacional. Karzai se ve obligado a pactar el último número de The Economist, un semanario que con los talibanes del sur mientras los mandos de la apoyó decididamente la guerra de Irak. El mundo- -deOTANreclaman más recursos para detenera una guerricía- -debe seguir esforzándose por destruir Al Qaida y, lla que ha importado, con éxito, la técnica del atentado aún más, la idea que representa. Pero sería mejor que lo suicida. El ataque contra la embajada de Estados Unihiciera con medios más inteligentes que los utilizados dos, la semana pasada, representa un salto importante hasta ahora por Bush en esa escalada. Entretanto, los señores de la guerra si- H AY frases que, aunque normalmente las entendemos muy bien, tienen trampas literales. Se dice, por ejemplo, que el miedo es libre Como todo aquel que ha sentido miedo sabe que no suele ser una elección personal, se ha de entender que es el miedo, convertido retóricamente en un ser vivo, el que se mueve con sorprendente libertad, nos sorprende y nos domina. Y que, así, hacemos o dejamos de hacer cosas, algo que en otras circunstancias no ocurriría. Pero la trampa no es sólo la de las palabras. También hay una trampa moral si se piensa que el miedo lo justifica todo, que es inexorable. Lo hemos visto hace no mucho tiempo antela reediciónde un criGERMÁN menviejo, el chantaje ecoYANKE nómico de ETA: el miedo eliminaría toda posibilidad de respuesta moral y nada tendríamos que decir a los que, con esa disculpa, pagan y sostienen la actividad terrorista poniendo en peligro la estabilidad política y la vida y los derechos de muchos otros. El miedono anula lasconsecuencias ni el fin justifica los medios y, por ello, incluso aterrados, somos responsables de nuestras acciones. Otra frase: La paz no tiene precio Se ha convertido, ante el anuncio de diálogo con la banda terrorista, en la reivindicación del PP y en el lema del Gobierno, lo que da una idea del valor que terminan teniendo las frases hechas. Todos entendemos, ciertamente, que, dando por buena- -o por probable- -la oportunidad de que la violencia de ETA termine, se nos explica, o se exige, que no sea a costa del sistema democrático, es decir, aceptando las reivindicaciones de la banda, que son evidentemente totalitarias. Tampoco estamos a salvo de la trampa porque, con idéntico desparpajo retórico, se puede definir el precio de la manera másocurrente o por consensocon los interlocutores. No se consideraprecio, por ejemplo, la legalización de hecho de las actividades de Batasuna ni, en este contexto, la más larga campaña electoral de esta parte de ETA a la espera de la próxima comparecencia electoral, ni tampoco la promesa de que lo que ahora no está sobre la mesa (porque sería un precio impagable) pueda estarlo en el futuro, en otras circunstancias. O se puede convertir la fórmula en algo anestesiante, como si, con esos parámetros, se incluyera en el precio que no hay que pagar el esfuerzo- -extraordinario a veces- -que la sociedad española y las fuerzas de seguridad han venido desplegando precisamente por la paz, es decir, por el respeto a los derechos humanos. Porque no hay duda de que, en todo momento, y más en las actuales circunstancias, la libertad no es un regalo, ni el resultado de la negociación con terroristas, sino lo que hay esforzadamente que salvar, aunque sea a precio elevado. No hay solución todavía, claro, pero sí una conclusión sencilla: sea lo que sea lo que se piense sobre el proceso más vale ser escéptico ante lo que nos cuentan. O no pagar el precio de la mentira. H