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60 Cultura DOMINGO 10 9 2006 ABC AFP Helen Mirren, fotografiada esta semana en Venecia. Sobre estas líneas, caracterizada como Isabel II HELEN MIRREN Actriz protagonista de The Queen La reina, de joven, era como Elisabeth Taylor, una criatura bellísima VENECIA. Nominada dos veces al Oscar, ganadora de una infinidad de premios durante su carrera y considerada- -unánimamente- -como una de las mejores actrices de todos los tiempos. La británica Helen Mirren demuestra en The queen (La reina) la última película de Stephen Frears, que ningún papel es demasiado difícil para ella. Mirren ha logrado con el filme algo que parece imposible: que público y crítico la hayan considerado lo mejor de la Mostra veneciana. ¿Cuál era el mayor reto a la hora de interpretar a Elizabeth II? -Yo no lo llamaría reto sino más bien peligro, no físico obviamente, que creo que se sitúa en dos niveles: uno es que no logres darle al personaje la entidad suficiente, lo cual lo convertiría en una caricatura. El otro peligro, y éste se circunscribe exclusivamente a la Gran Bretaña, es la obsesión de la gente por la monarquía y el hecho de que todo lo que hagas o digas va a ser puesto bajo el microscopio. ¿Alguien le dijo durante el proceso: No lo hagas, no aceptes este papel -No, rotundamente no. Cuando le decía a mis amigos o a cualquiera que me habían propuesto interpretar a Elizabeth II, todos me decían: Maravilloso Nadie me dijo no lo hagas En todo caso yo me lo dije a mí misma antes de ver el guión, me dije: Asegúrate de que el guión es correcto Sabía que Stephen (Frears) dirigía y que Peter (Mor- La actriz obtuvo ayer la Copa Volpi como mejor actriz por su trabajo en el filme de Stephen Frears, en el que encarna a Isabel II. El mayor riesgo: Convertirla en una caricatura TEXTO: TONI GARCÍA SERVICIO ESPECIAL gan) y él iban a escribir el guión, conocía mucho a las personas involucradas en el proyecto y sabía que iba a ser de gran calidad. El guión era brillante, la objetividad política y emocional era indiscutible, era una maravilla. Así que dije: Ok, vamos a hacerlo. -Acababa usted de interpretar a Elizabeth I y acto seguido hace lo propio con su hija. ¿Cómo fue esa transición? -Bueno, fue un proceso bastante extraño. Interpreté a la madre y después tuve dos semanas libres que aproveché para librarme de la voz de Elizabeth I y concentrarme en la voz de Elizabeth II. Después tuve tres semanas para prepararme, así que desaparecí y fui con mi marido a una casita en Francia, donde me llevé un montón de libros, cintas e imágenes, y allí estuvimos dos semanas en las que me empapé de información. Después, cuando me trajeron el vestuario casi tuve un ataque al corazón: pasar de los vestidos de Elizabeth I con sus bordados y sus tejidos y sus joyas, todo absolutamente fabuloso, a esos horribles vestidos de Elizabeth II: me puse a llorar. No podía llevar esos tejidos escoceses y esos horrorosos zapatos... (risas) Después tiré mi vanidad por la ventana, me puse el vestido y fui al jardín comunitario que hay enfrente de mi casa, y me paseé por allí intentando caminar como la reina, y mis vecinos se pusieron a gritar: ¡oh, Dios mío! ¡Es perfecta! (Risas) ¿Qué es lo que más le atrajo de este papel? -La reina en sí, su personalidad, creo que su absoluta falta de vanidad y el sentido de la responsabilidad que ha tenido desde muy joven. Si miras fotos de ella cuando era joven era como Elizabeth Taylor, preciosa, bonitas piernas, ojos negros, pelo negro, piel muy blanca, era, honestamente, una criatura bellísima. Pero desde muy joven tenía ese gran sentido del orden, de la disciplina, y para mí fue muy interesante como actriz intentar averiguar por qué ella actuaba sin rodeos, por qué todo tenía que seguir un orden estricto. Ese autocontrol estricto o la falta de ego eran producto de una ecuación muy sencilla: son cosas que no se podía permitir, no tenía elección. Una vez que comprendió que iba a ser la reina, lo cual debía ser cuando tenía 14 ó 15 años, cuando en el país se asumió que sus padres no iban a tener más hijos ella supo que iba a reinar y fue algo que asumió con naturalidad, porque no podía decir que no. Lo contrario hubiera sido una increíble traición y ella lo sabía, sabía que ése era su destino. Y lo aceptó. Se dijo a sí misma: esto es lo que hay que hacer. Pues se hará ¿Cuál es para usted la parte más importante de la vida de Elizabeth II? -Ésa es la pregunta que yo me hice al principio del rodaje. Llegué a la conclusión de que fue cuando era joven, porque creo que ésa es la auténtica persona. Quería averiguar quién era antes de saber qué iba a ser reina y encontré a esta chica pequeña, llena de sentido de la responsabilidad... La veías cómo cuidaba de su hermana Margaret, cómo la educaba y era algo increíble. Vi 20 segundos de una película donde ella debía tener unos 12 años y ella vestía como una niña, como la hicieron vestir hasta los 16, con sus vestiditos y zapatitos. En ese vídeo ella salía de un gran coche negro y veías en su mirada que ella sabía quién era, sabía que era miembro de la familia real y que debía comportarse de una cierta manera y tenía esa expresión de absoluta seriedad, y sacaba su pequeña mano del coche... En fin, esa mirada me sirvió para entender lo mentalizada que estaba respecto de su papel. -Muchos ya le dan el Oscar a mejor actriz... -Por favor: ¡cállese!