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ABC DOMINGO 10 9 2006 55 sentido de Cirus Vance, que, según supimos, había informado que era muy posible que en un pleito España careciera de algún documento demostrativo con valor jurídico, pero que lo indudable era que el sentir universal era que España tenía la razón y que estaba ampliamente demostrado que la voluntad del pintor era que esta parte tan significativa de su obra pertenecía al pueblo español. Fueron días emocionantes en Nueva York, con un breve viaje a Harvard, para informar a Josep Lluis Sert, el arquitecto que había colgado el Guernica en el pabellón de París en 1937, de lo que estaba ocurriendo. La noche final fue inolvidable para todos, tanto para el personal del museo como para nosotros. Sin falsa retórica nos dábamos cuenta que estábamos asistiendo a algo que tenía una especial significación y que trascendía lo meramente artístico. En este momento nos acompañó Íñigo Cavero, nuestro ministro, Tusell, José Lladó, entonces embajador de España en Washington, Máximo Cajal, cónsul general en Nueva York y José Llorente, de la empresa SIT, que gestionó el transporte de las obras a Madrid. Estoy seguro, siempre pasa, que me olvido de alguien, que me perdone, pero quiero resaltar que aquel fue un trabajo verdadero de equipo. Sin embargo todo éxito tiene su espina y la mía fue que aquella operación se pudo haber redondeado maravillosamente si no hubiera sido un funcionario tan disciplinado con la reserva que me habían impuesto. El caso es que Cabrera, su mujer y yo estábamos en unos grandes almacenes cuando nos encontramos a Luis García Berlanga y a su mujer, que venían del Festival de Montreal. Nos invitaron a cenar en un restorán de artistas de la calle Lexington, donde Berlanga, que no sabía nada de nuestro trabajo concreto allí, bromeó con el maître que estábamos allí para llevarnos el Guernica, a lo que el capitán de los camareros desdeñosamente contestó: Oh, no. Esto no lo verán ni nuestros hijos Luego Berlanga me quería matar por no haber soltado prenda, porque decía que le hubiera encantado rodar con una cámara de 16 mm. el desmontaje del Guernica en el museo y su traslado a España. Y a todos nos hubiera encantado, pero, mea culpa fui muy respetuoso con las instrucciones que había recibido. Al menos espero que Luis ya me lo haya perdonado. Y, para terminar, recuerdo que cuando salió el camión para llevar los picassos al aeropuerto y detrás todos nosotros en diversos coches, en ese preciso momento hubo un apagón tremendo que afectó a todos los semáforos de Manhattan, de manera que tuvimos que salir de allí haciendo equilibrios y discutiendo en cada esquina con los airados taxistas. Quienes vivimos aquello, durante bastante tiempo, cada vez que veíamos en la televisión o en el cine un taxi amarillo de Nueva York nos moríamos de nostalgia. Algunos conservadores del MoMA no pudieron contener las lágrimas (a la izquierda) en esta última foto frente al cuadro, junto al ministro español de Cultura, Íñigo Cavero, y el embajador español en EE. UU. José Lladó AP Recuerdo de lágrimas en el MoMA El ex director del museo, Richard Oldenburg, rememora la salida del lienzo director del MoMA desmiente el mito de que se recibieran amenazas. La preocupación de un posible atentado partía de la parte española MERCEDES GALLEGO CORRESPONSAL NUEVA YORK. Dice algún cronista de la época que hubo lágrimas en el MoMA cuando se bajó el Guernica de sus paredes, y Richard Oldenburg, entonces director del museo, no niega que pudiese haber ocurrido porque estábamos muy tristes de verlo irse Eso sí, aclara, que no fue una sorpresa porque siempre tuvimos claro que finalmente nos abandonaría Consciente de que con la afianzación de la demob El antiguo cracia en España se agotaban los días del Guernica en Nueva York, el MoMA inauguró el año antes una gran retrospectiva de Picasso que fue visitada por más de un millón de personas. Las colas llegaban a la Quinta Avenida. Se dice que las negociaciones duraron cinco años, con el simple cálculo del tiempo transcurrido entre la muerte de Franco y su regreso, pero Oldenburg niega que se resistiera tanto tiempo. A sus 72 años, la memoria ya no le sirve como quisiera, pero asegura que como muchísimo fueron dos años de negociaciones cordiales y cívicas Y éstas no se debieron a la necesidad de demostrar jurídicamente los derechos de propiedad del Estado español, como se ha dicho, sino a la responsabilidad moral de interpretar correctamente TODAVÍA PILAR SEDANO ESPÍN la voluntad de Picasso. El debate era sobre si Picasso había insistido en que España volviera a ser una República o sobre si estaba más preocupado con la restauración de las libertades civiles y la democracia explica Oldenburg. Finalmente se presumió que, por supuesto, lo que Picasso tenía en mente por encima de todo era la restauración de las libertades civiles y las instituciones democráticas El antiguo director del MoMA desmiente el mito de que se recibieran amenazas. La preocupación de un posible atentado partía de la parte española, y como prueba alude al grueso cristal antibalas que lo cubrió durante los primeros años de su exhibición en España. La encargada del registro del MoMA en ese momento, Eloise Ricciardelli, que acompañó el cuadro hasta su destino y asistió emocionada a su presentación pública, describe espantada aquel cristal como algo terrible l cuadro que representó a España en la Exposición Universal de París tuvo una historia de viajes que le llevaron a una grave situación de conservación, que pudo haber supuesto su pérdida, si no hubiera sido por el propio Picasso, que frenó sus movimientos, y el Museo Neoyorquino, que curó sus heridas. Su imagen supuso para toda una generación, en la que me incluyo, la representación de las libertades que soñábamos y peleábamos. Presidía las habitaciones o los lugares en los que podíamos exhibirla con orgullo. Su vuelta a España acabó con esa idea de aislamiento del resto del mundo y suponía la seguridad de E una democracia incipiente, una luz de una nueva sociedad que había comenzado. Años después he tenido la suerte de conocer el cuadro de cerca, de poder estudiarlo y, dentro de mis modestas posibilidades, de contribuir a su conservación. Es importante que esté entre nosotros, que siga recordando a las nuevas generaciones el poder de destrucción y crueldad de una guerra fratricida para que nunca más vuelva a repetirse. Hoy el mundo vuelve a estar sumido en guerras y enfrentamientos, como si nunca se aprendiera la lección, donde se olvida la razón y el poder de la palabra para entenderse. Ojalá que las imágenes del Guernica sin color, en grises, blancos y negros, hicieran entender al hombre que las guerras sólo producen odios y nuevas guerras, dolor y desolación. La carne de gallina La mujer, que supervisó los preparativos, recuerda no haberle dicho ni a los empaquetadores de qué cuadro se trataba, por lo que tomó ella misma las medidas y sólo comunicó al carpintero el tamaño máximo que podía tener la caja, una vez que supo las medidas de la puerta del avión. Francamente, cuando empezaron a enrollarlo se me puso la carne de gallina El secretismo fue tal que Oldenburg se sintió obligado a explicárselo a sus empleados, como si les hubiera traicionado al preparar la partida a sus espaldas. Por razones de estricta seguridad y por acuerdo con las autoridades españolas, hasta esta tarde no he podido compartir con todos vosotros los arreglos para transferir el Guernica a España, de acuerdo con los deseos de Picasso se justificó el director en un memorándum interno distribuido el 9 de septiembre.