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54 DOMINGO 10 9 2006 ABC Cultura y espectáculos El Museo del Prado rinde homenaje a Picasso con una gran muestra en sus salas, justo cuando se cumplen 25 años de la llegada del Guernica un día como hoy de 1981, a España. El viaje del último exiliado cerraba la Transición y la reconciliación de los españoles Y el Guernica se hizo memoria de todos POR ÁLVARO MARTÍNEZ NOVILLO TESTIGO DE LAS NEGOCIACIONES Y DE LA VUELTA DEL CUADRO N os habíamos ido de vacaciones a finales de julio de 1981, bastante desanimados por el cariz que presentaba el asunto Guernica. Teníamos la sensación de que, en el MoMA, nos daban una de cal y otra de arena, pues estaban muy presionados por las pretensiones de cada uno de los herederos de Picasso, que, como es lógico, querían ejercer sus derechos morales sobre este importante asunto. Alguno tenía sus reservas sobre nuestra evolución política, lo cual, a la vista de lo ocurrido el 23 de febrero de aquel mismo año, no dejaba de tener alguna justificación. Pero en el verano de 1981 las espadas estaban en alto. Tanto que la presidencia del MoMA había decidido contratar los servicios de Cirus Vance, ex Secretario de Estado norteamericano, para que llevara el asunto y les aconsejase ante los posibles litigios que le podían sobrevenir tanto por parte de los herederos de Picasso, si se dejaba salir al Guernica sin su acuerdo, como del Estado español si no se le entregaba en un plazo razonablemente breve, sobre todo teniendo en cuenta que el Senado de los EE. UU. ya se había pronunciado favorablemente en este sentido. Pero el MoMA es una institución privada y no un organismo dependiente del Gobierno federal y el acuerdo del Senado, a pesar de su gran importancia, no tenía valor ejecutivo. Por ello no es extraño que nos marcháramos desanimados de vacaciones. Recuerdo cómo Joaquín Tena, secretario general técnico del Ministerio de Cultura, era más bien pesimista, pues pensaba que, si finalmente se dirimía aquello en un tribunal de Nueva York las cosas no iban a ser muy fáciles. Más optimistas eran el embajador Fernández Quintanilla y Javier Tusell, entonces director general de Bellas Artes, quizás porque habían llevado tan directamente el peso de las negociaciones con abogados franceses, herederos, responsables de museos de París y Nueva York, que se habían identificado totalmente con su trabajo y descartaban otro resultado que no fuera el éxito final. La principal característica de Javier Tusell era lo incansablemente que seguía aquello en lo que creía y ello lo demostró hasta el momento mismo de su prematura muerte. Para él, como catedrático de Historia Contemporánea de España, el Guernica, además de su intrínseco valor estético, personificaba la cultura del exilio que había que reintegrar al lugar que le correspondía dentro de nuestra cultura común, para que pudiera ser conocida por todos. Muchas de las importantes exposiciones que él promovió iban orientadas en este sentido y en el breve, pero intenso, periodo que tu- El cuadro fue recibido entre aplausos a su llegada al Casón del Buen Retiro, en presencia de Javier Tusell y Joaquín de la Puente vo responsabilidades públicas, marcó las pautas para que se pudiera recuperar la obra de nuestros grandes creadores, a la cual las circunstancias históricas habían dejado fuera de nuestro país. Por eso se volcó con Picasso, como después hizo con Salvador Dalí. Su extensa cultura y sus importantes contactos académicos en el extranjero, facilitaron mucho su trabajo, al igual que, aunque me esté feo decirlo, la formación de un equipo capaz, en el cual no sólo participábamos personal del Ministerio de Cultura, como María Tena o Ana Beristain, sino diversas personalidades como Enrique Lafuente Ferrari, Joan y Miquel Gaspar, Gustavo y Ana María Gili, Elvira González, Joan Aynaud de Lasarte o Rosa María Subirana, entonces directora del Museu Picasso de Barcelona. Afortunadamente los malos barruntos que teníamos los más cenizos, resultaron ser falsos, de modo que antes de terminar el mes de agosto, José María Cabrera, director del Instituto de Restauración de Madrid, y yo viajábamos, casi secretamente, a Nueva York, para hacer el inventario y los informes técnicos del Guernica y de la totalidad de las obra complementaria de Picasso que hasta entonces conservaba el MoMA y que finalmente había decidido entregar al Estado español. Esta decisión, siempre esperada, pero siempre en el aire, la había tomado el museo neoyorquino después de escuchar un dictamen lleno de buen RECONCILIACIÓN JULIO CRESPO MACLENNAN a llegada del Guernica a Madrid constituye uno de los recuerdos más felices de los años de la Transición; no sólo se lograba la recuperación de una de las obras de mayor carga simbólica de todos los tiempos sino como dijo el entonces Ministro de Cultura, Íñigo Cavero, éste era el último exiliado y su llegada simbolizaba la reconciliación de los españoles; para el director general de Bellas artes, el historiador Javier Tusell, este acto constituía el final de la Transición. Un episodio poco conocido es que el L primer intento de recuperar la obra fue durante el régimen de Franco; en 1968, Carrero Blanco encargó al director general de Bellas Artes que viera la forma de recuperar el Guernica, y por razones obvias obtuvo una rotunda negativa. Esta gestión sirvió para que Picasso dejara escrito en 1969 que debía ser entregado a España cuando en ella se restaurasen la República y las libertades democráticas. Por esta razón, con el inicio de la Transición comenzaron las gestiones para recuperarlo. El Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (MoMA) podía haberse negado a devolver el Guernica, ya que ¿a quién pertenece un cuadro encargado por un gobierno ya inexistente a un pintor que había recibido sólo un ade- lanto y para colmo se exhibe en un tercer país? Precisamente en 1978, hablando sobre su destino, el director del MoMA le espetó al ministro de Hacienda Fernández Ordóñez que España aún no era una República. La buena voluntad de la viuda de Picasso al testificar que donde el genio decía República quería decir democracia y el prestigio que iba ganando la España democrática con el Rey Don Juan Carlos a la cabeza, contribuyó a que no hubiera razón moral para negarle al país lo que legítimamente le pertenecía. Con la llegada del Guernica, hace ahora 25 años, la España oficial se reconciliaba con su mayor genio y daba un gran paso en la superación de su pasado más traumático.