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52 Sociedad DOMINGO 10 9 2006 ABC No sé cuánto tiempo me dará el Señor Con un realismo muy sereno, el Papa reconoció, durante el vuelo hacia Múnich, las limitaciones que su edad le impone a la hora de hacer planes. Cuando un periodista le preguntó si aceptará la invitación a ir a Berlín para hablar en el Bundestag con motivo del cincuenta aniversario, Benedicto XVI respondió Soy un hombre viejo... y no sé cuánto tiempo me concederá el Señor. Si vuelvo a Alemania será una alegría y un verdadero regalo del Señor El Santo Padre respondió implícitamente que no irá a Berlín señalando que soy el Papa de la Iglesia universal. Iré a Constantinopla en noviembre, y el próximo año iré a Brasil... para el encuentro del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) en un viaje que podría extenderse a México e incluso a Nueva York para intervenir ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero el Papa no mencionó esas etapas ni tampoco el viaje a Israel, que desea de todo corazón pero requiere un mínimo de serenidad en Tierra Santa. Miles de alemanes recibieron al Papa en la Marienplatz, en Múnich REUTERS Benedicto XVI, ya en Alemania, confiesa que no estoy nunca lejos de mi patria El Papa comenzó ayer en Múnich una visita de seis días a su país mi corazón tantos recuerdos que puedo caminar continuamente por los paisajes de la memoria revela el Papa en referencia la tierra alemana JUAN VICENTE BOO. ENVIADO ESPECIAL MÚNICH. El entusiasmo de su Baviera natal conmovió ayer a Benedicto XVI ya en el aeropuerto de Múnich, donde el presidente de la República Federal, Horst Köhler, protestante, subrayó que las Iglesias alemanas emanan fuerzas y energías que enriquecen a todo nuestro país y toda nuestra sociedad El Papa, muy emocionado, manifestó haber venido en primer lugar, para dar las gracias a todos los que han contribuido a formar mi personalidad durante la infancia y la juventud. Poco después, la ciudad entera se volcaba en una bienvenida inolvidable. Múnich es la metrópoli con corazón y ayer se notó a cada paso en los recorridos del Santo Padre por las calles de la capital. Si la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto tuvo sabor de fiesta popular bávara- -cuajada de música, de sol y de alegría- el encuentro con los ciudadanos en la Marienplatz fue una verdadera fiesta de familia. La sonrisa de la canciller federal, Angela Merkel, se cruzaba con la del presidente de Baviera, Edmund Stoiber, y con la de Benedicto XVI en un clima de verdadera satisfacción. b Tengo en Al pie de la imagen de la Virgen colocada en 1638 sobre una altísima columna como agradecimiento por el final de la ocupación sueca, el Papa recordó las dos ceremonias anteriores en ese mismo lugar: su toma de posesión como arzobispo de Múnich en 1977 y su despedida de los fieles de la diócesis en 1981, cuando Juan Pablo II le llamó a Roma. Esta vez le acompañaban en primera fila las autoridades de Alemania, los cardenales alemanes de la Curia romana, el presidente de la conferencia episcopal, Karl Lehmann, y el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, alemán por su actividad académica. Recuerdos agridulces Los recuerdos agridulces de la hermosa capital bávara que el Papa lleva en su alma se remontan a 1943 cuando, a los 16 años, fue enrolado forzosamente, con el resto de los seminaristas de Traunstein, en la artillería antiaérea y fue destinado a proteger una planta de la BMW, situada en las afueras, que fabricaba motores de aviación. Joseph Ratzinger cuenta en sus memorias que podíamos ir a la ciudad tres veces por El Papa aseguró que le gustaría visitar otras regiones alemanas, y puso su deseo en manos de la Providencia semana para continuar nuestras clases en la escuela, pero era terrible constatar cada vez las nuevas destrucciones de los bombardeos, y comprobar cómo la ciudad, pedazo a pedazo, quedaba reducida a un montón de ruinas Ayer se le agolpaban los recuerdos en cuanto subió al avión en Roma, y reveló a los periodistas que, paradójicamente, le ayudan a mitigar la nostalgia de su tierra: Tengo en mi corazón tantos recuerdos que puedo caminar continuamente por los paisajes de la memoria, y por eso no estoy nunca lejos de mi patria A la llegada a Múnich, en el primer saludo a sus paisanos, el Papa les recordó que Baviera es parte de Alemania, pertenece a la historia de Alemania en sus momentos altos y en sus momentos bajos Confesó también que le gustaría visitar otras ciudades del país, pero no sabe cuándo podrá ser, y puso el deseo en manos de la Providencia. A media tarde, el Papa se desplazó al palacio real de Múnich para realizar una visita de cortesía al presidente de la República, Horst Köhler, quien fue también víctima infantil de la guerra pues su familia tuvo que vivir durante cuatro años en campos de refugiados. A continuación, el Papa recibió a la canciller federal, Angela Merkel, hija de un pastor protestante y, poco después, al presidente de Baviera, Edmund Stoiber, que ayer disfrutaba más que nadie con la visita del Papa bávaro a la capital del land