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4 Opinión DOMINGO 10 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LAS REFORMAS DE NICOLAS SARKOZY medida que se acerca la cita de las presidenciales francesas, la figura de Nicolas Sarkozy va adquiriendo los perfiles de un candidato de talla, capaz de seducir e ilusionar a una sociedad tan necesitada de liderazgo como la francesa. Su nominación a la presidencia de la V República por el centro- derecha es casi segura. Reúne registros políticos y rasgos de carácter que lo hacen atractivo a segmentos del electorado que van más allá de los tradicionales caladeros gaullistas y liberales. Dotado de una fuerte personalidad política, seguro de sí mismo y con espíritu dialogante, en los últimos días ha sorprendido a muchos con un amplio y ambicioso programa de reformas que afectan tanto a la política nacional como europea. Sarkozy va diseñando así una alternativa profunda a la actual crisis que padece Francia, consciente de que deben desentumecerse los anquilosados reflejos de una sociedad miope y empequeñecida por un chauvinismo estatalista y benefactor que ha erosionado fuertemente el clásico apego de los franceses por el ejercicio de una libertad responsable. En este sentido, su estrategia política parece orientar sus energías en torno a dos catalizadores de propuestas. Por un lado, las que tienen que ver con el fortalecimiento de una sociedad que debe reafirmar su vigor incrementando su cohesión ilusionante en torno a la idea de que no hay progreso ni bienestar sin una sólida y efectiva estructura de deberes sociales. Y por otro, las propuestas que sitúan a Europa como el destino natural de una Francia que, iniciada la senda del siglo XXI, no podría entenderse a sí misma si no es contribuyendo intensamente a que el proyecto europeísta cuaje tras el fracaso cosechado por la Constitución europea en los referendos galo y holandés. De este modo, Sarkozy ha comprendido, como lo ha hecho también la canciller Merkel, que el reto de recuperar la desfalleciente idea de Europa conserva la suficiente fuerza motriz como para actuar de revulsivo de sociedades que, como la francesa y la alemana, corren el riesgo de asfixiarse dentro del estrecho perímetro de sus fronteras si no levantan la vista hacia horizontes más ambiciosos. Para el líder del centro- derecha francés, Europa debe basarse en una geografía coherente y dotarse de una Constitución de mínimos que esté sujeta a mayorías cualificadas impulsadas por un directorio de países con vocación de liderazgo y una presidencia estable del Consejo. Asimismo, debe fortalecerse como sociedad civil, atribuyendo al Parlamento europeo la responsabilidad de elegir al presidente de la comisión y fijar impuestos que sustenten el trabajo de las instituciones europeas. Gracias a estas reformas, piensa Sarkozy, Europa seguirá siendo posible al tomarse en serio como proyecto y volcar sus esfuerzos de unidad a través del empuje de sociedades comprometidas con ellas mismas. En fin, un horizonte apto tan sólo para sociedades seguras de lo que son y quieren. A CALDERA NIEGA LA EVIDENCIA N plena crisis de la política del Gobierno en materia de inmigración, el ministro de Trabajo sigue infatigable en su empeño de aportar un punto de vista original. El presidente lleva algún tiempo haciendo declaraciones que pretenden aparentar firmeza. En este contexto, no es casualidad que la polémica reestructuración del Ministerio del Interior permita recuperar un enfoque de seguridad y orden público para la inmigración, concebido hasta ahora como una mera gestión de ayudas asistenciales. De hecho, el Gobierno reconoce el fracaso en su planteamiento político del problema. Lo peor es que se han perdido dos años y medio de legislatura y tal vez ya sea tarde para encontrar una vía adecuada. El eco de los lamentos gubernamentales llega por fin a la Comisión Europea, hasta el punto de que Barroso pide ayuda urgente para España. Las autoridades de Senegal proclaman sin rodeos que la legislación española alienta la inmigración ilegal, al tiempo que en ese país (como reflejan todos los días las crónicas de ABC) las mafias campan por sus respetos y organizan a su gusto el tráfico humano. Nicolas Sarkozy declara sin tapujos que no habrá regularizaciones automáticas. En Canarias, los responsables autonómicos y el propio delegado del Gobierno reconocen que los centros de acogida están desbordados y que faltan medios para hacer frente a la avalancha. Así, entre los datos más recientes figura la confirmación de que un solo policía tuvo que custodiar a un centenar de sin papeles en una comisaría. Los traslados a la Península se han convertido en un mero depósito de personas en condiciones precarias, repartidas sin control por diferentes ciudades. Así están las cosas y así lo reconoce cualquier observador dispuesto a no cerrar los ojos ante la evidencia. Todos, menos Caldera. Acaso por optimismo incorregible o porque prefiere atender a ámbitos más gratos de su departamento (como la política de igualdad o la futura ley de Dependencia) el ministro de Trabajo asegura que ahora mismo hay pocos ilegales Para ello, deja de lado los datos E oficiales aportados por el INE y pone toda su confianza en unas cifras que atribuye a un demógrafo vinculado con la Junta de Andalucía. Adorna su discurso con una retórica muy al gusto del irritante buenismo gubernamental: no hay efecto llamada sino efecto huida Llama normalización selectiva al proceso, criticado sin excepción en toda Europa, que supuso la regulación de unas 570.000 personas, dejando en el ambiente la impresión de que lo importante es llegar físicamente al territorio español porque los papeles ya se conseguirán tarde o temprano. Algún tiempo después de su famosa frase somos la envidia de Europa Caldera continúa viviendo en un mundo de ilusiones. Sería una anécdota divertida, sino fuera porque una falsa percepción de la realidad hace imposible abordar una política eficaz. Pero el ministro insiste en apelar a un Plan de Ciudadanía e Integración que no llega nunca y, por ahora, sólo se le ocurre plantear traslados de menores desde Canarias a la Península, como si estos mecanismos no hubieran demostrado ya su inutilidad desde hace tiempo. Criticado por sus largas vacaciones veraniegas en plena crisis de los cayucos, Caldera no ha hecho propósito de la enmienda y sigue mirando para otro lado. Su comparecencia ante el Congreso de los Diputados es fiel reflejo de que ha perdido el rumbo en materia de inmigración, como le recordó oportunamente Ana Pastor, portavoz del PP en la Comisión de Trabajo. Reclamar ahora con la boca pequeña un pacto de Estado y culpar a la oposición de que no se llegue a acuerdos es otra forma de echar balores fuera. Tal vez el político salmantino, colaborador desde primera hora de Rodríguez Zapatero en la pasada legislatura, aspiraba a más altos destinos en este Gobierno y se siente profundamente incómodo ante una responsabilidad que no sabe cómo afrontar. La pérdida de competencias en materia de inmigración pone de manifiesto hasta qué punto el Ejecutivo entiende que la gestión de Caldera ha sido peor que insuficiente. EL GUERNICA DE LA RECONCILIACIÓN N I revancha, ni continuidad. Ese fue el éxito. Lo que hizo historia. La de hoy. El largo, tortuoso y eficaz regreso del Guernica de Picasso a España, del que hoy se cumple un cuarto de siglo, trabajado con excepcional celo hacia las labores públicas por la administración del Gobierno de la UCD, constituyó el viaje sin retorno de la incipiente Transición española a la democracia, hacia la reconciliación y la superación, por fin, de los viejos y sangrientos conflictos, cuatro a lo largo de cien años. Qué mejor y más rotundo ejemplo que, en la estela de la Constitución aprobada en 1978, el símbolo más conocido internacionalmente de la Guerra Civil, la metáfora más desosegadora del desastre y la expresión artística más espeluznante de los horrores de la Guerra, volviera a una España distinta y distante, abierta, joven, esperanzada y radicalmente moderna. Esa España surgida del texto constitucional, de la Monarquía parlamentaria de todos y- -bueno es no olvidarlo- -del desmantelamiento del intento de golpe de Estado, última patochada de la España antigua de las asonadas y los cuartelazos, sucedido apenas unos meses antes de tan histórico regreso. La normalización de España era una meta alcanzada, y en esa normalización la presencia del Guernica en España cerraba un tiempo y abría otro. Representaba un muy relevante escenario simbólico para una nación profunda- mente comprometida con una sola idea: la reconciliación, el mirar hacia adelante, y el Guernica en España proyectaba así el compromiso de una memoria histórica en la que cabían todos, en la que, para consolidar la recuperación de las libertades de todos, hacía falta la suma de todos. El Guernica ya estaba en casa, pero esta vez en la casa de los españoles que querían partir hacia un capítulo casi inédito de nuestra vida política: una España reconciliada, con bandos pero sin bandas. El poeta Jaime Gil de Biedma, al contemplar los pasos de una España errática, vengativa, cainita, la España que Unamuno había definido como de los (h) unos y de los (h) otros escribió: De todas las historia de la historia, la de España es la más triste porque termina mal Y así había sido. El regreso del Guernica a España rompía esa funesta tradición, la sociedad española que había propiciado ese regreso, daba muestras de que el libro negro de la confrontación civil era el que pasaba al anaquel más oscuro de la historia. Se abría entonces la puerta de la libertad completa, la que nunca se había abierto a lo largo del siglo XX. Veinticinco años después del regreso del Guernica, urge hoy más que nunca mantener vivo el espíritu que aquella fecha marcó en la conciencia colectiva de una España ansiosa de olvidar las revanchas del pasado.