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60 SÁBADO 9 9 2006 ABC FIRMAS EN ABC ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS DE LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS MORALES Y POLÍTICAS CÓMO DOMINAR FÁCILMENTE A UN PUEBLO ...Todas las formas de seducción empiezan exaltando, pero sumen inmediatamente en la depresión... L deseo de dominar a los pueblos y someterlos a los propios intereses no es exclusivo de los regímenes dictatoriales; es una tentación constante de todo el que ansía acumular poder. Para dominar a un pueblo de forma fácil y contundente sólo se necesita privarlo de su carácter comunitario y convertirlo en mera masa. El concepto de masa es cualitativo, no cuantitativo. Independientemente del número de miembros que lo forman, un conjunto de seres humanos constituye una masa cuando carece de estructura y se reduce a un montón amorfo de individuos. La estructura es una constelación de elementos que se hallan mutuamente vinculados y forman un conjunto aunado y compacto. Vista así, la estructura es fuente de solidez, dinamismo y flexibilidad. Un pueblo estructurado- -merced a su capacidad creadora de vínculos- -es difícilmente dominable, porque la unidad es fuente de energía interior. Un pueblo masificado, es decir, desestructurado- -por falta de creatividad- es presa fácil de los depredadores de todo orden: los culturales, los económicos, los políticos... Consiguientemente, la táctica de los estrategas de la manipulación consiste en acelerar la masificación de las gentes bajo pretexto de liberalización de las costumbres, superación de tabúes progreso hacia formas de vida liberadas de toda norma. Para desestructurar y desvertebrar a un pueblo no hay vía más eficaz que difundir la idea de que el hombre desarrolla su personalidad desvinculándoya no es un pueblo; es una masa, el residuo degenerativo que queda del pueblo cuando se lo ha privado de la estructura debida. Este letal reduccionismo suele practicarse sarcásticamente al tiempo que se nos conceden todo tipo de libertades y se nos permite transgredir toda suerte de normas. Como el vocablo libertad atrae a las gentes de modo fascinante- -por ser el término talismán primario en este momento- no pocas personas piensan que, al desligarse de todo tipo de normas, preceptos y cánones de conducta, promueven su libertad y su dignidad personal. No advierten que hay dos modos de libertad: la libertad de maniobra y la libertad creativa La primera consiste en poder realizar en cada momento lo que más nos agrada. Para ello debemos prescindir de toda norma que coarte nuestra capacidad de elección. Al hacerlo, nos permitimos satisfacer sin traba alguna nuestras apetencias, pero éstas pueden llevarnos a realizar el ideal auténtico de nuestra vida- -que es el de la creatividad y el encuentro- -o bien a alejarnos de él y perder toda autenticidad personal. La libertad creativa es la capacidad de elegir en virtud del ideal verdadero. Este ideal plantea las mismas exigencias que el encuentro- -generosidad, fidelidad, cordialidad, comunicación sincera... nos vincula, por tanto, a las normas de conducta que llamamos valores- -y virtudes, cuando los valores son asumidos como principios de actuación- -y nos orienta por el camino de la creatividad, la plenitud de sentido y la felicidad. Al proclamar la importancia de la libertad (bien entendido: la mera libertad de maniobra e instarnos a prescindir de toda norma, el manipulador parece promo- E se de los valores cuyo cultivo exige voluntad creadora y, por tanto, esfuerzo, y dejándose arrastrar por aquello que fascina y no pide sino la entrega al halago instintivo. Todas las formas de seducción empiezan exaltando, pero sumen inmediatamente en la depresión, ya que destruyen la capacidad creadora. Al asomarnos al vacío provocado por esta destrucción, sentimos vértigo espiritual, es decir, angustia. El cultivo de las distintas formas de vértigo- -droga, alcoholismo, juegos de azar, voluntad ilimitada de dominio y posesión, ejercicio arbitrario de la sexualidad... -amengua nuestra capacidad de ensamblarnos en formas sólidas de comunidad. Al estar desunidos, somos fácilmente dominables. ¿Comprendemos ahora por qué se exaltan hoy las distintas formas de vértigo y se las confunde con las experiencias de éxtasis o creatividad? No es casualidad que la propaganda comercial- -incitadora de la tendencia al consumismo- -vaya unida frecuentemente con reclamos eróticos. En realidad, se trata de una misma forma de reduccionismo: se nos reduce a meros clientes, meros consumidores de toda clase de productos, entre los que se cuenta la sexualidad aislada del amor personal comprometido. Ese rebajamiento al nivel de los objetos, nos priva de la autonomía y el poder de iniciativa propios de las personas. Los profesionales de las distintas formas de poder suelen gloriarse, a veces, de dominar al pueblo. Pero lo que dominan JAVIER TOMEO ESCRITOR GUISANTES ADA más reconfortante- -me dice con orgullo Ramón, en la visita que todas las mañanas hacemos a su huerto- -que ver cómo prosperan los apios, las berenjenas, los tomates, las cebollas, los espárragos, las calabazas, las habas o los pimientos, Nada más reconfortante que sepultar el hueso de un melocotón y comprobar, al cabo de unas semanas, que empieza a crecer en ese mismo lugar el delicadísimo y verde tallo del futuro árbol. -Tienes razón- -reconozco. A mí también me gusta este huerto. Aunque no sea demasiado grande, me parece encantador. Te diré, además, que todos los hombres debieran saber manejar la azada, la hoz y el escardillo, y comer lue- N go lo que sembraron un día. -Yo no diría tanto- -puntualiza mi amigo, pensando seguramente en sus langostas y en sus caviares- -pero lo cierto es que en este huerto, por lo menos, se respira paz y tranquilidad. Fíjate, por ejemplo, en esos guisantes Esos humildes pisum sativum, de la familia de las papilionáceas, no aspirana desplazar a los espárragos, ni atentar contra los tomates o conspirar contra la república de las lechugas. No quieren tampoco para si la gloria del laurel, ni el aroma mágico de la menta ni las no menos mágicas virtudes de las manzanas. Lo único que pretenden es continuar desarrollándose pacíficamente esperando con ilusión el día en el que sus frutos de vai- na casi cilindrica y semillas redondas se conviertan, por fin, en sabroso puré o incluso en un delicios plato de guisantes a la parisienne. -Pero, díme, Ramón- -le interrumpo- ¿son realmente los guisantes tan nutritivos como aseguraba mi madre? -No sé que es lo que aseguraba tu señora madre- -responde mi amigo. -Lo único que puedo decirte es que los guisantes tienen un elevado contenido en proteínas, y que son ricos en algunas diversas vitaminas, en fósforo y en hierro. Míralos, sin embargo, ahí tan humildes y circunspectos y con esa media sonrisa que caracteriza a los hombres modestos. ¿Donde ves tu que esos guisantes sonrían? -le pregunto, intrigado. -Era solo una forma de hablar- -responde. Y nos sentamos a la sombra de la higuera porque el sol aprieta de lo lindo. Puede que los guisantes de este huerto hayan aprendido a sonreir y yo no sea capaz de verlo. ver nuestro desarrollo personal, pero, en definitiva, intenta amenguar nuestra capacidad creativa en todos los órdenes y convertirnos en una masa gregaria. Con ello nos debilita en el aspecto individual y en el social, merma nuestro poder de discernimiento e iniciativa y nos pone en peligro de llegar a necesitar que alguien nos dicte lo que debemos hacer para sobrevivir. Pero el que dicta es un dictador. Queda claro que, al convertir al pueblo en masa, bajo pretexto de hacerlo absolutamente libre, se prepara el camino a un poder totalitario. El vértigo del gregarismo y el del totalitarismo se implican mutuamente- -aunque parezcan opuestos- son el anverso y el reverso de un mismo proceso despersonalizador. Esto nos permite comprender que el fomento del mero erotismo- -entendido, con la debida precisión, como el ejercicio de la sexualidad sin voluntad alguna de crear amistad, fundar un hogar, dar al amor toda su fecundidad- -supone un temible regreso cultural, porque le niega a la sexualidad humana el alcance que está llamada a tener. El que, al oír una obra musical, sólo se muestra sensible al encanto de los sonidos y no percibe los otros seis modos de realidad que integran esa composición, demuestra no tener musicalidad, es decir, sentido estético musical. Le falta una de sus condiciones esenciales: la capacidad de integrar esos siete modos o niveles de realidad. Análogamente, el que escinde la sexualidad de los otros tres ingredientes del amor conyugal carece de sentido ético. No posee la capacidad integradora que nos permite captar el sentido de cada aspecto o elemento de nuestra actividad creativa. Si no captamos el verdadero sentido de nuestra actividad, no podemos orientar juiciosamente nuestra existencia, prever el resultado de nuestras acciones, conducirnos a la felicidad. Lo antedicho nos permite sospechar fundadamente que cultivar a ultranza la libertad de maniobra en todas las vertientes de la vida no nos hace más felices sino más vulnerables, más fácilmente dominables por los afanosos de poder sin límites. De hecho, hoy se nos lanza a tipos de vértigo que nos privan de creatividad, de capacidad de intervinculación y estructuración. Se trata de un ataque por vía de asedio interior, que tiende a primar las fuerzas instintivas y enfrentarlas a las espirituales, con el fin de debilitar nuestras defensas interiores, reducir al máximo nuestra capacidad de crear vínculos firmes, fecundos, exigentes, como son las diversas formas de encuentro. La manera menos costosa y más eficaz de dominar a los seres humanos es no atacarlos desde fuera, sino instarles a que concedan la primacía a las fuerzas elementales que bullen en su ser, minusvaloren la energía que les otorga el ideal del encuentro y olviden que el afán de ganancias inmediatas y fáciles provoca la caída en los procesos de vértigo, que al principio nos halagan con la promesa de una vida colmada, no nos exigen nada, y al final nos lo quitan todo. Al contrario de lo que sucede con los procesos de éxtasis, que al comienzo nos exigen todo- -sobre todo, generosidad- nos prometen una vida lograda, y al final nos permiten desarrollar plenamente nuestra personalidad y nuestra vida comunitaria.