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S 6 9 9 06 EL DIARIO DE JENNIFER ZAMBUDIO 16 S 6 LOS SÁBADOS DE ROSA BELMONTE Arqueóloga de desagües o soy una maniática de la limpieza por mucho que Julia se encargue de repetírmelo continuamente. Mira, porque es amiga de toda la vida, de las de verdad, que si no se iba a tragar el Viakal. Dice que soy una maniática de la limpieza. Y que no sólo lo soy sino que tengo cara de maniática de la limpieza como Rosario Nadal. Sí, claro, como si Rosario Nadal hubiera limpiado alguna vez. Yo por lo menos no me la imagino con el estropajo. Ni a ella ni a su amigo Valentino, que cada vez se parece más a Antonio el bailarín. Julia me echa en cara que limpie la mampara de la ducha y la deje sin un rastro de cal o jabón mientras la uso. Se trata de un aprovechamiento óptimo del tiempo. ¿Qué hace una mientras deja que la mascarilla del pelo actúe? Mascarilla para mí, antical para el cristal. Y cinco minutos que no has estado mirando las musarañas. Y no, no necesito ideas sobre cómo entretenerme en la ducha. Es verdad que un día Julia me pilló sacando una maraña de pelos del desagüe de su bañera, de la bañera de las niñas, que parece que estuvieran pelechando. No lo puedo evitar, me encanta sacar marañas de pelos (en casas de confianza, desde luego) Cuando parece que te has hecho con todos los pelos hay una hebra que te trae otro montón de cabello. Es fascinante. Me siento como Howard Carter, sólo que en lo de ser arqueóloga de desagües no hay maldición alguna. Pero a Julia no le hace gracia que toque los pelos de su familia. Dice que le da vergüenza que alguien de buena familia haga algo así a una chica de barrio. Es como si la Duquesa de Windsor lavara las bragas de Belén Esteban Aparte del anacro- N Rosario Nadal, con Valentino, un ejemplo de amistad y negocios Howard Carter y Cía presentan sus respetos a Tutankamon nismo, exagera y deforma la realidad: Julia no se parece a Belén Esteban. ¿Y Wallis Simpson de buena familia? El caso es que se encarga de tener los desagües inmaculados cada vez que voy a su casa. Tiene muy mala idea. Como mi madre. A las dos les encanta reírse de mí. Sobre todo a mamá. No viajo en coche con ella si soy yo la que conduce. No es que nos las demos de reina y heredera y no nos convenga estrellarnos juntas. Es que un día me paró la Guardia Civil y me hizo un control de alcoholemia. Mientras yo soplaba, mi madre reía. Yo soplaba más porque me lo decía el guardia y mamá todavía reía más. A punto estuvieron de hacerle soplar. Parecía ella la borracha. Nos dejaron ir para no aguantarla más. Antes de reanudar la marcha cogí una piedra para tirársela a la cabeza, pero cuando me vi en esa postura como de Ecarlata O Hara lo que hice fue jurar que nunca más volvería a subirla en mi coche. Aunque no sé de qué me extraño porque cuando me llevaba al oculista ya se tronchaba al verme con esas gafotas a las que se van metiendo los cristales de ¿así mejor, así mejor? ¿Mejor, cómo va a estar mejor si parece la de Scooby Doo? La mía debe de ser la única madre del mundo a la que le gustan los dibujos animados. Eso sí, los clásicos.