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9 9 06 TENDENCIAS Dresde El gran tesoro de la vieja Europa Es una caja fuerte. Y un museo. Y una de las grandes colecciones de tesoros de Europa. La reunió Augusto II, elector de Sajonia y Rey de Polonia (1670- 1733) y tras superar guerras y saqueos, ve la luz en Dresde (Alemania) TEXTO: JUAN FRANCISCO ALONSO FOTOS: JÜRGEN KARPINSKI Esta obra de Balthasar Permoser, subrayada con esmeraldas, fue realizada en 1724 ngela Merkel visitó estas salas barrocas, abarrotadas de color, el pasado día 1. Al día siguiente, las puertas de la caja fuerte museo se abrieron para un grupo de octogenarios y nonagenarios que habían conocido la Bóveda Verde de Dresde antes de que fuera destruida por las bombas en el cabo de la Segunda Guerra Mundial. El día 15, las veinte mil personas que ya han comprado su entrada empezarán a desfilar por la lujosísima cueva del tesoro de Augusto el Fuerte, reconstruida detalle por detalle según su aspecto original. Al comienzo del verano, mientras los restauradores sacaban los últimos brillos, Christiane Heyn, una de las representantes del museo, recorría las instalaciones con unos pocos periodistas españoles. Cuando esperas tu turno ante el detector de metales, tienes la impresión de entrar en la caja fuerte de un Banco decía, fascinada por el resultado del trabajo: diez salas, 1.200 metros cuadrados y tres mil obras de inmenso valor al alcance de los ojos... y de las manos, porque el museo tomó la decisión de no disimular su belleza tras el velo de un cristal, lo que ha multiplicado por mil las medidas de seguridad. Las riquezas que vuelven a exponerse ahora en todo su esplendor proceden en su mayor parte de la pasión coleccionista de Augusto II el Fuerte (1670- 1733) elector de Sajonia, Rey de Polonia y, además, un excéntrico bon vivant, amante de las artes, de la belleza y del coleccionismo de objetos. Los perseguía con infatigable dedicación por todo el mundo, hasta que lograba verlos en las estanterías de las habitaciones o en las cámaras del tesoro de sus palacios. A Dicen que su visita al Palacio de Versalles, en su juventud, cambió su forma de hincarle el diente a la vida. Dresde, la capital de Sajonia, al noreste de Alemania, fue la gran beneficiaria de la facilidad para gastar dinero y apadrinar artistas que tenía Augusto. En su intención siempre aleteó la idea de hacer de su ciudad una capital de primera división, una joya urbana bañada por el Elba en la que, poco a poco, creció un casco histórico a la altura de las obras maestras que iba acumulando su elector. Joyería, orfebrería, vasijas con piedras preciosas, estatuillas de bronce, miniaturas de ámbar y marfil... Una sobredosis de lujo y belleza que terminó en el museo abierto en la planta baja de la Residencia de Dresde, un conjunto de salas ideado para asombrar a los visitantes- -ejemplo de barroco integral- -al que se llamó Bóveda Verde (Grünes Gewölbe) el color dominante en sus paredes. La colección, en la ex URSS Desde la muerte del omnipresente Augusto, el tesoro vivió (más bien sobrevivió) en el filo de la navaja, sobre todo durante los bombardeos de 1945 que arrasaron una buena parte de la ciudad, recuperada hoy casi por completo, de nuevo sonriente. Los objetos de la Grünes Gewölbe fueron trasladados a la Unión Soviética, donde permanecieron hasta 1958. De vuelta a Alemania, mil de aquellas piezas se mostraron al público a partir de septiembre de 2004 en la primera planta de la Residencia. Sin embargo, el grueso de la colección y las mismas salas ideadas en el siglo XVIII seguían perdidas intramuros, a la espera del di- Los tres mil objetos que ahora vuelven a exponerse sobrevivieron a los bombardeos de 1945 y al exilio en la Unión Soviética