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4 Opinión SÁBADO 9 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil LA INCIERTA DESPEDIDA DE TONY BLAIR L primer ministro británico, Tony Blair, ha sido una de las figuras más prominentes de la escena mundial durante la última década. De su brillante acceso al poder baste decir que logró devolver a los laboristas al Gobierno después de dieciocho años en la oposición y convertirse en el más joven jefe del gabinete en más de un siglo. Con el tiempo conoceremos cuál ha sido la suerte de aquella idea que bautizó como tercera vía y que tenía como objetivo aportar al pensamiento de la izquierda democrática el rejuvenecimiento que a todas luces necesitaba después de la desaparición catastrófica del modelo del socialismo real. Blair no ha podido convertir a Gran Bretaña a la fe comunitaria, pero ha sido el más europeísta de los británicos y, en el nuevo desafío planetario de la lucha contra el terrorismo, se ha mantenido firme al timón frente a todas las adversidades. Con esta cuenta de resultados y después de casi diez años en el cargo, la lucha por la sucesión ha empezado dentro del Partido Laborista con cierto grado de precipitación, de manera que Blair ha perdido prácticamente el control sobre el calendario. Sus intentos de aliviar la presión anunciando que abandonará su puesto antes de un año no han logrado calmar las aguas, e incluso se ha producido un contraataque por parte de algunos de sus partidarios, como el ex ministro del Interior Charles Clark, que ayer mismo calificó de comportamiento completamente estúpido las maniobras del delfín de Blair, el titular de Finanzas, Gordon Brown. Tal vez ambos barruntan que se acerca el momento de un cambio en Gran Bretaña, porque la tercera victoria de Blair el año pasado fue ya muy ajustada, o, por el contrario, piensan que el liderazgo conservador todavía no está bastante consolidado. El calendario del resto de la legislatura británica deberá calcularse al milímetro, pero puesto que el relevo de Blair es algo que ya estaba pactado, el todavía primer ministro puede estar viviendo sus últimos meses en el 10 de Downing Street. Sería deseable que del mismo modo que ha gestionado de manera impecable su corta etapa de líder de la oposición y dos legislaturas y media en el Gobierno, Blair sepa ahora coronar este periodo de su vida con inteligencia y moderación. El líder laborista no se merecería, como colofón, una especie de defenestración forzosa, como le sucedió en las filas conservadoras a la legendaria Margaret Thatcher, a pesar de que dejaba como herencia uno de los grandes periodos de renacimiento político y económico de la historia británica. Los grandes de la política deben serlo, sobre todo cuando llega el momento de retirarse. Por eso, Blair debe poner cuanto antes fecha fija a su anunciada retirada. E EL LABERINTO DE INTERIOR E L Consejo de Ministros decidió ayer crear un mando único para la Guardia Civil y la Policía Nacional, cuyo primer titular es Joan Mesquida, máximo responsable hasta ahora del instituto armado. Tanto la vicepresidenta primera como el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, presentaron esta reestructuración de la seguridad del Estado como una culminación de otras reformas previas emprendidas por el anterior titular del Departamento, José Antonio Alonso, actual ministro de Defensa, aparentemente al margen de estos cambios. De esta forma, la creación de la Dirección General de la Policía y de la Guardia Civil estaría, a criterio del Gobierno, dentro de la más absoluta normalidad y, además, respondería al compromiso electoral del PSOE de unificar el mando de ambos cuerpos de seguridad. Sin embargo, no todo es tan claro como lo pinta el Gobierno: esta misma decisión fue descartada por el Ejecutivo en abril de 2004, a las pocas semanas de que el PSOE llegara al poder y a la vista de que la unificación de los mandos entrañaba más perjuicios que beneficios. Tan inminente era la aprobación del nuevo organismo que desde el Ejecutivo se dio el nombre de Víctor García Hidalgo, el hasta ayer director general de la Policía, como seguro titular del cargo. Finalmente, no hubo mando único, pero se crearon organismos con funciones de coordinación operativa de ambos cuerpos, como el Centro Nacional de Coordinación Antiterrorista (que integra también al CNI) y el más explícito Comité Ejecutivo del Mando Unificado de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Por tanto, sobre el papel, la coordinación de la Policía y de la Guardia Civil estaba garantizada institucionalmente, con organismos creados precisamente como alternativa al mando único, sin olvidar la figura del secretario de Estado de Seguridad, verdadero responsable de que entre ambos cuerpos no existan colisiones ni fricciones y al que la nueva Dirección General- -verdadero núcleo duro del Ministerio- -deja sin gran parte de su peso político y de su autoridad interna. Si no ha sabido ejercer sus fun- ciones (y la creación del nuevo organismo permite presumirlo) la consecuencia ya se sabe cuál habría de ser. Lo que no ha explicado el Gobierno es qué ha cambiado desde 2004 hasta la actualidad para ejecutar un compromiso electoral descartado entonces y que no había necesidad de recuperar. Más bien parece que la decisión del Ejecutivo tiene que ver con la compleja coyuntura del Departamento de Interior, con el escándalo del chivatazo a un presunto colaborador de ETA sin resolver- -cerrado en falso con el cese del responsable de la Comisaría de Información- con una crisis migratoria creciente y en pleno proceso de negociación con la banda terrorista, que si realmente se acerca a momentos trascendentes como anunció misteriosamente el presidente del Gobierno, hace de esta reorganización de la seguridad del Estado una decisión realmente inoportuna. No le faltaba razón al responsable de Justicia e Interior del PP, Ignacio Astarloa, al criticar que el mando único para Policía y Guardia Civil se haya implantado en este preciso momento y, además, sin la más mínima información previa a la oposición, algo recomendable, por sentido común, para conservar un elemental sentido de Estado en la política de seguridad. Tampoco hay nada nuevo en este comportamiento del PSOE, que también designó sin consenso al actual director del Centro Nacional de Inteligencia. Por tanto, falta una explicación convincente de una reforma que tiene mucha más trascendencia que la transmitida ayer por el ministro del Interior, sobre todo porque cuando se planteó hace dos años estuvo rodeada de polémica por la posible desmilitarización de la Guardia Civil y su fusión con la Policía. La coordinación de cuerpos de seguridad ya tenía sus responsables bien definidos, al igual que el intercambio de información antiterrorista, por lo que la estructura del Departamento empieza a parecerse a un laberinto. Si hay otras razones, deben conocerse, porque en ningún país occidental se están acometiendo nuevas políticas de seguridad sin explicarlas a los ciudadanos ni a la oposición. EL CORAZÓN, AMENAZA GLOBAL ARCELONA ha cerrado con brillantez el encuentro de cardiología más importante a escala internacional de los últimos años. En una iniciativa pionera, España ha sumado esta semana y en una única cita el Congreso Mundial de Cardiología y la reunión anual de la Sociedad Europea del Corazón, dos convocatorias cuyo éxito deja patente el liderazgo de la cardiología española y sus avances contra las enfermedades del corazón. Durante cinco días, más de 30.000 cardiólogos han debatido los últimos avances para frenar una epidemia que cada año se cobra silenciosamente 35 millones de vidas, el doble de víctimas que suman otras plagas de nuestro tiempo, quizá más mediáticas, como el sida, la malaria o la tuberculosis. Y las previsiones son aún menos optimistas: en los próximos quince años, uno de cada ocho hombres y una de cada diecisiete mujeres morirán antes de cumplir los 65 años si esta sociedad anquilosada no le gana antes la batalla al corazón. La Ciudad Condal ha sido escenario de la presentación de nuevos hallazgos y proyectos farmacólogicos, como la polipíldora el superfármaco que aglutinará en una sola pastilla tres medicamentos básicos para luchar contra el infarto de miocardio. Se han avanzado, además, promete- B dores resultados de tratamientos pioneros con células madre y estrategias con sofisticadas técnicas de imagen para detectar a tiempo los males del sistema cardiovascular. Sin embargo, los propios cardiólogos reconocen que bastaría con extender sencillas medidas de prevención entre la sociedad para cortar en seco el desarrollo de esta terrible epidemia, en cuyo combate han de implicarse los propios pacientes. Caminar media hora cada día, no fumar, comer de forma saludable e intentar alejar el estrés de nuestras vidas son todavía los mejores antídotos contra los enemigos del corazón. Conseguir que la sociedad los incorpore como hábitos desde la infancia es un objetivo que debemos perseguir todos los agentes sociales: médicos, políticos, industria alimentaria y tabaquera y consumidores. Debemos ponernos a trabajar ya, incluso, si es necesario, con leyes que a veces resulten impopulares reclamaron con urgencia los cardiólogos reunidos en Barcelona. Pese a sus excesos, la ley del tabaco fue un primer paso en este sentido, apresurado y torpe, pero útil para trazar una senda administrativa que ha de seguir- -con rigor, responsabilidad y respeto empresarial- -con la industria alimentaria para que ésta apueste por productos cardiosaludables.