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66 Espectáculos 63 MOSTRA DE VENECIA VIERNES 8 9 2006 ABC El centenario Manoel de Oliveira y su chispeante homenaje a Buñuel con Belle toujours Una jornada eminentemente crepuscular que completó el especialmente rancio Jean- Marie Straub b Todo el jugueteo impío y depra- vado de Buñuel lo retoma a su modo peculiar Oliveira, quien en Belle toujours da la medida de su concepto grave del paso del tiempo y del peso de la broma E. RODRÍGUEZ MACHANTE ENVIADO ESPECIAL VENECIA. No ha de darse por terminado un festival serio sin haber visto antes la película que traiga a él Manoel de Oliveira, un cineasta centenario que hace cine como con masa para churros y que tiene un sentido del humor no ya impropio de su edad, sino realmente juvenil. Este vivaracho anciano cultivado y seductor se marca la gran broma de homenajear a Luis Buñuel con una película titulada Belle toujours y que amplía el horario de aquella Belle de jour que interpretaba Catherine Deneuve. Y además, estando por aquí la propia Catherine, y teniendo ella la edad exacta que tendría Severine hoy, el portugués Oliveira le ha dado el papel a Bull Ogier, que se enfrenta a un siseante Michel Piccoli, que repite el personaje que hizo en la original. Belle toujours es como abrirle una puerta al aire fresco para que entre en esta edición crepuscular de la Mostra. El homenaje es tan completo que se recupera aquel viejo espíritu epatante y rijoso, lleno de un forzado aroma de irreverencia, además de algunas de las bromas buñuelianas (de repente, un gallo) y de los supuestos enigmas de aquella película, como el célebre de la caja, con el cual se echa algunas risas el viejo Oliveira, en cierto modo también un diablillo y un sabio, pues sabe dejar un helado poso de los tiempos en fuga. Merryl Streep, a su llegada al estreno de El diablo viste de Prada de David Frankel día de los adioses) crepusculares en los que se repasan asuntos cruciales del hombre y los dioses, el destino, el dolor, el deber, la muerte... En fin, textos dignísimos de ser leídos, y a eso se dedica la película en cuestión: dos fulanos de espaldas a la cámara y en un plano entre lo lejos y muy lejos empiezan la declamación del primer diálogo; una vez comido ése, pues llegan otros dos fulanos con el siguiente... y así hasta que se consumen los cinco y los poco más de setenta minutos de cinta. Desafortunadamente para Pavese, para Straub, para el cine y para la literatura, es complicado no reírse (las posturas de los decla- AFP mantes, o incluso el barrigón cervecero de alguno de ellos... no aburrirse, o simplemente no irse... Francamente, daba un poco de cosa, pena, tal vez, asistir a ese ejercicio baldío con tantos elementos dignos de respeto. Lo único, Isabelle Hupert Y una tercera película, y en competición, completaba esta crepuscular jornada: la belga Nue propriété de Joachim Lafosse, que es algo así como un sobrinete de los hermanos Dardenne, pues ha heredado el estilo y algunos de sus actores. Casi toda la acción transcurre en un caserón campestre en el que vive Isabelle Hupert, divorciada, con sus dos hijos, dos pelanas veinteañeros, tontos hasta decir basta y que se pasan el día zampando (no habrá en la película menos de seis o siete comidas, otras tantas cenas y al menos cuatro desayunos, pero filmados a tiempo real, o sea que se llevan el metraje de la película y el hambre del espectador, que los ve comer espagueti, pollo, macarrones, cuencos de cosas raras... un asco) Como es cine belga, la cosa tiende a irse ennegreciendo; hasta que aquello no hay quien lo pare: ¿por qué? pues porque no va a ser todo zampar y zampar. Nue propriété no refleja ni un personaje atractivo ni una acción potable... Lo único que hay en ella es la interpretación de Isabelle Hupert, que, como siempre, es magnífica. Aunque con esa cara de vinagre que tiene, a quién le importa. A punto de cumplir los cien años Tanto Manoel de Oliveira como su película fueron premiados con un aplauso bien largo al término de la proyección: Belle toujours no entra en el juego de la competición, pues de otro modo no se iría Oliveira de vacío a su casa, probablemente a hacer de golpe otras tres o cuatro películas. Da la impresión de que a este hombre no le van a pillar parado el día que cumpla los cien años, que está al caer. No de tanta edad, pero mucho más viejo está el veterano Jean- Marie Straub, quien, como siempre, junto a Danièle Huillet, ha traído a competición Quei loro incontri una completa antigualla sobre textos de Cesare Pavese. Con un absoluto desprecio por la puesta en escena, el trabajo de adaptación, los tonos de interpretación y algunos otros detalles que le suelen dar empaque a una película, Straub aborda cinco de los veintiséis diálogos con Leuco del autor, unos textos breves y (también, parece que era el Kenneth Branagh y Meryl Streep protagonizan la recta final sin optar a ningún premio ABC VENECIA. Kenneth Branagh y Meryl Streep fueron ayer los grandes protagonistas de la novena jornada del Festival de Venecia. El primero estrenó su esperada versión de La flauta mágica mientras que la segunda presentó El diablo viste de Prada estrenada ya con éxito en Estados Unidos. Ninguna de las dos películas compite por el León de Oro. La meta de Branagh es sobre todo atraer a la ópera a un público no habituado a ella, sacar la ópera de los teatros de ópera pero también ofrecer un producto de calidad para los amantes del género, informa Dpa. La película, que se realizó con el apoyo de la Fundación Peter Moore y que coincide en su estreno con el año del 250 aniversario del nacimiento de Mozart, se presentó anoche en el histórico Teatro La Fenice. Para alcanzar a un público masivo, el director británico hizo traducir el original alemán al inglés, que es una lengua universal y ambientó la obra de Wolfgang Amadeus Mozart en la Primera Guerra Mundial. La Flauta Mágica es sobre todo un conflicto entre la luz y la oscuridad, entre el odio y el amor, y en nuestro caso, además, entre la guerra y la paz explicó Branagh. Con la comedia El diablo viste de Prada de David Frankel, Streep ofreció un poco de entretenimiento al más puro estilo Hollywood al público de la Mostra, un poco saturado ya de tantas películas. La historia se basa en la novela de Lauren Weisberger inspirada en Anna Wintour, legendaria directora de la revista Vogue