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ABC VIERNES 8 9 2006 Cultura 61 Héctor Alterio se viste de pintor paranoico en El Túnel de Sábato Llega a Madrid la primera adaptación teatral del texto del escritor argentino b Esta obra de amor, celos y DANZA Belmonte, la danza hecha toreo Dir. artística y coreografía: R. Olmo, Dir. esc. E. Ferrer. Intérpretes: R. Olmo, A. Agraz, A. Mejías, S. Campos, D. Coronel, M. J. Bustos, E. Leal, E. Ayala, D. Coria, V. Vento, J. Miró, V. Rodríguez, A. Corredera y V. León. Músicos: Jesús El Almendro y Antonio Españadero. Figurinista: J. Ahumada. Vest. Marco Hernández. Lugar: Teatro Albéniz. Madrid. Fecha: 5- 09- 06. muerte que se puede ver en el Teatro Bellas Artes a partir del día 13, supone el debut en España del director Daniel Veronese ANTONIO VILLARREAL MADRID. La temporada teatral vuelve a abrirse justo antes de la llegada del otoño. Uno de los primeros inquilinos que tendrán este curso las tablas madrileñas será el ilustre Héctor Alterio, veterano actor y patriarca de una importante familia- -escénicamente hablando- En particular, el actor de origen argentino interpreta al pintor Juan Pablo Castel en la adaptación teatral de la novela El Túnel de Ernesto Sábato, que se estrena el próximo día 13 de septiembre en el Teatro Bellas Artes bajo la dirección del también argentino Daniel Veronese. Es un trabajo difícil el de traducir literatura en teatro reconoce el director, que estrenó la obra el pasado mes de marzo en el Teatro Juan Bravo (Segovia) y ha recorrido ya varias ciudades españolas, incluida Sevilla, donde en un gesto de nuestra vanidad profesional como entretenedores, debo decir que vendimos absolutamente todos los billetes como reconoce burlonamente Alterio. UN HOMENAJE SINGULAR MANUEL RÍOS RUIZ Héctor Alterio, en un momento de la representación EFE CLÁSICA Los Siglos de Oro Juan Crisóstomo Arriaga: Cuartetos de cuerda. Int. Cuarteto Mosaïques. Lugar: Palacio Real. Madrid. Fecha: 5- 09- 06 Desnudar el alma Sustentan en escena el trabajo del argentino los actores Pilar Bayona, Paco Casares y Rosa Manteiga. Esta última interpreta a María Iribarne, mujer del protagonista, y cuya identidad, en palabras de la actriz, es una nebulosa, acorde al espíritu de la novela original Los aficionados a la literatura de Ernesto Sábato pueden caer, sin embargo, en la cuenta de que Juan Pablo Castel, el personaje principal de la novela es, en su descripción, unos treinta años más joven que Héctor Alterio. Para el director de la obra, la fuerza y vitalidad del actor compensan la diferencia: No queríamos un actor mayor; se trata de que queríamos trabajar con Héctor a toda costa Todavía recordado por su gran actuación de hace un par de años en Yo, Claudio Alterio define el personaje que ahora estrena en Madrid como un paranoico y esquizofrénico que lleva las cosas al límite en su amor por una mujer Y debe de haber convencido su interpretación al mismísimo Ernesto Sábato, de 95 años, que reconoce el mérito de Alterio cuando consigue desnudar el alma de aquel ser que, desahuciado por la soledad, se abisma en la locura La obra es, por tanto, la adaptación de una novela que, según Veronese, no puede suceder en la literatura, así como el libro no puede suceder en teatro; es El túnel lo que sucede EL TARRO DE LAS ESENCIAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE l año Arriaga o, lo que es lo mismo, la celebración de los doscientos años del nacimiento del compositor bilbaíno, ha conseguido convertir al mito en algo accesible. Hasta no hace mucho se explicaba que había sido un niño prodigio, que murió a los veinte años y que tras de sí dejó una obra que apenas iba más allá de una obertura, una sinfonía y tres cuartetos. Buena parte del éxito de este aniversario tiene que ver con la recuperación del resto de su corto, aunque jugoso, catálogo. Hoy ya se conoce la música de Arriaga (toda la música de Arriaga) se puede oír en concierto con relativa normalidad, al menos mientras dure la celebración, y a través del disco. Y paradójicamente, lejos de humanizar al genio, el conocimiento de los detalles de su herencia musical lo han hecho más profundamente admirable. Algo ha tenido que ver en ello la Fundación Caja Madrid, preocupada E por recuperar, pero también por divulgar en las condiciones adecuadas. Algunas tan estimables como las que se reunieron en el concierto celebrado en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid y en el que el Mosaïques ofreció los tres cuartetos de cuerda utilizando los Stradivarius de la Colección Palatina. Ocasión única, sin duda, por cuanto no es fácil tener la ocasión de asistir a una cita tan singular. La música de un mito (todavía en edad de aprender, quizá inexperto, terriblemente intuitivo y, sin duda, sorprendentemente brillante y lleno de imaginación) al lado del sonido especialísimo de unos instrumentos únicos, imposibles de imitar. También bellos, adornados y dúctiles, pero no por ello fáciles. Coherente y revelador Inevitablemente, el Cuarto Mosaïques tuvo que templarlos y reunirlos. Lo hizo poco a poco, en progresión creciente, cada vez a más. Con la misma suave facilidad con la que las obras progresan en solvencia, claridad y trascendencia. Es decir, firmemente. Se alcanzaron, así momentos de especial intensidad expresiva, los estupendos movimientos finales y la famosa Pastorale del tercer cuarteto entre ellos. Con el segundo violín y la viola tratando de alcanzar a ser como el primero, y con el violonchelo apoyando sin violentar. En definitiva, cuidando un medio que a la postre se demostró cercano a las obras. Fue un concierto coherente y, sobre todo, revelador. Arriaga está hoy un poco más cerca. uan Belmonte, inolvidable figura del toreo, fue un personaje singular. Cuando en una tertulia Valle- Inclán le dijo: A usted, para culminar su obra, solamente le falta morir en la plaza el diestro trianero le replicó: Se hará lo que se pueda, don Ramón Pero fue el mal de amor quien, en su vejez, le llevó al suicidio. Dada la personalidad artística y la biografía de Juan Belmonte, no es de extrañar que sea motivo de inspiración para un creador. Y Rubén Olmo, consumado bailarín- bailaor y atrevido coreógrafo, ha hecho cuanto ha podido por reflejar su biografía mediante la danza. Un reto difícil en toda la extensión de la palabra. Belmonte, la danza hecha toreo es un montaje ciertamente singular en su clase, en el que con el baile flamenco se mezclan otras músicas, desde cuplés al pasodoble, a lo largo de una serie de estampas, con las que se quiere revelar hitos claves en la vida del torero. En las primeras escenas, basadas en el baile flamenco, la coreografía es simplemente estimable, yendo de los estilos festeros a las soleares, con Rubén Olmo alternado con toda la compañía. Y después de una segunda parte, de menos interés coreográfico, centrada en la configuración de un tablao, donde se interpretan alegrías y otros giros festeros, así como canciones aflamencadas, adquiere la coreografía entidad de primer orden, con el complemento de una vestimenta lucida. Es en estas estampas, desde la saeta inicial, donde la función cobra mayor altura en todos los órdenes artísticos, hasta la parte final, que termina con el efecto del histórico pistoletazo. También hay que destacar el dinamismo escénico de estas últimas estampas y la variedad musical que contienen. La compañía de Rubén Olmo está constituida por avezados profesionales, y queda de manifiesto que no se ha regateado nada en la puesta en escena de Belmonte, la danza hecha toreo Realmente es un intento arriesgado de buscar nuevos caminos para el género, lo cual por sí solo merece que se le preste atención. Quizá sobren los monólogos con versos machadianos, durante la fiesta en el tablao, porque no añaden nada al argumento. Un espectáculo con características curiosas. J