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ABC VIERNES 8 9 2006 Cultura 59 Santiago Castelo recibió ayer en Cáceres la Medalla de Extremadura El subdirector de ABC subrayó la condición de españoles de los extremeños b DANZA El corsario Coreografía: Piotr Gusev, basado en el original de Marius Petipa. Música: A. Adam, C. Pugni, L. Delibes, R. Drigo, P. Oldenbrugsky. Escenografía: Teymuraz Murvanidze. Figurines: Galina Solovyeva. Intérpretes: Mikhail Lobukhin, Viktoria Tereshkina, Leonid Sarafanov. Ballet del Teatro Mariinsky de San Petersburgo. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: Valery Ovsiannikov. Lugar: Teatro Real, Madrid. También recogieron su premio el jugador de baloncesto José Manuel Calderón, medalla de oro en Japón; el artesano Miguel Sansón y el Festival Juvenil Grecolatino S. G. MADRID. El presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidió ayer el acto institucional del Día de Extremadura, que tuvo como eje central el apoyo a la candidatura de Cáceres como Ciudad Europea de la Cultura en 2016, y donde se entregaron también las medallas de Extremadura. En su discurso, Ibarra se refirió a cada uno de los premiados alabando el servicio que cada uno de ellos ha realizado a la Comunidad Autónoma: Concepción Álvarez Sánchez, recientemente fallecida, como propietaria del restaurante La Troya de Trujillo; José Manuel Calderón Borrallo, demostrando su calidad moral y deportiva como jugador de baloncesto en la NBA e integrante de la Selección Española que ha ganado el oro en el reciente campeonato del Mundo; el artesano Miguel Sansón Serván; el Festival Juvenil Grecolatino que, organizado por el Instituto Santa Eulalia, se celebra desde 1997. Por último, se detuvo en la figura del poeta y periodista José Miguel Santiago Castelo, subdirector de ABC, al que se siente unido por el compromiso con Extremadura y el reconocimiento a su actividad literaria y, especialmente, a su poesía. Un buen poeta es un buen poeta, independientemente de su pensamiento, su creencia o su lugar de residencia. Era por eso por lo que, entre otras cosas, queríamos la democracia, para que personas de pensamiento distinto puedan convivir, respetarse y admirarse si fuera necesario Por su parte, Santiago Castelo mostró su gratitud y confusión Este no es un premio cualquiera- -afirmó- Es la más alta distinción que otorga Extremadura. Y yo, bien lo sabéis, no soy más que un extremeño que ha llevado el nombre de Extremadura como bandera de su vida y de su obra. Y lo he hecho así, sencillamente, como terapia Hombre de lealtades, Castelo se refirió a todos aquellos que viven fuera de su tierra, pero que lejos de olvidarla, volvimos los ojos a ella para, desde la distancia, ayudar al empuje y al vitalismo regenerador que evitará más emigraciones Asimismo, y lejos de nacionalismos trasnochados el poeta subrayó que cuando muchos frivolizan con el sagrado nombre de España y hasta parecen renegar de él, nosotros, los extremeños, lucimos orgullosos nuestra condición de españoles A continuación, la Orquesta de Extremadura, dirigida por Miguel del Barco, interpretó el himno de Extremadura, cantado por el tenor Alonso de la Torre. Cerró el acto el espectáculo: Con el mismo acento. Extremadura MARIINSKY, BALLET CON PEDIGRÍ JULIO BRAVO H Santiago Castelo recibe el abrazo de Rodríguez Ibarra LORENZO CORDERO CARNE DE TIERRA JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Santiago Castelo, amigo, subdirector de esta Casa, poeta, director de la Academia de Extremadura, le reconocieron ayer sus muchos méritos- -y más que lo harán en el futuro- -con una medalla que le fue impuesta solemnemente en Cáceres en comandita con otros extremeños también ilustres. Desde ABC celebramos el galardón con un cerrado aplauso de amistad y compañerismo, de sincero afecto y auténtica admiración. Castelo- -para mí, José Miguel, que ése es su nombre y no el de Santiago que es apellido paterno y que delata su extremeñidad- -es un poeta eximio, de porte regio, de elegancia natural, tenso en las palabras, técnico en la métrica, exacto y conciso, violento en la belleza amorosa de sus versos e infantil en sus nostalgias. Su antología La huella del aire (Poesía 1976- 2001) es uno de los poemarios más bellos y versátiles que pueda encontrarse en la poesía contemporánea española. José Miguel recorre todos los registros pero arranca desde donde lo hace un hombre leal: de sus raíces extremeñas. Del polvo fiel de Extremadura es el epígrafe del que A Santiago Castelo- -José Miguel- -hace masa de sentimiento y convicción para encararse con un verso firme que explica por sí mismo por qué, ayer en su pueblo, le colgaron una medalla sobre sus hombros amplios que sostienen la testa del laurel poético: La mano es tierra y tierra abierta el corazón que late, tierra es la sangre y en el rincón callado del pecho hay tierra como cal hir viente tierra la carne tierra, y esta sed solitaria me es de tierra hecha de polvo fiel de Extremadu ra... (En la alforja del alma firme y dura, llevo un trozo de tierra enamorada para siempre saber cómo es mi cu na) El poema se titula Carne de Tierra lo ha escrito José Miguel Santiago Castelo que es el hombre grande, enorme, que está detrás de la belleza recia que se abraza fielmente al polvo de Extremadura an tenido que pasar casi doscientos cincuenta años para que el público madrileño pudiera ver el ballet El corsario El título es archiconocido, ya que su paso a dos central (que es en realidad, en la coreografía original, un paso a tres que después se ha modificado) es una de las piezas más programadas en las galas de estrellas, y no hay figura de la danza que no la tenga en su repertorio. Sin embargo, el ballet completo es prácticamente un perfecto desconocido fuera de Rusia, el único lugar donde se ha representado con regularidad desde su nacimiento. Y ha sido precisamente una compañía rusa, la del teatro Mariinsky de San Petersburgo, la que lo ha traído a Madrid. No es la primera vez que este conjunto actúa en el teatro Real, pero su anterior visita tuvo algo de frustrante, ya que acudieron con un programa mixto, de reciente incorporación a su repertorio, y no con uno de los grandes títulos de la historia del ballet, en la que tanto ha contribuido la compañía. Puede entenderse que El corsario no se haya consolidado entre los títulos indispensables del repertorio. Ni su música (un popurrí compuesto a propósito de la coreografía, sin unidad ni mayor interés) ni el desarrollo de la historia tienen el nivel de obras como Giselle El lago de los cisnes o Romeo y Julieta y aunque hay baile de primera categoría no es oro todo lo que reluce. Pero en manos de los bailarines del Mariinsky, El corsario es un espectáculo maravilloso; incluso el toque kitsch de sus decorados y su vestuario, a tono perfectamente con su historia, de rasgos orientales, es un encanto añadido. Y es que el Mariinsky es una compañía de una calidad extraordinaria, con una unidad de estilo admirable, donde todos tienen asumida la tradición y conocen el significado de cada uno de sus movimientos. En la noche del estreno, además, actuaron tres de sus estrellas más jóvenes, con mención para Leonid Sarafanov, un menudo bailarín capaz de realizar las mayores diabluras técnicas, y para Viktoria Tereshkina, cuya seguridad y brillantez son admirables.