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ABC JUEVES 7 9 2006 Internacional 35 El nacimiento de un varón en la Familia Real japonesa no zanja el debate sobre la sucesión Los progresistas quieren abolir la ley sálica y abrir el Trono del Crisantemo a las mujeres b El bebé será el tercero en la línea al trono, tras el Heredero y su padre. Los tradicionalistas quieren reinstaurar las concubinas para garantizar hijos varones PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Japón está de enhorabuena. Después de cuarenta años, por fin ha nacido un varón en la Familia Imperial nipona, por lo que el hijo de la Princesa Kiko será el tercero en la línea de sucesión al trono después del Príncipe Heredero, Naruhito, y de su propio padre, el Príncipe Akishino. Tan esperado alumbramiento, que tuvo lugar durante la madrugada de ayer, apartará del Trono del Crisantemo a la pequeña Aiko, la hija del Príncipe Heredero, pero no zanjará el debate sobre la necesidad de reformar la Constitución para que las mujeres entren en la línea de sucesión. En la actualidad, las féminas no pueden reinar en el imperio del Sol Naciente debido a la ley sálica, que amenazaba la continuidad de una de las monarquías más antiguas del mundo por permitir sólo a los varones acceder al trono. Antes de conocerse el embarazo de la Princesa Kiko, la situación era tan grave que el Gobierno se había planteado modificar el artículo 1 de la Ley de la Casa Imperial, promulgada en 1947 y que establece que el trono será heredado por un varón descendiente de la línea masculina del emperador Ahora, la revisión ha quedado suspendida tras el nacimiento de un niño en la Familia Real, pero este problema se volverá a plantear en el futuro. Posiciones enfrentadas Por eso, los progresistas apuestan por cambiar la Carta Magna para abrir el Trono del Crisantemo a las mujeres, que en su milenaria historia sólo ha sido ocupado por ocho féminas, siempre como regentes. La última fue la Emperatriz Gosakuramachi, quien rigió el país desde 1762 hasta que abdicó en favor de su sobrino, en 1771. Otra opción sería permitir la entrada en la línea de sucesión a los descendientes de la Princesa Sayako, la única hija del Emperador Akihito. Sin embargo, según la legislación nipona, ésta perdió los privilegios de su linaje al casarse en noviembre del año pasado con un plebeyo, por lo que sus hijos tampoco podrán heredar el trono. Frente a estas propuestas aperturistas, los sectores más tradicionalistas han puesto el grito en el cielo y se opo- El Emperador Akihito y la Emperatriz Michiko, ayer en Sapporo nen a cualquier reforma de la Constitución, ya que consideran que sólo un varón puede convertirse en el Emperador de Japón. Uno de los que así piensan es Shinzo Abe, actual jefe del Gabinete nipón y principal candidato a relevar al primer ministro Koizumi, quien cesará en su cargo este mes. En este sentido, los únicos cambios que admiten los influyentes círculos conservadores suponen, en lugar de un progreso hacia el futuro, un salto atrás en el tiempo. Eso es lo que plantea Tsuneyasu Takeda, un tataranieto del Emperador Meiji (1867- 1912) que reivindica la restauración de las once REUTERS ramas aristocráticas de la Casa Imperial que tenían derecho a entrar en la línea de sucesión, y que fueron desposeídas de sus privilegios al acabar la Segunda Guerra Mundial. Más allá incluso van quienes han sugerido la implantación del antiguo sistema de concubinas para asegurarse así de que el Emperador engendre un varón y no le ocurra lo mismo que al Príncipe Heredero Naruhito, que sólo ha tenido una niña. Hay, pues, debate para rato en Japón, donde las discusiones no se centran sólo en el nombre que debería tener el recién nacido.