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4 Opinión JUEVES 7 9 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil OBRADOR CAMINA HACIA EL ABISMO E ¿QUIÉN ES EL MINISTRO DE OAN Clos- -futuro ministro, pero todavía alcalde de Barcelona- -desmiente a José Montilla- -ministro, pero ya candidato a la Generalitat- -y asegura que el Ejecutivo negocia con Alemania sobre E. ON y Endesa y con Italia sobre Abertis y Autoestrade. ¿En qué quedamos? El asunto es fiel reflejo de la ineficacia y descoordinación que preside desde hace tiempo la acción del Gobierno. Mientras Rodríguez Zapatero se dedica sólo a la política concebida como estrategia partidista para conservar el poder, la vicepresidenta Fernández de la Vega no sabe a qué atender y los ministros funcionan por libre. Para rizar el rizo de la incongruencia, en Industria ejercen a la vez un titular entrante y otro saliente. Éste es el paradigma de una gestión desconcertante, que sería motivo de hilaridad si no fuera porque afecta a inversiones multimillonarias en sectores estratégicos para nuestra economía. A día de hoy, las empresas no saben quién es su interlocutor, y los segundos niveles del departamento prefieren evitar cualquier paso imprudente que comprometa su futuro. Es una situación contraria a las reglas más elementales de la eficacia administrativa y de la ética política, pero Zapatero sigue a lo suyo: el relevo se producirá cuando más le convenga, de acuerdo con sus intereses electorales en Cataluña. Así, la política de Estado queda subordinada a las necesidades de partido. Es algo a lo que ya nos tiene acostumbrados a lo largo de la legislatura, pero que le reprocha el sector más consciente de la opinión pública, sobre todo cuando afecta al interés nacional. Las maniobras estratégicas y los equilibrios internos son un elemento ineludible en la política democrática. Sin embargo, no pueden convertirse en un fin en sí mismos, porque- -de acuerdo con el artículo 103 de la Constitución- -la Administración sirve con objetividad los intereses generales, de manera que no puede estar al servicio de las ambiciones particulares. Montilla ha sido, si es que se puede hablar en pasado, un ministro más comprometido con las querellas inter- INDUSTRIA? J nas del PSC que con el ejercicio de sus competencias en sectores tan importantes como la industria, el comercio y el turismo. Su intervención en la opa de Gas Natural sobre Endesa es fiel reflejo de dicho planteamiento: el sillón ministerial como trampolín para la Generalitat, aunque el fracaso en los objetivos del Gobierno respecto de la eléctrica que preside Manuel Pizarro puede mermar las expectativas del aspirante socialista. A juzgar por sus imprudentes declaraciones, Clos también piensa que su nueva responsabilidad le permitirá seguir trabajando por Barcelona. Así será, sin duda, pero exactamente igual tendrá que trabajar por los demás lugares de España, sin exclusiones ni privilegios. Las cuotas que Zapatero aplica a rajatabla llevan a consecuencias indeseables, porque algunos cargos públicos sólo se identifican con la visión particularista que les ha servido para acceder al puesto. En plena campaña catalana, CiU asegura con regocijo que el episodio actual es buena prueba de la torpeza de sus adversarios, mientras que el PP advierte que- -como es lógico- -pedirá explicaciones en el Congreso de los Diputados. Más veterano en estas lides que su inexperto sucesor, Montilla ha reconocido que la normativa europea no permite negociar a los gobiernos nacionales sobre operaciones mercantiles entre empresas privadas. Por su parte, el futuro ministro, poco ducho todavía en los entresijos de Bruselas, está más cerca de reconocer una verdad que no se puede decir en público. En uno y otro caso, es lamentable la imagen que ofrece un Gobierno en el que cada cual campa por sus respetos mientras el presidente continúa con su lenguaje edulcorado en torno a la paz, el diálogo y el talante, todo ello inaceptable a estas alturas de legislatura, puesto que los graves problemas pendientes exigen más eficacia y menos retórica. En definitiva tenemos dos ministros de Industria y, sin embargo, no tenemos ninguno. Convendría poner fin cuanto antes a una tragicomedia política que produce efectos muy perjudiciales para la economía española. RUBIANES EPE Rubianes es un actor y director teatral más conocido por sus insultos a la unidad de España en un programa de la televisión catalana que por estar en posesión de una reconocida trayectoria profesional. Su montaje Lorca eran todos se estrenará el próximo 19 de septiembre dentro de la programación del Teatro Español, dependiente del Ayuntamiento de Madrid. No se trata en ningún caso de cuestionar la calidad del espectáculo, ni de perderse en disquisiciones artísticas sobre la obra en cuestión, sino de plantear una reflexión serena sobre la conveniencia de que una institución cultural, dependiente de una administración pública, ceda su espacio a una persona que ha dado muestras sobradas de no estar a la altura de la convivencia democrática y ha hecho gala de un comportamiento contrario a los más elementales valores de la ética, la educación y la cultura. Las declaraciones de Pepe Rubianes fueron mucho más que desafortunadas: su gravedad se sustancia en el hecho de que revelan un sectarismo contrario a los valores que encarnan la democracia, por encima de criterios ideológicos. Ahora, el actor y director teatral pliega velas y asegura que cuando dijo aquello de que la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás... P Que se metan a España ya en el puto culo, a ver si les explota dentro y le quedan los huevos colgando del campanario... no pretendía ofender a la España democrática No es cuestión de preguntar al señor Rubianes qué entiende por España democrática pero esa España democrática a la que se refiere seguro que de manera muy mayoritaria se sintió ofendida e indignada por el alud de términos escatológicos que empleó para tratar, gratuitamente, de vilipendiarla, y no comprendería que quien no sabe de respeto ni de tolerancia saliera dentro de unos días a escena, con el aval y apoyo del Ayuntamiento de Madrid. En esa España constitucional y de progreso a la que ayer se refirió Rubianes para tratar de salir al paso de la polémica creada por la selección de su montaje, no caben comportamientos como el suyo. Cierto es que estamos ante una discusión extrateatral argumento con el que el director del teatro, Mario Gas, trató ayer de justificar su inclusión en la programación. Pero precisamente porque estamos ante una cuestión de valores que trasciende al mundo del espectáculo, el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz- Gallardón, debería considerar si con estos antecentes procede abrir las puertas del Teatro Español a quien España y lo español sólo le merecen desprecio. L Tribunal Supremo Electoral ha dictado su sentencia final y, como era de esperar, ha ratificado la victoria del conservador Felipe Calderón en la elección presidencial mexicana. A partir de esta proclamación, las reglas más elementales de un Estado de Derecho indican que debe cesar toda discusión sobre la contienda electoral, tras agotar todas las vías legales de reclamación, y los candidatos, vencedores o no, están obligados a respetar lo determinado formalmente como reflejo de la voluntad popular. Lamentablemente, el perdedor, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, sigue insistiendo en no reconocer otro resultado que no sea el que le dé la victoria, por lo que prosigue por ese camino suicida que pone a todo el país ante un grave riesgo de confrontación civil. Al margen de la contundencia de la decisión judicial, López Obrador no ha logrado demostrar ninguna de sus alegaciones, ni convencer a nadie de que puede tener razón en sus reclamaciones. Su único apoyo reside en su copioso círculo de seguidores incondicionales, muchos de los cuales, por cierto, son adictos a la política clientelista de sus años de gestión al frente de la alcaldía de la capital. Algunos de sus partidarios empiezan ya a abandonar su causa ante la evidencia de que se trata de un camino cegado por la vía legal y que a partir de ahora ya sólo puede transcurrir por los tortuosos cauces de la insurrección. López Obrador ha coaccionado a los jueces, afirma que no reconoce a las instituciones y quiere proclamar un gobierno alternativo. Como ya se ha dicho desde estas mismas páginas, lo que pretende no es otra cosa más que dar un golpe de Estado, aunque lo disfrace de movimiento cívico. En la hipótesis más optimista para el bien general, este populista enloquecido debería seguir el mismo camino que ya ha recorrido otro de los célebres cantamañanas del México contemporáneo, aquel subcomandante Marcos que se ocultaba tras un pasamontañas y que afortunadamente ha sido olvidado después de haber intentado sin éxito crear una guerrilla indigenista. Cualquier otra hipótesis puede resultar demasiado peligrosa para un país de la importancia y el peso de México. Por ello, la única actitud constructiva es pedir la máxima prudencia a la sociedad mexicana y mostrar un entusiasta apoyo político al presidente electo, Felipe Calderón. Lo que se espera de él es que sepa atraer al camino racional de las instituciones a quienes aún escuchan las proclamas insensatas de López Obrador, quizá ofreciendo la posibilidad de consensuar las necesarias reformas que necesita el rancio sistema electoral mexicano para que una situación como ésta no pueda repetirse. Calderón ha de saber que su victoria es tan legítima como escueta, y que por ello estará obligado durante todo su sexenio a actuar con toda la sensatez de la que López Obrador ha demostrado carecer.