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ABC MIÉRCOLES 6 9 2006 Cultura 59 Esmeralda Santiago trae a Madrid su novela El amante turco b Nos acordamos más de las CLÁSICA Quincena musical Wagner: El holandés errante Int. Domen, Johanson, Kang, Silvasti, Beaumont, Pazos, Coral Andra Mari, Coro Easo, Orq. Sinf. de Bilbao. Dir. J. Mena. Lugar: Kursaal, Donostia. Fecha: 3- IX cosas tristes dice la escritora puertorriqueña, que presenta la última entrega de su trilogía sobre amor e inmigración ANTONIO VILLARREAL MADRID. La inmigración, como sabemos, es un hecho ampliamente generalizado en nuestros días y, por tanto, tiene muchas voces. En realidad, tantas como protagonistas, aunque muy pocas gozan del prestigio y la autoridad que trasmite en sus trabajos la novelista puertorriqueña Esmeralda Santiago. Afincada en Nueva York, lugar al que llegó por primera vez desde su Puerto Rico natal cuando tenía 13 años, ha visitado Madrid estos días para presentar El amante turco tercer volumen de una serie que relata sus experiencias durante los primeros años como inmigrante en América. Esta novela supone, pues, el cierre de la trilogía comenzada por el celebrado volumen Cuando era puertorriqueña y seguido por Casi una mujer Para Santiago, que da a todos sus trabajos un matiz autobiográfico, es interesante comprobar cómo en todos los ejemplos que he visto de literatura sobre inmigración existen muchísimas experiencias similares La turbulenta relación entre la escritora y un cineasta de origen turco cristaliza el desarrollo argumental de El amante turco donde sus protagonistas se enfrentan al doble shock cultural de tratar de comprender tanto a su amante como a la sociedad que les acoge. Las historias más alejadas del romanticismo convencional son las que nos acaban marcando, y así ocurre también para Esmeralda Santiago, que superpone a las pequeñas tragedias personales una pátina de humor que quizá sea uno de los secretos de su éxito comercial. He encontrado- -relata la puertorriqueña- -que nos acordamos siempre de las cosas tristes antes que de las felices, y mis libros son simplemente una forma de interpretar estas situaciones sin embargo, una acaba desarrollando algo para intentar defenderse, esa es la clave de que mis libros contengan ese toque de humor El recorrido amoroso seguido por la escritora en esta trilogía le ha enseñado que, a pesar de los distintos ambientes que pueda haber en San Juan o Brooklyn, el amor es igual y es diferente para cada uno, depende de tu situación, sí, pero no de la geográfica, sino de la emocional y la cultural Un intenso relato acerca de mi vida pero no carente de universalidad con el que su autora espera convencer al público español con una historia de amores itinerantes. TRAVESÍA FELIZ ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE iempre, al final, llega la calma, suene la tormenta en los Alpes... o la galerna en el mar. Lo sabe la Quincena Musical donostiarra que este año también se ha interesado por algunos truenos musicales. Por ejemplo, el que trajo la Orquesta Sinfónica de Euskadi, encargada de girar la máquina del viento al compás de la monumental Sinfonía alpina de Strauss. Luego, el concierto de clausura, con la Sinfónica de Bilbao haciendo rodar el artilugio bajo el mandato de El holandés errante No hay duda (y da fe de ello el éxito de esta última sesión) de que siempre impresionan las ruidosas posibilidades de este singular instrumento, especialmente si se acompaña de una poderosa artillería orquestal tal y como lo hizo el director Juanjo Mena. Porque su versión de la ópera de Wagner es así: sólida, armada, brillante, bien estructurada... y con volumen, más atenta al verismo narrativo que a algunos misteriosos vericuetos del libreto. De ahí que todo fluyera con una calidad sonora dominada por la presencia antes que por la evocación, con resolución. Habrá ayudado a ello el que la obra viniera rodada tras las representaciones de temporada en la Abao bilbaína. También el gesto firme y eficaz del maestro, capaz de animar a S Un momento del concierto en el Kursaal donostiarra la orquesta y de hacer cantar orgullosas las voces masculinas de la coral Andra Mari y el Coro Easo, y algo menos redondas las femeninas. Este Holandés ha llegado a San Sebastián al lado de la Senta de Eva Johanson, definitivamente incisiva y abundante, después de pasearse por algunos sonidos no demasiado colocados y medias voces destimbradas. Su mayor mérito fue el pálpito enloquecido y directo con el que remata al personaje. Albert Dohmen mostró autoridad, un Holandés de paso seguro y medido registro agudo, algo disminuido ÍÑIGO IBÁÑEZ ante la presencia de Johanson. Sería difícil encontrarle virtudes al Daland de Philip Kang más allá de su volumen y anchura, pues cantó el personaje con muy poca igualdad y demasiada destemplanza. Resultó más interesante el peso vocal de Jorma Silvasti y su cálida intención, la apoyada regularidad de Francisca Beaumont y el esfuerzo por poner en orden la voz que se apreció en las intervenciones del Timonel Ángel Pazos. Y sobre todo que el conjunto consiguiera hacer prevalecer el interés general: el buen amarre de la obra. TEATRO Una visita inesperada Autora: Agatha Christie. Dirección: Gerardo Malla. Escenografía y vestuario: Rafael Garrigós. Iluminación: Carlos Alzueta. Intérpretes: Jaime Blanch, Charo Soriano, Cristina de Inza, Tomás Sáez, Lola Casamayor, César Diéguez, Alfonso Torregrosa, Miguel Ángel Fernández y Fermín Sanles. Lugar: Teatro Real Cinema. Madrid. NO CUENTEN EL FINAL JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN so es lo que, como se hacía en tiempos, ruega el director del montaje, Gerardo Malla, en el programa de mano de la función. Una observación oportuna para no chafar al posible público futuro la sucesión de sorpresas que contiene la obra. La gran dama británica del misterio, Agatha Christie, inmensamente popular por sus novelas, escribió también un buen puñado de piezas de intriga para teatro. Una visita inesperada uno de sus trabajos escénicos más redondos y representados, está fechada en 1958, seis años después que el mayor de sus éxi- E tos teatrales, La ratonera Como buena parte de su producción, presenta algunas constantes comunes: el crimen hace añicos como por sorpresa la placidez de un pulcro paisaje de más o menos alta sociedad y descubre las grietas que el barniz de las convenciones sociales había disimulado; las hipótesis verosímiles se suceden y lo que parecía claro va cambiando según se conocen nuevos datos; al final, el enigma se resuelve de forma que se quiere inesperada. Esta obra, que comienza a oscuras con un cadáver sobre el escenario mientras la luz movediza de los faros de un coche permite atisbar fragmentos de la escena, agradará y entretendrá tanto a los múltiples seguidores de las historias de la venerable autora como a los aficionados a las tramas de suspense. Gerardo Malla equilibra con sabiduría los elementos de intriga, abre y cierra con gracia las diversas puertas de este vodevil criminal y dirige con solvencia a un estupendo reparto muy bien ajustado a los tipos que encarna: la viuda sospechosa, la digna anciana madre del finado, el forastero misterioso que aparece por allí, el mayordomo, el hermano panoli del muerto, la doncella, los detectives... Jaime Blanch, Cristina de Inza, Charo Soriano, Tomás Sáez, Lola Carretero y el resto del elenco funcionan como piezas de relojería en la maquinaria urdida por doña Agatha, a veces un poco lenta, otras algo rebuscadilla, pero, al cabo, reconfortante como un té con galletas de jengibre tomado a la hora en punto. Y una coda admonitoria: en el primer acto, al personaje de la viuda, que interpreta de forma notable Cristina de Inza, se le escapa un feo andara en vez del correcto anduviera son detalles que hay que cuidar.