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58 Cultura MOSTRA DE VENECIA MIÉRCOLES 6 9 2006 ABC Emilio Estévez (segundo por la izquierda) llegó a la presentación de Bobby acompañado por varios miembros del reparto REUTERS Elegía por RFK, el otro Kennedy asesinado Gianni Amelio presenta la primera película italiana a concurso, La stella che non c è Bobby una superficción de las horas que precedieron al asesinato del senador Robert Kennedy en Los Ángeles, mezclada con pequeñas dosis de realidad E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL VENECIA. En su último discurso, el 5 de junio de 1968, poco antes de morir a causa de los disparos del palestino Sirhan Sirhan, el senador Robert Francis Kennedy habló de la injusticia, el racismo, los malos vientos de desilusión, violencia y apenas un hilo de esperanza, la que él encarnaba tras el asesinato meses antes de Martin Luther King... Y ese discurso y esos hechos son la esencia de Bobby la tercera o cuarta película como director de Emilio Estévez, que se ha visto aquí, en una versión inacabada (según se advierte) y que peleará por alguno de los premios de la sección oficial. Ésa es la esencia y el sentido de Bobby sin duda, pero ocupa sólo el tramo final de la larga película, el resto, es decir, alrededor de hora y media, o más, es una complicadísima puesta en escena de los preparativos y anécdotas en el hotel Ambassador de Los Ángeles, donde ocurrieron los hechos. b Emilio Estévez ha dirigido Estévez ocupa el Ambassador, lo llena de un montón de personajes tipo teleserie Hotel con sus achaques, sus tópicos, su clima sesentayochero y preelectoral... y lanza una salva enorme de actores importantes (estrellas, incluso) para ocupar a esos personajes y sus vidas, de tal modo que aquel amasijo de cameos que era Torrente 2 se queda en nada comparado con esto. Hora y media larga de pequeñas y grandes puñetitas de la vida de ese hotel que confluyen en ese otro momento histórico del segundo asesinato de un Kennedy; entre tanto, se mezcla en un hábil plano contraplano la ficción con material informativo de la época, bien elegido y servido para que revele una imagen magnífica y atractiva de Robert Kennedy, y sobre todo para que uno se pregunte por qué nos sobrealimenta de ficción tópica y mil veces vista mientras que nos raciona lo otro, lo documental, infinitamente más interesante. Salen, ya digo, tantos actores famosos y vecinos de la ciudad que antes acabaríamos diciendo los que faltan... Pero sobresalen sólo algunos y por tener alguna escena más intensa, un potente tuya- mía entre Sharon Stone y Demi Moore; algún momento de William H. Macey; una conversación entre Anthony Hopkins y Sidney Poitier, o algún roce entre Martin Sheen y Helen Hunt. Lo cual quiere decir que la lista de desapercibidos es larguísima. Al final, y puesto que ahí esta lo mejor con mucho de la película, recibió un largo y ancho aplauso del público; todo puede ser que acabe llevándose algún premio una película que no está terminada y que puede ser, por lo tanto, rehecha después. La competición también ofreció ayer otros dos títulos, uno francés, L intouchable de Benoît Jacquot, y el primero de la oferta italiana, La stella che non c è de Gianni Amelio, tenían varios puntos en común, aunque quizá el principal sea que ambas se fugan hacia Oriente: la francesa presenta un personaje que va a perderse o a encontrarse en la India, mientras que la italiana hace lo mismo, pero en la marabunta de China. Y una virtud compartida también por las dos películas es que el punto de vista que eligen y que ofrecen para reflejar la complejidad de esos países es nuevo, especial, fuera de tópicos y previstos. La cámara de Jacquot recoge el hormiguero de Delhi o Benares con toda la intensidad de su color y olor, y se En Bobby salen tantos actores famosos y vecinos de la ciudad que antes acabaríamos diciendo los que faltan pasma y nos pasma ante la mágica escalonada a orillas del Ganges, donde abundan los vivos, los muertos, los crematorios y las resurrecciones. Para ser sinceros, la historia de la joven que va a allí tiene poco o ningún interés, pero las imágenes como recién horneadas de la India profunda combaten el posible sopor de un arranque parisino y tontuelo. La de Gianni Amelio parecía algo más maquinada en sus imágenes, o sea menos documental al vuelo, pero también mucho más compleja en su retrato de personajes y en su intención narrativa. Cuenta las tribulaciones de un italiano en China, un operario tozudo y quijotesco llamado Vincenzo Buonavolontà que se empeña en reparar una pieza de una maquinaria que le vendió su empresa a unos altos hornos chinos; la única pega es que nadie sabe qué fábrica es ni dónde está... El viaje de este hombre es, tras el primer golpe de Shanghai, a lugares absolutamente marcianos de los confines de la inmensa China, y podría ser una versión despeinada y obrera de Lost in traslation aunque no tenga nada que ver, pues aquí se trata de todo lo contrario, de encontrarse en las traducciones. Pero hay una cosa evidente en esta película: su protagonista, el poderoso actor Sergio Castellito, ha venido a ganar el premio de interpretación. Tan seguro como que el agua, o algo parecido, nos rodea.