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56 MIÉRCOLES 6 9 2006 ABC Cultura y espectáculos Grass, durante la presentación en Berlín de Pelando la cebolla el pasado día 4 de septiembre EPA El entrevistador tuvo que justificarse, el público no quería respuestas y el entrevistado interpeló ufano: En la presentación de su polémica biografía, Grass prefirió resbalar sobre sí mismo antes que tropezar con las dos últimas letras de su nombre GraSS, tú eres Alemania TEXTO: RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLIN. El premio Nobel daba codazos de complicidad a una audiencia deseosa de volverle a adorar por la peana, pero entre broma y tamborrada el autor sonó, quizá por primera vez, a hojalata. Lo que cambia el olor de multitudes: la presentación de su autobiografía era la risa en Fuenteovejuna. Pero, risas sobre las SS... no suelen verse en Alemania. Naturalmente, tras la ola mundial de furor -como dijo el entrevistador de la ZDF- -desatada por sus revelaciones juveniles, lo del lunes en el Berliner Ensemble era sólo un tanteo de ánimos y no la esperada presentación de Pelando la cebolla Y Grass se la pela, la cebolla de la memoria, sin arrojar una lágrima, tardíamente y para algunos muy a medias pero el titular son ya los 250.000 ejemplares en dos semanas y el contrito Grass de hace días, escribiendo a la ciudad de Gdañsk, ya se ufana. Así que las admoniciones continuarán el escritor reclama su derecho a seguir abriendo la boca para regañar a sus vecinos, pese a la bobería de ha- ber callado su relación con las SS y por más que él sea visiblemente alérgico a su medicina, como anota el Spiegel. El lunes no había nadie dispuesto y el dramaturgo Claus Peymann quería hablar de vinos con el premio Nobel. Grass aprovechó para declarar su amor a su Olivetti, regalo nupcial que le permitió escribir El tambor... La tímida pregunta del cómo tan tarde Grass la zanjó con es por vergüenza Y de seguido reclamó intimidad: ¿Con qué derecho puede exigirse que exponga en público un período tan breve de mi vida? dijo el diligente amonestador de conciencias y autor de Mi siglo Sobre si esperó un momento más digerible, Grass atacó: Eso es lo que hacen otros escritores y cosechó risas. Cierto que la gente se la tenía guardada, alguno ha estado impertinente y hay fariseísmo en la crítica, pero el del Herald Tribune reprocha duramente al escritor una inexplicable ausencia de detalles en episodios decisivos que gravan una juventud. A la puerta, un puñado de manifestantes mostraban la irónica pancarta GraSS, tú eres Alemania parodiando una campaña de participación ciudadana. los libreros de este año, la clase interpretadora como Grass tendría a veces un concepto de la cultura muy sentimental y salvífico. La polémica letra doble En el teatro de Brecht, Grass se refirió a la letra doble como sin querer nombrar la organización criminal por la que se sintió atraído: Éramos chicos aburridos y satisfechos y, explicó, los muchachos idolatran a los héroes Su entusiasmo con las SS fue una bobería y lo de la prensa sería una campaña Codazo a la crítica literaria: Ya no pensé que pudieran caer por debajo de sí mismos Al público, recomendó sujetarse al texto y no a los símbolos como hacen los expertos Días antes, en la presentación de Kultur und Politik. Historias alemanas el sociólogo Wolf Lepenies lamentaba que algunos intelectuales sufren de una autovaloración excesiva de su propio papel social y entienden la cultura como un elemento compensatorio capaz de arreglar el mundo, aunque se les despisten momentos como el año 1989. Para el Premio de la Paz de Diagonal a Benedicto XVI La convocatoria del Berliner tuvo incluso su momento agrupémonos todos como un absceso de Grass en el cerebro, pero pareció diluirse al ver que el escritor se sentía capaz de achantar al propio moderador. Muy seguro, hizo aún un chascarrillo sobre otro jovenzuelo prisionero Joseph, poco interesado al parecer por las muchachitas, dijo para risa general. Era una diagonal hacia Benedicto XVI, como si ésa fuera la sola diferencia juvenil. Pero las Juventudes Hitlerianas, en que fue enrolado Ratzinger, eran como la OJE; las Waffen- SS, un cuerpo siniestro odiado hasta por los alemanes, aunque fascinase a Grass; y Ratzinger fue reclutado y desertó; y lo contó todo libre y profusamente en su autobiografía. Son diferencias juveniles, menos graciosas.