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ABC MIÉRCOLES 6 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA CONVERSIÓN DE TERESA E EL RECUADRO ¿EXISTE EL CONSEJO DE MINISTROS? le regalen los modelitos para que los luzca, como a Nati Abascal o a Isabel Preysler para sus fiestones en sus casoplones. Es más: estoy por pensar que el Consejo de Ministros no existe. Que su reunión semanal consiste exclusivamente en esta Pasarela Cibeles (o Pasarela Moncloa) de la rueda de prensa de la doña. ¿Alguien ha visto alguna vez una foto o un vídeo de la reunión del Consejo tras las puertas de la Moncloa? Para mí que no se reúnen porque todos están ocupadísimos en culpar al PP de todo lo que ellos hacen garrafalmente, y no van a perder el tiempo en esas tonterías. El Consejo de Ministros consiste, según mi sospecha, en la reunión del presidente con su vice, una vez que ésta ha pasado por la sastra del plató monclovita para que le coja las mangas del modelito que esa semana haya tomado de la guardarropía. Si el Consejo se reuniese, habría, como antaño, aparte de la rueda de prensa de la portavoz, ampliación y referencia de sus acuerdos, ministerio por ministerio, con los clásicos decretos- leyes de Agricultura sobre la patata temprana y órdenes de Cultura repartiendo subvenciones a los artistas adictos al régimen. Y no como ahora, que con sólo la rueda de la portavoz parece que ella y el presidente aprueban a solas un único asunto, al que monográficamente la vice dedica su rueda de prensa, ora el envío de tropas al Líbano, ora las quejas al maestro armero europeo sobre los cayucos africanos. Cada viernes me paso la tarde y la prima noche sintonizando estaciones de televisión y de radio, a ver qué información dan de los acuerdos adoptados por el Consejo de Ministros. En vano. Como en vano repaso toda la prensa sabatina, para leer la referencia de qué han aprobado, qué han debatido. Nada. Es más fácil creer en los Reyes Magos que en la existen- cia del Consejo de Ministros. No creo que exista y mucho menos que se reúna los viernes. Ni nunca. En lo único que creo es que cada viernes María Teresa Fernández de la Vega da una rueda de prensa con el exclusivo fin de lucir un modelito nuevo. las páginas de pasatiempos de los periódicos se les van las mejores. Lo del Sudoku está muy visto, una pesadez. Y ni te cuento el crucigrama de Cova, una vez que todos sabemos que el yunque de platero es el tas (tas de naranja y tas de limón, claro) Más que jeroglíficos y problemas de ajedrez deberían poner el bonito juego de la rueda de prensa del Consejo de Ministros. Sería mucho más divertido. Juego que consistiría en poner una pregunta, siempre la misma: ¿Qué modelito sacará doña María Teresa Fernández de la Vega en la próxima rueda de prensa tras el Consejo de Ministros? Lo que propongo es que todos los españoles puedan disfrutar de ese juego, que ya hacemos en casa. Isabel y yo nos hacemos apuestas sobre el aliño indumentario de la doña: -Doscientos euros a que sale con un traje pantalón blanco, con un chaleco de cuello de cisne... ANTONIO- -De ninguna manera: ésta sale con BURGOS camisero rojo y pasmina a tono, displicentemente caída, obviamente desde el cuello, para taparle las arrugas. ¿Y seguro que no con una chaqueta con un cuello tipo madrastra de Blancanieves, que son las que más usa? Como en los estudios de televisión existen guardarropías y departamentos de sastrería y modistería para que los presentadores vayan siempre como estrenando modelito a costa del fondo de armario de quita y pon de la casa, me imagino que en La Moncloa también hay como un almacén sartorial para uso de la vicepresidenta. Cada viernes doña María Teresa se encamina a la guardarropía, en plan Anne Igartiburu o Ana Rosa Quintana, y se pone un modelito ideal, que devuelve luego. Pues no creo que la proverbial austeridad socialista le permita estos aparentes dispendios en trapos, cada viernes uno distinto. Salvo, claro está, que los modistos A SE arrebato intempestivo y porfiado de la vicepresidenta De la Vega, esa severa proclama de tolerancia cero con la inmigración ilegal, ese repentino ceño inhóspito y desapacible en plena crisis de los cayucos, no es más que la plena confesión de impotencia de un Gobierno desbordado por los acontecimientos, una patética protesta que no testimonia otra cosa que el descontrol absoluto de un problema que se le ha ido al poder de las manos. Y, además, llega tarde. No sólo porque los cayucos siguen zarpando en auténticas flotasdesde las costas africanas, ni porque los centros de acogida canarios (y andaluces, y madrileños) estén desbordados, ni porque cada día contiIGNACIO núen llegando por tierra, CAMACHO mar y aire centenares de inmigrantes sin papeles, sino porque ya nadie, ni dentro ni fuera, cree que en España exista capacidad de maniobra para expulsar a los irregulares, en el supuesto de que al final el Gobierno haya aceptado de veras, aun a regañadientes, la voluntad política de intentarlo. Es demasiado tarde. Faltan medios humanos y materiales para la vigilancia de fronteras, recursos económicos para las deportaciones, autoridad política para controlar el trabajo ilegal, y fuerza moral para endurecer las leyes de acogida. Porque hasta no hace mucho tiempo, incluso después de llegar al poder, los socialistas han mantenido un discurso filantrópico y buenista de brazos abiertos, papeles para todos y reparto humanitario de la riqueza. Porque cuando el anterior Gobierno- -embargado de mala conciencia, titubeos y vaivenes- -trataba de fortalecer la vigilancia del Estrecho, era tachado de represivo por una oposición que organizaba encierros de irregulares en iglesias y centros oficiales; porque se daba apoyo a todas las iniciativas de defensa de los sin papeles y se les ofrecía a éstos un amparo moral y hasta legal que daba alas a muchos otros para intentar la aventura de un horizonte nuevo. Y porque, ya desde el poder, se han orquestado regularizaciones masivas por cientos de miles, con bonobuses caducados o tapas de yogur como salvoconducto de permanencia, se ha intentado incluso otorgarles el derecho al voto y se ha seguido manteniendo el criterio falaz de la necesidad de una mano de obra mal calculada que ya empieza- -ciento ochenta mil extranjeros en el último cómputo del INEM- -a engrosar las listas de los subsidios de desempleo. De repente, ahogado por el empuje masivo de los cayucos, por la evidencia del creciente colapso de los servicios públicos- -transportes, sanidad, enseñanza- -y por la tensión social de algunas zonas, el Gobierno se ha caído del caballo de su utopía y se ha convertido a un pragmatismo tan forzoso que resulta difícil de creer. Bienvenidos al mundo real, si fuese cierto, pero el ceño fruncido y el gesto autoritario de la vicepresidenta parecen sólo la escenificación retórica, desganada y a destiempo, de un agobio repentino, de una sobrevenida urgencia.