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ABC MARTES 5 9 2006 83 Deportes Nadal vence a Novak y se queda sólo en el US Open, donde ahora le espera Youzhny, verdugo de Robredo Los campeones arrodillados ante Pepu durante la jubilosa bienvenida tributada anoche a los golden boys por cerca de cien mil personas en la Plaza de Castilla ÁNGEL DE ANTONIO España lidera el nuevo orden mundial Las grandes potencias, incluida EE. UU. lanzan sus ojeadores a los países mediterráneos MIGUEL ÁNGEL BARBERO MADRID. Dice el bolero que veinte años no son nada. Pero en una sociedad como la nuestra, la verdad es que son todo un mundo. Para el baloncesto es el periodo de tiempo que va desde el Mundobasket de España hasta el de Japón, el paso de dos generaciones que no tienen nada que ver y que ahora parecen casi de otro planeta. Para empezar, el benjamín de los flamantes chicos de oro Sergio Rodríguez, estaba naciendo cuando los Fernando Martín, Epi, Sibilio y compañía lograban la hazaña de quedar quintos en el Palacio de los Deportes de Madrid. Sería la última vez que el malogrado pívot madridista defendiera la camiseta nacional, pues antes los profesionales tenían vetado el jugar con las selecciones. Y Fernando lo sacrificó casi todo para romper moldes en la NBA. La afición lo entendió a la perfección, pero le supo a poco la plaza por el precedente de la plata olímpica de dos años antes. son, Kerr, Elliot o Seikaly de aquella época tenían más carácter para competir que las figuras de la Liga Americana de hoy en día. En esos tiempos, Estados Unidos era la Meca del baloncesto. Todos los entrenadores acudían a sus universidades para traerse las últimas novedades (el recordado Antonio Díaz Miguel fue un pionero en esos viajes) y estaban a años luz del resto de los mortales. Ahora es al revés y son ellos, los estadounidenses, los que mandan sus ojeadores por todo el planeta para reclutar jugadores. No obstante, en 1986 eran los mejores en lo físico y en lo táctico, aunque no en lo técnico. Las potencias del otro lado del telón de acero no les iban a la zaga. El subcampeonato de los soviéticos tuvo un mérito enorme. Sobre todo porque la calidad individual de sus hombres permitió romper sus rígidos moldes. En su escuadra se combinaba el sector oficialista (Tatchenko, Tarakanov) con la emergencia de los Volkov o Tikonenko y la consolidación colectiva de los lituanos. Sabonis, Kurtinaitis y Homicius iban por libre y eran los más abiertos del grupo. Dos décadas después, ni Rusia ni Ucrania llegaron a la cita nipona, mientras que Lituania decepcionó al caer hasta la séptima plaza. El bronce lo obtuvo una pletórica Yugoslavia, que daba los últimos coletazos a su etapa dorada. Con Divac como benjamín, la clase de los Dalipagic, Vrankovic o los hermanos Petrovic enamoró al público. Cuatro años después ganaron el oro en Argentina, pero el bloque se desintegró con su guerra civil. De sus sucesores actuales, serbios y eslovenos deambularon tristemente por Japón, mientras que croatas, macedonios y bosnios ni siquiera se clasificaron. Filosofía mediterránea Lo sucedido en Saitama debe servir para hacer reflexionar a las grandes potencias. En un mundo global ya no hay bloques, sino conceptos y filosofías. Y ahora la que se lleva es la mediterránea: cuatro de los seis primeros en Japón (España, Grecia, Francia y Turquía) son de este entorno. Han trabajado en serio y España, la que mejor lo ha hecho. No todo en el baloncesto es lucir músculo; también se vive de los conocimientos, de los fundamentos. Aquí se ha cuidado la cantera y las competiciones y se ha sabido sacar lo positivo de los malos momentos vividos. Que han sido muchos. Los fracasos de la selección y los problemas entre los jugadores y los clubes propiciaron unos años noventa en los que casi hubo que partir de cero. Afortunadamente, el siglo XXI y los juniors de oro nos han devuelto la alegría. Veinte años de cambios Las grandes figuras que jugaron en el Campeonato del Mundo que se disputó en España en 1986 están en la mente de los aficionados, pero no todos lograron premio. Óscar (Brasil) Gallis (Grecia) Berkovitz (Israel) Gaze (Australia) Riva (Italia) o Smits (Holanda) fueron algunos de los que se marcharon sin medalla. El cuadro de honor en Madrid quedó del siguiente modo: Estados Unidos, URSS, Yugoslavia, Brasil, España, Italia, Israel y Canadá. Dos décadas después, en Tokio sólo han repetido dos selecciones: España, Grecia, Estados Unidos, Argentina, Francia, Turquía, Lituania y Alemania. Que cada uno saque sus propias consecuencias. Universitarios y no la NBA Los tiempos eran otros y las potencias dominantes en el mundo de la canasta, también. Para empezar, los estadounidenses se llevaron el oro con un equipo de universitarios, que era lo que se llevaba entonces. Claro que los Robin-