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56 MARTES 5 9 2006 ABC Toros SEBASTIÁN CASTELLA Matador de toros El torero es un loco cuerdo Imparable y con un valor sin límites, esta temporada se ha consagrado como figura. Sus últimas conquistas: Bilbao y Bayona, donde ha sellado con su propia sangre una tarde para la historia TEXTO: ROSARIO PÉREZ ¿Cómo se encuentra tras el grave percance sufrido el pasado domingo en Bayona? -Recuperándome poquito a poco. Afortunadamente, no he tenido fiebre. -El último toro le abrió el muslo izquierdo con una cornada de dos trayectorias, de quince y veinte centímetros, pero usted continuó toreando como si nada. -A mí no me gusta quejarme delante del toro, porque él tampoco se queja. Es mi forma de ser, por respeto a la profesión y al toro. ¿Qué período de convalecencia le han recomendado los médicos? -En principio, espero abandonar la clínica Paulmy de Bayona hoy o mañana. Me gustaría torear el próximo sábado en Valladolid, aunque mi idea es reaparecer al cien por cien. -Con el primero de su lote cortó un rabo, el segundo concedido en los últimos veinticinco años en el coso bayonés. ¿Cómo vivió el triunfo? -Con orgullo, porque, además de tratarse de mi tierra de Francia, ocurrió en una plaza y un cartel de gran importancia. Fue una tarde grandiosa. Morante y El Juli estuvieron cumbres. En mi caso, aparte de cortar el rabo al tercero, hice un esfuerzo con el sexto, que nunca se entregó; cada tanda era una vuelta a empezar. No fue nada fácil y me cogió, pero me puse otra vez delante tan tranquilo. -A sabiendas de que podía volverlo a prender, ¿qué le impulsó a colocarse en el mismo terreno? -Quiero ser grande y diferente. También, por amor propio: si mis compañeros habían dado lo máximo, yo no me iba a quedar atrás. ¿No se conformaba con los máximos trofeos? -Era necesario dar la cara toda la tarde. Para que la gente te recuerde, hay que hacer esfuerzo doble. Mi objetivo es ser el número uno. -En ese intento de ser el primero, podría perderlo todo. -Bueno, sí, pero, sinceramente, me da igual. Salgo a la plaza dispuesto a darlo todo, incluso mi vida, puesto que tengo el máximo respeto al toro y al público que ha pagado. No sé salir al ruedo de otra manera. -Suena a locura. -También tiene que funcionar la cabeza. El torero es un loco cuerdo. -Quijote y Sancho. -Un conjunto de los dos. ¿Lleva la cuenta del número de cornadas? -No estoy seguro. Creo que doce más una. -A pesar de la sangre derramada, su valor parece inagotable. -Me siento muy feliz, porque estoy alcanzando mis metas, y eso me da fuerzas para superar las durezas. De cualquier forma, me enorgullezco de lo que me sucede: todos los que han mandado en el toreo han estado dos o tres veces en la cama cada temporada. -Se le considera el más valiente del escalafón. -Si la gente lo dice, me halaga. Pero, por fortuna, ya no todo es valentía. He protagonizado bastantes tardes en las que he cuajado toros toreando bien. -En las Corridas Generales de Bilbao rompió su propio techo con toreo del bueno. -Ha sido de las faenas más importantes y completas de este año. Fue casi perfecta, medida, con naturales sentidos y rematada de un espadazo. ¿Qué armas empleó para poner a todo el mundo de acuerdo? -Hubo varias cosas: el toreo bueno, las ganas, la experiencia de torear día a día y el no fallar en fecha clave. Hablamos de Bilbao, donde se cita el toreo entero y, quitando a un hombre que no lo vio, el presidente, todos creyeron que debí cortar tres orejas. Sebastián Castella cortó un rabo el pasado domingo en Bayona REUTERS Conozco el dolor, aunque no me gusta quejarme. También sé lo que es el miedo, pero me gusta sentirlo, al igual que la soledad Éxito de Manolo Sánchez y Joselillo y cornada grave del banderillero Félix Navas en Valladolid ABC VALLADOLID. Manolo Sánchez y Joselillo, que tomó la alternativa, abrieron la puerta grande en la tercera de la Feria de Valladolid, en una tarde en la que la nota trágica fue la cornada del banderillero Félix Navas, quien sufrió una herida perianal de 25 centímetros, con orificio de salida que rompe el músculo glúteo mayor, de pronóstico grave Joselillo desorejó al toro del doctorado tras una faena redonda. Firme y solvente, corrió la mano con largura y temple. Los largos pases de pecho entusiasmaron a sus paisanos. Con el manso y distraído sexto volvió a mostrarse valeroso, pero falló con el acero. Dos orejas y silencio tras aviso. Manolo Sánchez volvió a reencontrarse con el toreo en su tierra. Dio muestras de su madurez y del gusto clásico que atesora. La faena resultó limpia y ligada, con pasajes al ralentí sobre ambas manos frente a un noble toro. Pudo al peligroso quinto, que corneó en banderillas a Félix Navas. Dos orejas y vuelta al ruedo. David Luguillano, con el peor lote, no tuvo su tarde. Pitos y silencio. Con casi media entrada, se lidiaron toros de Atanasio Fernández, mansos y descastados. Por otra parte, en Pozuelo (Madrid) toros de Antonio San Román. Francisco Rivera, silencio y pitos tras aviso. El Cid, silencio y dos orejas. Talavante, silencio tras aviso y silencio. En Arganda (Madrid) novillos de Navalrosal. Lázaro, silencio en ambos. Pérez Mota, silencio y oreja. Eugenio Pérez, oreja y vuelta. Informa burladero. -Aquella faena, unida a su imparable carrera, lo ha consagrado como figura. -Sí, pero lo que quiero es ser figurón. ¿Y dónde radica la diferencia? -Hay muchas figuras que no mandan, y yo lo que deseo es mandar, que es lo más difícil en cualquier profesión, arte o deporte. Ser el número uno, el mandamás, es lo más complicado. Y a eso aspira Sebastián Castella. -Su ambición no conoce límites. ¿Influye el dinero? -Mi ambición es ser el mejor, que la gente me recuerde y tener una categoría grande. Con eso viene el resto: el caché y muchas cosas más. Estoy en el camino. -Ya ha conquistado el corazón de una legión de aficionados franceses y españoles. ¿Son duras las batallas? -Todos los días es difícil, aunque muy bonito, porque la recompensa es más grande. Eso no se cambia por nada. ¿Pese a los posibles sinsabores? -A pesar de todo. ¿Hay algo que le asuste? -Ser uno más. Estoy aquí para ser distinto. -En la entrevista nunca menciona el miedo ni el dolor. Parecen dos desconocidos para usted. -Los conozco muy bien, porque convivo de cerca con ellos, aunque no me gusta quejarme. Soy consciente de que me tengo que jugar la vida y paso mucho miedo, pero también me gusta sentirlo, como la soledad. Solo fuera del ruedo y con la plaza llena dentro.