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34 Internacional MARTES 5 9 2006 ABC Un grupo de alumnas blancas se han sumado este año por primera vez a la Danza de los Juncos, que congrega a miles de jóvenes suazilis EFE Mezcla de fiesta y tradición cultural, para unos, y criticada por otros que ven en ella una prueba del abuso de un rey despótico. la Danza de los Juncos se celebra un año más en Suazilandia levantando expectación entre miles de turistas El rey suazili busca esposa ALEXIS RODRÍGUEZ MADRID. ¿Ceremonia que reivindica las más ancestrales costumbres del pueblo suazili? ¿Fiesta organizada por el último rey absolutista del África subsahariana para buscar su decimocuarta esposa? ¿Única oportunidad para jóvenes africanas sin un céntimo de convertirse en Cenicienta? El viejo refrán ése de que cada uno cuenta la feria como le va en ella bien podría valer para explicar en qué consiste la Danza de los Juncos que cada año, por estas fechas, se celebra en Suazilandia. Para Gabsile Shabangu, de 17 años, que ha viajado desde muy lejos para llegar a Ludzidzini, un poblado de Suazilandia, su principal deseo es ser elegida nueva esposa del rey. Me pondré en primera línea a bailar para que el rey me vea. Si me escoge, podré vivir bien, comprarme cosas caras y comer y comer, hasta volverme bien gorda comenta entre risas Shabangu. No lo tiene fácil porque va a competir con una parte, más o menos importante, de las miles de jóvenes que vienen para bailar ante Mswati III. Razones no les faltan, porque la pobreza acosa a tres cuartas partes de la población de este pequeño enclave creado por los ingleses a mediados del siglo pasado y que se convirtió en un campo de recreo para los blancos surafricanos defensores del apartheid. Aquí venían a saltarse esas leyes racistas, a jugar en los casinos y a practicar el golf. Esa especie de Montecarlo austral se convirtió en país independiente y reconocido por la ONU y en él habita, entre otros, uno de los pueblos que fue más belicosos del África subsahariano: el zulú, feroces guerreros que en más de una ocasión hicieron enrojecer al poderoso Ejército británico. En una fiesta llena de colorido, las mujeres suazilis bailan con los pechos al aire, con un collar con los colores de la bandera nacional, ataviadas con una falda corta amarilla, roja y azul y grandes y llamativos escudos, el color que más ha destacado este año ha sido el blanco. El blanco de las 43 adolescentes de origen europeo estudiantes del instituto de Nelspruit que este año, por iniciativa de su profesor L. Swanepoel, han participado en una de las fiestas más comentadas y criticadas de África. Sólo que ellas lo han hecho bastante más tapadas. A mí no me importa enseñar mis pechos, es algo de lo que todas aquí nos sentimos orgullosas. Todas lo hacemos y eso nos hace femeninas asegura Zila Gwebu, joven suazili de 19 años. En un principio, la idea de esta tradición era que todas las jóvenes que quisieran participar tenían que ser vírgenes y el rey elegiría entre ellas a su esposa. El actual monarca, Mswati III, de 38 años, recuperó esa tradición en 1999 y desde entonces ha elegido en esta fiesta siete esposas, y cuenta ya en la actualidad con trece. Lógicamente los tiempos se imponen y muchas de las chicas que bailan han mantenido ya relaciones sexuales y no tienen ningún interés en casarse con el rey. Simplemente se divierten y, según el historiador, Richard Patrick, las niñas cambian estos días el comportamiento moderado que tienen habitualmente y se desmadran por unos días Gugu Shabangu, hermana de Gabsile, ha participado ya cuatro veces en la festividad y explica que lo que más le ilusiona de toda la ceremonia no es ganar la atención del rey, sino el traje tradicional que usará para bailar con sus amigas. Defensores y detractores Sin embargo, la prensa surafricana y de otros países de la zona critican una fiesta que recuerda épocas que ya deberían estar superadas y que atrae también a miles de hombres que persiguen a chicas muy jóvenes y sin recursos con la única intención de conseguir sexo a cambio, por ejemplo, de un teléfono móvil. Y eso preocupa mucho en un país donde el sida es el mal nacional. Suazilandia, con 1,1 millones de habitantes tiene cerca de 220.000 afectados por el virus del sida, lo que representa la tercera parte de la población adulta, según el último informe de la ONU. Thelie Nwgubane, esposa del secretario privado del Ministerio de Asuntos Exteriores, explica que la fiesta es algo cultural que ya existía cuando era niña... Pero al reunirse tantas, atrae a muchos hombres que buscan aprovecharse de ellas El rey Mswati III ha elegido a siete de sus trece esposas en esta fiesta desde que la recuperara en 1999 Muchas jóvenes van allí buscando salir de la pobreza, y otras simplemente a pasarlo bien por unos días