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28 Internacional MARTES 5 9 2006 ABC Piden la pena capital para soldados de EE. UU. por asesinar a detenidos en Irak El caso también salpica a un coronel con un distinguido historial b La pesquisa preliminar aprecia agravantes que justifican la solicitud de cuatro penas de muerte, castigo excepcional en la justicia militar de Estados Unidos PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Por si el Pentágono tuviera en estos momentos pocos problemas de personal, logística y moral con sus operaciones en Irak- -camino de acumular tantas bajas mortales en ese conflicto como víctimas del 11- S- un oficial investigador del Ejército de Tierra de EE. UU. ha recomendado formalmente que cuatro soldados de la 101 División Aerotransportada reciban penas de muerte por su implicación en el asesinato de tres prisioneros iraquíes. Según el teniente coronel James Daniel, en este caso existen una serie de circunstancias agravantes que justifican la pena capital. De acuerdo al informe de diez páginas, con fecha del 31 de agosto y redactado por el teniente coronel Daniel, procede enjuiciar a tres de los militares implicados (el sargento Raymond Girouard y los soldados William Hunsaker y Corey Clagett) por conspirar para ocultar el premeditado asesinato de tres detenidos en mayo, simular heridas y amenazar a un compañero de servicio para que guardase silencio sobre lo ocurrido. Delitos que pueden acarrear la pena de muerte. Un cuarto soldado que no participó directamente en la conspiración, Juston Grabe, también se habría hecho acreedor a la penal capital por disparar contra una de las víctimas en lo que su defensa insis- Presuntos insurgentes, sentados en la cuneta tras ser detenidos en Baquba REUTERS La defensa de los cuatro acusados sostiene que recibieron órdenes de disparar contra todo civil en edad militar te en describir como un tiro de gracia a un herido de muerte Los cuatro acusados, que se encuentran en una prisión militar en Kuwait, insisten en que actuaron en defensa propia después de que los detenidos- -capturados el pasado 9 de mayo en un supuesto campo de entrenamiento de terroristas situado en una isla al noroeste de Bagdad- -utilizasen un cuchillo oculto para cortar sus ataduras de plástico. Según las pesquisas preliminares, todo indica que los prisioneros fueron tiroteados después de hacérseles creer que se les estaba poniendo en libertad. Tras estas diligencias, equivalentes a las de un jurado de acusación, la orden de proceder con la posibilidad de muerte depende del general Thomas Turner, comandante de la 101 División Aerotransportada, con sede en la base de Fort Campbell, Kentucky. Con todo, este caso ha generado sospechas que van más allá de los soldados acusados. Ha trascendido que también se estaría investigando al coronel Michael Steele, comandante de la Tercera Brigada de la 101 Aerotransportada, por haber fomentado una excesiva violencia entre sus subordinados. El coronel Steel tiene un distinguido historial al haber sido el oficial encargado de dirigir la famosa misión de rescate en Somalia de 1993, convertida en leyenda militar con ayuda del libro y la película Black Hawk Down Durante su destino en Irak, el coronel tenía por costumbre regalar cuchillos a los soldados que matasen insurgentes. Los abogados de los soldados acusados insisten también en que ese oficial habría ordenado disparar contra todo iraquí en edad militar durante la operación del 9 de mayo. El uso de la pena de muerte en la justicia militar de EE. UU. es excepcional. Desde 1916, según el Centro de Información sobre la Pena de Muerte, un total de 135 militares han sido ejecutados. La última pena capital en la jurisdicción castrense fue aplicada en 1961 contra un soldado acusado de violar e intentar asesinar a una niña austriaca de 11 años. En lo que va de guerra en Irak, al menos unos veinte militares estadounidenses han sido acusados de asesinatos de civiles. Casos que en su mayoría han terminado en absoluciones o condenas por cargos menores. LA CIÉNAGA JOSÉ MANUEL COSTA l término quagmire (lodazal, embrollo) ha sido uno de los más inexpresables tabúes en la política norteamericana. Los americanos llegaron a identificar ese término con su frustrada intervención en Vietnam y, desde hace más de 30 años, una de las líneas rectoras de la política exterior de Washington ha consistido en evitar a toda costa regresar a una dinámica donde cualquier movimiento sólo conduce a hundirse un poco más en la ciénaga. La idea de que Estados Unidos se estaba metiendo de cabeza en esa situación al invadir Irak en la forma que lo hizo, ha venido siendo rechazada con toda vehemencia por la Casa Blanca, hasta el punto de que los comentaristas que se atrevían a utilizarla eran poco menos que tachados de traidores. Lamentablemente, y como no era di- E fícil de prever, la realidad se ha impuesto sobre los deseos estratégicos de los Rumsfeld y Cheney de este mundo e Irak se va acercando lenta pero inexorablemente hacia una guerra civil interconfesional. Las fuentes de esta impresión no son los sospechosos habituales sino el reciente informe ante el Senado de los dos generales con mayor responsabilidad en el área, John P. Abizaid y Peter Pace. Los datos son sencillamente brutales. El departamento de Defensa de Estados Unidos ha confirmado recientemente que 2.627 de sus soldados han perdido la vida en Irak, un sacrificio que no se ve compensado con una mejora de la situación: un informe encargado por el Congreso explica que los ataques han crecido en los tres últimos meses un 24 por ciento, hasta 792 a la semana, y las muertes diarias de ira- quíes un 51 por ciento, hasta cerca de 120. Sólo en junio murieron más de 3.000 personas. Aparentemente, los ataques sectarios entre suníes y chiíes han aumentado de manera espectacular (sin que hayan bajado los realizados contra las tropas extranjeras) y además se han ido extendiendo fuera de Bagdad. Bush contradice el oscuro panorama presentado por sus altos generales, pero ya no habla de victoria sino de evitar una amenaza terrorista aún mayor. Por su parte, el ayatolá Sistani, máxima figura de la comunidad chií iraquí, reconoce que ya no tiene influencia (moderadora) sobre los acontecimientos y se refugia en su función religiosa. Por el contrario, Moqtada alSadr, el belicoso líder del cada vez más potente Ejército del Mahdi, ha ido ganado prestigio entre los suyos. En la parte suni, la super- publicitada muerte del jordano Al- Zarqaui no ha servido tampoco para detener las actividades de la sección iraquí de Al Qaida y además se ha creado una red de resistencia armada ante posibles visitas de los comandos de la muerte chiíes, que luego son devueltos diente por diente. La previsión de que en algo más de un año sean las tropas iraquíes quienes se hagan con el control del país, se ha revelado asimismo ilusoria, sobre todo porque ese nuevo Ejército está peor preparado y provisto que la insurgencia. Pero también porque en el caso de empeorar aún más los enfrentamientos sectarios, la división correría por su seno. A todo esto, lo kurdos han decidido prohibir la bandera iraquí en su territorio norteño, una advertencia de secesión que Turquía observa sumamente inquieta. Sí, Irak camina lentamente hacia una guerra civil abierta y en mitad de la misma se encuentran más de 150.000 soldados norteamericanos, británicos y de otras nacionalidades. Si se quedan, no pueden esperar una victoria, sino un milagro. Si se van, será el caos definitivo y un desprestigio casi irreparable. Esto es lo que significa quagmire Esa palabra que no debe pronunciarse.