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ABC LUNES 4 9 2006 Deportes 87 MUNDIAL 2006 ESPAÑA, CAMPEONA FOTOS: DE SAN BERNARDO Fue una experiencia asombrosa comprobar la conexión que se produjo entre Pau Gasol, en el banquillo, y sus compañeros en la pista. El pívot jugó cada minuto, disputó cada rebote, anotó cada punto con la misma intensidad que si hubiera podido participar El ausente más presente TEXTO DOMINGO PÉREZ SAITAMA. La emoción se situó a flor de piel desde el primer momento. Todo empezó muy fuerte. Se había mantenido en secreto y nadie pudo evitar sentir un escalofrío cuando la megafonía anunció a España y del túnel salieron lanzados, con Jiménez a la cabeza, los jugadores españoles. No llevaban puestas, por una vez, sus camisetas reglamentarias, sino que vestían con una roja improvisada a última hora en la que se podía leer en el pecho, con grandes letras amarillas, la leyenda: Pau también juega El primer gran sorprendido fue el propio Pau, que no tenía ni idea de lo que le había preparado el resto del equipo, en una iniciativa espontánea y que llegó a aturdir al de Sant Boi. Inmediatamente detrás de ellos, incapaz de seguir su ritmo, demacrado y con un nudo en la garganta ante el detalle, uno más de cientos de ellos que han tenido con él sus compañeros, aparecía Pau. Objetivo fácil de cientos de fotógrafos. Lento, casi titubeante y muy torpe por culpa de unas muletas demasiado bajas para sus 2,15 que le obligaban a ir demasiado encorvado y que aún no es capaz de dominar. Se presentaba el gran ausente, aunque más presente que nunca. Pau, con vaqueros y enfundado en su camiseta de calentamiento, buscaba su sitio en el banquillo, el que casi nunca ocupa, la tercera silla del extremo, codo con codo con Rudy. El calentamiento lo vivió aparentemente relajado, casi posando para los fotógrafos que, una y otra vez, reclamaban su atención. El gigantesco Schortsanitis- ¡qué duelo se perdió la final! -se acercó a Pau y le abrazó mientras le deseaba una pronta recuperación y le decía cuánto le hubiera gustado tenerle enfrente en la pista. Pese a su cara de malo, este hombre de bíceps descomunales demostró una calidad humana fuera de orden. El legendario Panagiotis Yannakis, el entrenador heleno, también tuvo el gesto de aproximarse hasta el lesionado para darle su consuelo. Cuando llegó la hora de la presentación de los equipos y el locutor gritó número 4, Pau Gasol! se oyó un bien altísimo. Lo gritaron todos sus compañeros, que antes se habían abrazado a él uno a uno. Pau amagó un gesto de llanto. Un puchero se acercó hasta su boca, pero esta vez no estaba dispuesto a dejar escapar ni una lágrima. Lloró el sábado de desconsuelo e impo- Salió a la pista con unas muletas demasiado cortas y con un nudo en la garganta sorprendido por la camiseta de sus compañeros Motivado, no le faltó una palabra de aliento para cada uno, un grito en cada canasta, una lágrima tras el triunfo... tencia, pero ayer era una día para animar y ganar, no para dejarse vencer por las emociones por muy fuertes que están fueran Sin embargo, resultaba patente que le embargaba la tensión. Respiró hondo y se fundió en el abrazo habitual que los técnicos protagonizan antes de cada inicio al grito de ¡España! Por desgracia, no pudo estar en el que hacen los jugadores. Escuchó, eso sí, el himno serio y concentrado, un poco oscilante al no poder apoyar el pie. Si no fuera por ese detalle, como cuando está a punto de saltar a la cancha. Ánimos fue lo que no paró Gasol de transmitir a sus compañeros. En cada tiempo muerto tuvo palabras, choques de manos, consejos para sus amigos. Se levantaba como un resorte para dejar su sitio a los que estaban jugando. Aguantaba ahí de pie, sujetándose en los hombros de su equipo. Vivió el choque con una intensidad desproporcionada. Pero se fue al descanso con una sonrisa enorme en el rostro. Ninguno dejó de recibir algún consejo suyo. A su hermano le susurró en la oreja: Sigue así A Navarro le buscaba cada poco con la mirada. Hablan sólo con mirarse y cada vez que sus ojos se cruzaban, ambos sonreían. Y el remate final. El sujetarse los nervios. El no querer cantar victoria antes de tiempo. El beso con su hermano, que le colocó solícito la cinta de kamikaze que Reyes, Berni y Mumbrú habían comprado. El no parar de botar sobre su pierna buena: La tengo peor que la mala bromeó. El coger la Copa el primero de todos, por un error de la organización. Ya no sabía si era el trofeo de MVP o la Copa del Mundo. Todo daba igual. Éramos campeones. Se cumplía un sueño