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ABC LUNES 4 9 2006 81 Agassi cae en el US Open y pone punto final a una carrera que le coloca entre los grandes del tenis Valverde ya es líder de la Vuelta después de ser segundo en la etapa reina, que se adjudicó Vinokourov La selección española al completo celebra, con el oro colgado al cuello y la Copa en manos de Pepu, el éxito alcanzado en la final del Mundial DE SAN BERNARDO SAITAMA. Carlos Jiménez se vació. Jugó el partido más enorme de su carrera, y eso que es bien larga. Se multiplicó. Lo dio todo. Y cuando se encontraba en el banquillo, a dos minutos del final, empezó a llorar. Las lágrimas no paraban de salir de sus ojos. Se tapó la cara como si le diera vergüenza. Pero lloraba por él, por el éxito, pero también por esa mujer que dejó casi en el paritorio y por ese hijo, el primero, al que casi no conoce. El sacrificio había merecido la pena. Uno a uno, todos sus compañeros pasaron a darle un achuchón, un beso, a hacerle una caricia en el pelo. Su capitán les había llevado hasta el oro en un partido de ensueño. Un choque en el que además Jiménez entraba un poco más en la historia que los demás. Se convirtió anoche en el baloncestista español con más medallas. El madrileño sumó su cuarto podio. Puso un broche de oro para superar a un trío legendario, el formado por Epi, Fernando Arcega y Alfonso Reyes, que atesoran tres metales cada uno. Jiménez se apuntó su primera medalla en el Europeo de 1999. Una plata que llegó tras salvar el cruce a la segunda El gran capitán tuvo ayer premio doble. Un oro y una distinción: la de haberse convertido en el jugador que más medallas se ha colgado al cuello en la historia de nuestro baloncesto Carlos Jiménez, el coleccionista TEXTO D. PÉREZ fase casi de carambola y que fue obtenida al perder en la final contra Italia. Por entonces vivía sólo su segunda temporada como internacional, pues debutó en el Mundial de Atenas 98. En aquel Eurobasket disputó 14 minutos, logró 2,7 puntos, cogió 3,1 rebotes y dio 0,3 asistencias de media. El alero, flamante fichaje del Unicaja, aumentó su cuenta dos años más tarde. Se colgó el bronce en el Europeo de Turquía 2001 al vencer a Alemania en la lucha por esa presea. Entonces sus cifras fueron: 11 minutos, 2,3 rebotes, 0,1 asistencias y 2,7 puntos de promedio por encuentro. Tras el disgusto de Indianápolis 2002 (quintos) llegó el consuelo de la plata del Europeo de Suecia 2003, obtenida después de caer en la final ante Lituania contundentemente. Para entonces, su importancia en el esquema del equipo era determinante. Ya se había ganado una justa fama de ser el mejor alero alto defensivo del continente y sus estadísticas en esta ci- ta arrojaron las siguientes cifras: 22 minutos, 5,8 rebotes, 1,2 asistencias y 4 puntos por choque. Y, por supuesto, una cantidad enorme de trabajo que no queda reflejado en la frialdad de los números. ¿Cómo se pueden valorar sus ayudas, sus punteos a los tiros, sus palmeos, sus bloqueos, sus ánimos, su intensidad. Todo lo que ayer volvió a derrochar. Características que le han convertido en capitán y, en contra de su gusto, en protagonista aquí en Japón al entrar con letras doradas en la historia del baloncesto por ser el español más laureado. Sus antecesores en esta distinción fueron Juan Antonio San Epifanio, Fernando Arcega (plata en el Eurobasket de Nantes 83 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84, y bronce en el Europeo de 1991) y Alfonso Reyes, con las tres mismas primeras medallas de Carlos Jiménez. Pero esta relación de triple- medallistas se ve ampliada con cuatro nuevos nombres. Los de Felipe Reyes, hermano de Alfonso; Juan Carlos Navarro, Pau Gasol y Jorge Garbajosa, que han protagonizado los tres últimos podios españoles.