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ABC LUNES 4 9 2006 Sociedad 53 Medio Ambiente La contaminación por el crecimiento industrial reduce drásticamente la luz del sol en China El humo de las chimeneas genera una bruma que absorbe los rayos del astro rey b Un estudio desvela que la radia- ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO ción solar ha disminuido 3,7 vatios por metro cuadrado en cada década desde 1950 al multiplicarse por nueve las emisiones contaminantes PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Hace tiempo que el sol dejó de verse en buena parte de China. Concretamente, desde que las reformas económicas iniciadas en 1978 dieran lugar a un desenfrenado crecimiento industrial que ha convertido al país en la fábrica global y ha sacado de la pobreza a 300 millones de personas, pero que ha causado un fuerte daño ecológico. Este frenético desarrollo, nada sostenible, ha afectado principalmente a las grandes ciudades y a la costa. En dichas zonas, el sol apenas resulta ya visible y una neblina grisácea, que carga el ambiente y es capaz de provocar mareos, dolores de cabeza y hasta problemas respiratorios o asma, ocupa el cielo la mayoría de los días, absorbiendo o rebotando los rayos solares e impidiendo que el astro rey haga acto de presencia pese a la ausencia de nubes. AVE DE ALAS TRANSPARENTES l charrán tiene las alas traslúcidas y blancas, de un blanco puro, de un blanco helado, muy parecido al de la gaviota cana que sobrevuela los osos polares del Ártico. Pasa por Asturias y Galicia estos días el charrán de alas transparentes, y forma bandos que se adentran en los puertos y en las playas y, sobre el verdor del monte, y sobre el azul del mar, se ven unas manchitas blancas, que son los charranes. Cuando pasan por encima y se recortan contra el cielo, se aprecia su cola ahorquillada, como la de una golondrina, y la transparencia de sus alas. También se oye su voz chirriante, chirrí- chirrí- chirrí, que da origen a la onomatopeya de su nombre. Desde el Ártico vienen algunos charranes pues son las aves que poseen el récord de los recorridos anuales migratorios: 80.000 kilómetros. Vuelan hacia la Antártida, donde termina el invierno y comienza la primavera, por lo que se podría decir que los charranes pasan su vida migrando hacia la luz, hacia donde los días se alargan. Algo luminoso y transparente nos sobrevuela cuando pasan los charranes, al final de ese no pensar en nada, en el mar, que es el verano. E El humo de las chimeneas provoca una bruma que se traga la luz del sol PABLO DÍEZ Reducción de la radiación solar Tan deprimente panorama se ha visto corroborado por el estudio realizado por grupo de científicos norteamericanos del Laboratorio Nacional del Pacífico, quienes han concluido que la radiación solar ha menguado 3,7 vatios por metro cuadrado en China durante el último medio siglo. En condiciones normales, este fenómeno se atribuiría a un aumento de la nubosidad en el país pero, paradójicamente, los investigadores han descubierto que el número de días nublados también ha disminuido. Para ello, han analizado los datos proporcionados por 500 estaciones meteorológicas repartidas por todo el coloso oriental, que han recogido los niveles de radiación solar y de nubosidad desde 1954 hasta 2001. La polución resultante de la actividad humana podría haber creado una bruma que absorbe y desvía los rayos del sol explicó a la revista Geophysical Research Letters Yun Qian, uno de los autores del artículo. No en vano, la emisión de gases contaminantes a la atmósfera se ha multiplicado por nueve durante los últimos 50 años en China. Los principales agentes contaminantes son las plantas de carbón que pueblan el país- -suministran el 80 de la electricidad que requiere su desbordado consumo energético- el humo de Menos calentamiento global, pero más riesgo de sequía La neblina perenne que envuelve las urbes del gigante asiático también ha amortiguado el calentamiento global que sufre el planeta Tierra al eclipsar la luz del sol, incapaz de llegar a la superficie. Pero lo que, en principio, podría parecer un efecto positivo se revela como un arma de doble filo porque, al disminuir los rayos solares, se impide también la evaporación del agua y la formación de nubes que descarguen lluvia sobre la zona afectada. A este evidente riesgo de sequías en el futuro se suma, además, el rápido avance de la desertización en China, que ya cubre el 27 de su territorio y erosiona cada año 2.460 kilómetros cuadrados del gigante asiático. las chimeneas que desprenden las cada vez más numerosas fábricas y los coches que han proliferado por la mejora de la calidad de vida, que no suelen cumplir las normas internacionales de protección medioambiental. Igual de nocivas resultan las obsoletas calderas de la calefacción y el polvo que desprenden las omnipresentes obras de construcción, que se han convertido en un elemento más del paisaje en esta China donde la tasa de urbanización ha pasado del 28 registrado en 1993 al 41,7 de 2004. Por todo ello, el gigante asiático es ya el primer emisor del planeta de gases de efecto invernadero al liberar el año pasado a la atmósfera 25,49 millones de toneladas de dióxido de azufre. Debido a este aumento del 27 con respecto al año 2000, la lluvia ácida provocada por el azufre afecta a 298 áreas urbanas y cubre el 30 del territorio. La situación es alarmante porque, según el Banco Mundial, 16 de las 20 ciudades más contaminadas de la Tierra se encuentran en China, donde el 27 de las 341 mayores urbes y 116 millones de personas padecen unos niveles de polución en el aire muy peligrosos al tiempo que el 70 de los ríos y lagos están seriamente degradados y 300 millones de habitantes no tienen agua potable. Además de causar la muerte de 400.000 personas al año por enfermedades pulmonares y cardiovasculares, la contaminación amenaza con hipotecar los gastos sanitarios en el futuro y colapsar el altísimo crecimiento del coloso oriental, puesto que los costes medioambientales ya representan el 10 del Producto Interior Bruto. Como consecuencia, la fuerte dependencia del proceso industrializador y la escasa cuantía de las multas por contaminación, que son como máximo de 100.000 yuanes (10.257 euros) dibujan sobre el futuro de China unos nubarrones tan oscuros como los cielos que hoy día ya cubren sus ciudades.