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30 Internacional LUNES 4 9 2006 ABC AMANECER ZULÚ a película Zulú forma parte de mi mitología infantil. Cuenta la historia de una pequeña guarnición británica asediada por guerreros zulúes en Suráfrica. Mis simpatías de niño, por supuesto, estaban con esos pintiparados guerreros negros con sus plumas blancas y escudos de fantasía, que iban al combate entonando emocionantes cánticos. Los británicos, la verdad, eran unos aburridos. Pero lo que me llamó la atención de aquella película era que cada británico del cuartel era un personaje tan definido que parecía de la familia, en tanto que los zulúes eran sólo una horda interminable de negros pintureros que clamaban: ZuALBERTO lúuu, mienSOTILLO tras iban al matadero. O sea, que el hombre blanco siempre es persona real y definida, mientras que el zulú es visto sólo como una amenaza anónima, sin rostro ni alma. No es literatura. Si en el mar apareciera un barco con los cadáveres de cien ciudadanos alemanes o suecos, la conmoción sería universal y probablemente digna de figurar en las primeras páginas del mundo entero. Las reiteradas noticias de los cayucos cargados con subsaharianos muertos o extenuados, en cambio, no merece ninguna atención fuera de España. Y apenas mueve a la racanería de nuestros socios europeos. Porque uno de los principales problemas a los que se enfrenta África es que apenas es considerada más que como un inmenso vacío en buena parte de las instituciones internacionales. Un vacío y una interminable cáfila de zulúes que amenazan con desembarcar en nuestras costas. Y una de las condiciones imprescindibles para el desarrollo de ese continente es su integración en una economía mundializada. En las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por ejemplo, hay interminables discusiones sobre el dumping en los países asiáticos o las subvenciones en los Estados desarrollados. Pero apenas se dedica ninguna atención a los medios posibles de integración de las economías de numerosos países africanos en el negocio mundial. En la OMC, como en las grandes instituciones económicas y financieras internacionales, África es un vacío zulú No es sólo cuestión de dirimir si se eliminan las subvenciones a la agricultura. Éstas pueden ser parte del problema, pero nada más. Los países del sureste asiático han sabido salir adelante por más subsidios al arroz que ha habido en Europa. Desde luego, no es éste el lugar para buscar la receta que les permita salir de pobres. Pero el éxito de los Estados del sureste asiático ha estado en buena parte en su habilidad para integrarse en una economía mundializada y aprovechar todas sus oportunidades. La situación de partida es mucho más ingrata para el África subsahariana. Aunque no sólo porque sobrevivan sobre economías de subsistencia, sino porque a veces parece que, sencillamente, no existen para el resto del mundo. L Un soldado hebreo asiste a un árabe- israelí después de que éste perdiera a su mujer y dos hijas en un ataque AFP Préstamos por daños de guerra sólo para judíos, no para árabes israelíes Un ministro será llevado ante los tribunales por discriminación racista b Comercio e Industria se dispo- ne a conceder créditos obtenidos de donaciones exteriores a los propietarios de negocios dañados en el norte del país HUGO MEDINA. SERVICIO ESPECIAL JERUSALÉN. Israel es el reino de la discriminación para los que no son judíos. El himno nacional se refiere únicamente a los hebreos y existe un consenso que ignora el voto de los diputados árabes en decisiones que den forma al futuro de Israel como un Estado sionista y judío en palabras de Yehezkel Dror, profesor de derecho en la Universidad Hebrea. Las leyes y normas discriminatorias florecen por doquier, impregnan toda la sociedad y conculcan numerosos derechos básicos de los ciudadanos no judíos, que son en realidad ciudadanos de segunda clase. Sus tarjetas de identidad, por ejemplo, están marcadas con números especiales que indican que no son hebreos y no se les permite comprar casas en numerosas poblaciones o en barrios enteros de las grandes ciudades de Israel. La última discriminación consiste en que una institución oficial concede créditos a los ciudadanos del norte que se han visto afectados por la guerra con Hizbolá, pero los préstamos están dirigidos exclusivamente a los judíos. Dichos préstamos los conceden los Centros de Promoción Empresa- rial, un órgano que depende de la Organización de Negocios Pequeños y Medianos, que a su vez depende del Ministerio de Comercio e Industria. Se trata de préstamos de hasta 10.000 euros que se devuelven en 40 meses sin interés alguno. Éstos beneficiarán sólo al 48 por ciento de la población, los que son hebreos en la Galilea, y excluyen al 52 por ciento restante- -aunque también posean negocios- y todo por por no profesar la ley de Moisés. Condición de los donantes La decena de diputados árabes que hay en la Kneset (Parlamento) han denunciado estos créditos racistas pero no existe ninguna posibilidad de que el Ministerio de Comercio e Industria cambie de opinión. Los criterios que rigen los préstamos favorecen y encumbran la cultura de la discriminación racista que prevalece en Israel como una norma social aceptada, esta vez disfrazados bajo la excusa de que son los donantes quienes han puesto las condiciones explicó el diputado árabe Azmi Bishara. El Ministerio de Comercio e Industria, que está en manos del diputado ultraortodoxo Eli Ishai, ha emi- tido un comunicado que confirma que las normas que han puesto los donantes del fondo indican que los créditos tan sólo pueden concederse a judíos. Bishara ha denunciado que un gran número de propietarios árabes de pequeños negocios afectados por la guerra en la Galilea se han dirigido al Ministerio para solicitar los préstamos, pero los funcionarios les han contestado que los créditos no son para ellos. Muchos negocios pequeños de árabes se están viendo obligados a cerrar a causa de esta discriminación, puesto que la guerra ha afectado por igual a los negocios que son propiedad de árabes que a los que son de judíos explicó Bishara. Dos sistemas jurídicos El Ministerio de Comercio e Industria argumenta que los donantes del fondo son ciudadanos de Estados Unidos de origen hebreo, que han puesto como condición inexcusable que los créditos vayan a parar a judíos. Algunos comerciantes árabes han decidido llevar a los tribunales al Ministerio, aunque son conscientes de que no hay posibilidad alguna de que los jueces les den la razón. Lo más probable es que en este caso, como ha ocurrido en otros similares, los magistrados busquen algún razonamiento que justifique la discriminación de los propietarios árabes de la Galilea, puesto que en Israel existen claramente dos sistemas jurídicos, uno para los judíos y otro para los que no lo son. El Gobierno argumenta que los donantes del fondo son estadounidenses que así lo han exigido