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58 Cultura DOMINGO 3 9 2006 ABC TOROS BAYONA Un toro y una faena (de Perera) entre mansos ZABALA DE LA SERNA BAYONA (FRANCIA) La amplia corrida de Charro de Llen, con tres últimos toros de gigantescas proporciones, manseó tanto que puso a prueba la paciencia de los toreros. Sólo un toro alcanzó el calificativo de bueno, el tercero, de nota también en el caballo. Bien y mejor pareció en manos de un asentado y sobrio Miguel Ángel Perera, que siempre lo empujó hacia delante en el tramo último de final de muletazo. Faena mandona de perfecta técnica, rematada con un arrimón y una soberana estocada, un zambombazo en todo lo alto que desató la pasión hasta las dos orejas, con algunas discrepancias. Perera se emperró en hacer algo con el rajado sexto, que se volvía al revés. Se podía haber ahorrado un aviso, todo lo más. José María Manzanares se esmeró en cuidar en varas al más terciado del sexteto, que se desplazó en el capote sin mal aire. Pero en banderillas cambió radicalmente, y ya en el primer muletazo regateó la tela en busca del torero. Una prenda. Manzanares no se aburrió ni se impacientó con el mansote quinto, hasta que le sacó notables muletazos sobre las dos manos, especialmente sobre la izquierda. Los de pecho fueron para enmarcarlos. Sólo le sobró una serie, la justa para que el toro se le rajase y se le pusiese complicado para matar. Al hilo de las tablas lo consiguió tras un aviso. Le ovacionaron, aunque antes le habían recriminado, absurdamente, que ejecutase el volapié tan pegado a la madera, como si fuese algo ilegítimo. Bueno, pelillos a la mar, pese a que también aplaudieron en el arrastre toros como el rajado cuarto, al que Juan Bautista trató de interpretar con cabeza hacia los adentros. Sacó pases meritorios a favor de querencia. Bautista resolvió con facilidad con la espada, como con el bruto y basto primero, que embestía con todo, sin clase ni ritmo. Así repitió mucho, y el torero francés lo libró siempre con la muleta colocada. La petición quedó en una sólida vuelta al ruedo. TEATRO La calumnia Autora: Lillian Hellman. Versión y dirección: Fernando Méndez- Leite. Escenografía y vestuario: Javier Artiñano. Iluminación: Alfredo Medina. Intérpretes: Cristina Higueras, Fiorella Faltoyano, Carolina Lapausa, Teresa Cortés, María del Puy, César Díaz y Amparo Alcoba. Lugar: Teatro Muñoz Seca. Madrid. MÁSCARAS DE LA MALDAD JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN Silverio Pérez, en la confirmación de alternativa de Manolete en México en 1945 ABC Muere Silverio Pérez, El Faraón de Texcoco Era el decano mundial de los matadores G. LEAL J. L. SUÁREZ- GUANES MÉXICO D. F MADRID. Silverio Pérez, decano mundial de los matadores de toros, ha muerto a los 91 años en su domicilio mexicano de Pentecostés. El Faraón de Texcoco llenó de gloria las páginas del toreo a finales de los 30 y durante la década de los 40. Su sentimiento, su personalidad, su valor y su toreo cadencioso lo convirtieron en un torero, torerazo como reza el pasodoble que le escribió Agustín Lara. Supo condensar el misterio del trincherazo de Domingo Ortega y la gitanería de Cagancho. Se doctoró el 6 de noviembre de 1938 en Puebla, de manos de Armillita Chico, con quien le unió una gran amistad, al igual que con Manolete. Precisamente a Manuel Rodríguez le confirmó su alternativa en La México, además de compartir con él el primer mano a mano celebrado en la Monumental capitalina, el 17 de febrero de 1946, cuando Silverio cortó el primer rabo concedido en el coso azteca. Silverio Pérez llegó a España en 1935 para actuar en la presentación de Manolete en la plaza de Tetuán de las Victorias. Una temporada más tarde se rompió el convenio hispano- mexicano y regresó a su país, donde fue una gran figura. Su faena al toro Tanguito en 1943 en la plaza de El Toreo pasó a la historia. Se retiró en 1953. Su hermano Carmelo Pérez, novillero punterísimo que todo lo basaba en el valor, murió en España a causa de una cornada gravísima sufrida en México en 1930. Convaleciente, vino a cumplir su único compromiso, en Toledo, pero no superó las consecuencias del percance mexicano. La salud de Silverio, conocido también como el Monarca del Trincherazo, comenzó a mermar hace un mes a raíz de una fractura de fémur hasta que su fuerte organismo, ese que aguantó ocho cornadas y más de quince operaciones, cedió. Sus restos mortales fueron incinerados ayer en medio del cariño ganado a pulso en los ruedos y en la calle con su humano carácter. Palencia: El Fandi y Doyague triunfan con encastados fuenteymbros JAVIER LÓPEZ HERNANZ PALENCIA. El local Carlos Doyague salió a hombros en su alternativa en Palencia, acompañado de El Fandi y el mayoral de Fuente Ymbro, que lidió una encastada corrida. Doyague desorejó al noble sexto en una faena en la que dibujó naturales espléndidos, aunque faltó emoción, porque el toro se acabó pronto. En el del doctorado perdió los trofeos por el descabello después de una labor notable, en la que hubo armonía y elegancia. Dio una vuelta al ruedo. El Fandi cortó las dos orejas al excelente quinto por una faena pulcra y ligada. Masacró en el caballo al tercero, que acabó siendo un marmolillo en una actuación sin historia. El Juli se vio desbordado por la casta del segundo y se centró más con el potable cuarto en una faena intermitente. Silencio y oreja tras aviso. Por otra parte, en la Feria de Valladolid, novillos de Guadaira; el sexto premiado con la vuelta al ruedo. Raúl Alonso, palmas y oreja. Daniel Luque, oreja y oreja. Juan Antonio Siro, saludos y dos orejas. En Ejea (Zaragoza) toros de Marqués de Domecq. Finito, pitos y silencio tras aviso. Puerto, oreja y oreja tras aviso. Castella, oreja y oreja tras aviso. En Guijuelo (Salamanca) novillos de Montalvo. Julio Benítez, silencio y oreja. Ángel Teruel, cuatro orejas. Palomo Linares, silencio y oreja. En Moralzarzal (Madrid) el mayoral de Victorino, El Cid (oreja y oreja) y Bolívar (tres orejas) salieron a hombros; Encabo fue ovacionado. ras un breve paso por el Teatro Albéniz, regresa los escenarios madrileños este montaje de una obra de esas que encienden los comentarios de las plateas. Las máscaras que adopta la maldad, la injusticia flagrante, la fuerza de los rumores malintencionados y otros elementos candentes provocan la reacción cómplice del público, que, al menos en la función del jueves a la que asistió quien firma estas líneas, llenaba el Muñoz Seca e hizo con sus aplausos que el telón se alzara varias veces al final de la representación. Lillian Hellman- -una de las grandes voces femeninas del teatro norteamericano contemporáneo- -escribió en 1934 La hora de los niños pues ese es el título de esta pieza, aunque se ha escogido el más popular de la segunda adaptación cinematográfica que dirigió el gran William Wyler en 1962, algo más explicita aunque no mejor que la que, con el título de Esos tres había rodado en 1936. Muestra del teatro realista y de gran carga social de su autora, la obra narra el proceso de linchamiento público que sufren dos amigas propietarias de un internado para señoritas cuando una de sus pupilas, despechada por haber sido castigada, las acusa falsamente ante su acaudalada abuela de mantener una relación lésbica. La calumnia es una obra sobre el poder social de la mentira, malignamente apoyada en verdades a medias, envuelta en insinuaciones y sobrentendidos, que arraiga en terrenos abonados por el fariseísmo social y en ánimos predispuestos a pensar siempre lo peor del prójimo; y es también una reflexión sobre la facilidad con que un golpe certero puede quebrar sentimientos aparentemente sólidos. Como un virus, la mentira malvada infecta las relaciones, instala un ápice de desconfianza y deja una marca indeleble aún después de ser desenmascarada. Fernando Méndez- Leite dirige con sobriedad y limpieza la función, que se sustenta en el eficaz tono medio de la interpretación. El público, ya se ha dicho, sigue con gran interés el argumento y ovaciona calurosamente a los actores, en especial a la odiosa jovencita- ¡qué niña más heavy! decía sin poderse contener una espectadora cercana- -encarnada por Carolina Lapausa. T