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ABC DOMINGO 3 9 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA CONTAR LO QUE FUIMOS I los franceses hubieran tenido un Siglo de Oro como el español, no quedaría sitio en Europa para esconderse de su orgullo histórico. Con la mitad del esplendor imperial de los Austrias, Dumas, Rostand y otros colegas construyeron en el XIX un génerode falso historicismo de aventuras al que el impulso chauvinista convirtió en una moda universal. Y qué decir de los americanos, que de su confusa colonización del Oeste, un proceso de sórdida violencia salpicada de episodios genocidas, supieron crear una épica cinematográfica capaz de acuñar fabulosos arquetipos de heroísmo en medio de toda una poética del paisaje. En España, sin embargo, salvo las torpes glorificaciones del franquismo a IGNACIO la menor gloria de su ramCAMACHO plona retórica, hemos despreciado siempre ese filón del pasado en el que quizá se halle el ADN de nuestro fracaso colectivo; nos excita más la tragedia visceral y cainita de la Guerra Civil, tan fácil de manipular política o ideológicamente. Quizá haya que buscar en el clamor de esa ausencia el éxito de la saga de Alatriste Pérez Reverte, que es nuestro Dumas, le ha echado una mirada melancólica y pesimista a la trastienda velazqueña del brillo de la Corte, y se ha encontrado con un país en bancarrota moral y financiera sobre el que rastrear la pista de la identidad sentimental de esta vieja nación, de su mezcla apasionante y convulsa de sacrificios heroicos y miserias mal disfrazadas, de generosos arrojos trufados de impulsos canallas, de orgullosas bravuras estériles que desembocan indefectiblemente en una dignísima derrota. Esos demonios eternos, atrapados primero en la narrativa por el incontestable pulso delescritor puro que es Reverte, cruzan ahora los cines abarrotados de la nueva temporada en una cinta vistosa y atractiva que quizá no sea una gran película- -sin quizá: no lo es- pero resulta sin duda una gran historia. Porque es nada menos que una incursión por nuestra Historia, por el núcleo duro de las claves de nuestro pasado común. Una incursión oblicua, parcial y segmentada, pero casi inédita en medio del fragor fatigoso y garbancero de tanta guerra civil repetida hasta el hastío en un ritornello sin final. Una incursión necesaria, imprescindible en el espíritu de una nación que lleva siglos buscándose a sí misma en el escenario equivocado de una memoria blanda, complaciente o parcial. El momento crucial de esta película inexcusable es esa frase que, ya cercano el final, pronuncia ante el protagonista Íñigo Balboa un extenuado combatiente de los Tercios a punto de rendir tributo de sangre, honor y derrota en la llanura de Rocroi: Cuenta lo que fuimos Ésa es exactamente la tarea por hacer en medio de esta inútil epidemia revisionista forzada por el virus del sectarismo. Contar lo que fuimos, desde el principio, sin miedo al reflejo especular de nuestro dolor, ni de nuestra decepción, ni de nuestra grandeza. Menudo punto de partida para una verdadera Ley de la Memoria Histórica. S PUES ESTO ES LO QUE HAY A apunté a su reciente muerte que era como un Príncipe de Lampedusa en la desembocadura del Guadalquivir. Escribió en verso y dijo en pregones un secreto Gatapardo andaluz del río, la marisma, el Coto de Doñana, el pinar, la viña, la bodega, el toro, el caballo, la romería, la cofradía, la cacería, la amistad junto a una copa de oloroso, la hombría de bien de la gente del campo. Era caballero calatravo y maestrante de Sevilla. Y más que nada, poeta del campo andaluz. En la línea de Manuel Halcón, de Fernando Villalón, de los hermanos Cuevas, de Mario López, de Muñoz Rojas. Y, además, primo carnal de Rafael de León. Un León con Grecia y Roma en vez de Quintero y Quiroga. Se llamaba Antonio de León y Manjón. Su nombre se pronunciaba Toto León. Toda la gracia del mundo. Como cuando se presentó a procurador en Cortes por Cádiz, con aquel lema: No seas mamón y ANTONIO vota a Toto León Y como su adverBURGOS sario por la provincia en aquellas elecciones orgánicas era Álvaro Domecq, este otro: Si te quieres quedar sin comer, vota a Álvaro Domecq; si quieres comer jamón, vota a Toto León Toto está enterrado en los Capuchinos de Sanlúcar. Como en una novela romántica con miriñaques y landós: junto a una institutriz francesa de los Duques de Montpensier, que murió a los 19 años cuando la Corte Chica isabelina veraneaba a la vera del Guadalquivir. Y se ha hecho verdad lo que decían las coronas cuando le dieron leve romana tierra andaluza: Tus amigos no te olvidan Este primer verano de ausencia lo han echado tanto de menos en Vistahermosa, que su sobrina Isabel León nos reunió para que fijemos el modo en que literariamente su memoria siga viva. La reunión, junto a retamas de camaleones y pinos de chicharras, fue como una sesión necrológica con la misma alegría de Toto. La risa como obituario. Fueron contadas en parte sus anécdotas Y completas, utilísimas para navegar los tiempos que corren. Como la del patrimonio artístico de su cofradía jerezana. Le hablaba insistentemente Toto en la playa a un catedrático de Historia del Arte de Madrid sobre el valor de cierta talla de su cofradía. En la apasionada devoción de Toto, la talla era por lo menos de Montañés. Una maravilla. Tanto interesó al catedrático la imagen, que Toto lo llevó a Jerez para que la conociera. El experto comprobó con sorpresa que era una imagen de escaso mérito, que por supuesto no era de Montañés; vamos, ni del montañés del tabanco de la esquina. Con toda franqueza, le dijo a Toto: ¿Y tanta devoción hay por esta imagen, Toto? Pero si es muy pequeña, y además, no es ni mucho menos montañesina... A lo que Toto, encogiéndose de hombros y abriendo sus generosas manos, comentó resignado: -Pues esto es lo que hay... Como nosotros en la evocación amistosa del poeta sanluqueño, la realidad hace una constante rememoración de su frase sobre la imagen jerezana. Estamos en la España del pues esto es lo que hay Se han arrancado la pegatina del no a la guerra y a los ex pacifistas de la retirada de Irak les ha entrado tal ardor guerrero, que sin venia parlamentaria mandan los tercios de Alatriste hasta el Flandes del Líbano, para que en los dominios de Zapatero no se ponga el sol. Pues esto es lo que hay. Virtuosos en el arte demagógico de dar la vuelta al calcetín, a la claudicación del Estado de Derecho ante la ETA le llaman proceso Pues esto es lo que hay. Al incumplimiento de sus promesas pacifistas de la retirada de tropas le llaman operación de paz Pues esto es lo que hay. Y la llegada de inmigrantes, a los que ahora llaman irregulares por culpa del efecto llamada tiene que solucionarla Europa. Pues esto es lo que hay. Y así sucesivamente. Y los españoles, con su indiferencia, resucitan un adjetivo clásico y racial: pancistas Pues esto es lo que hay.