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ABC SÁBADO 2 9 2006 Deportes 85 MUNDIAL 2006 Mientras la roja de Gasol se agigantaba para meterse en la final del Mundial, la roja de Raúl llegaba a Badajoz con tiempo de ver por televisión los últimos minutos del partido SEMIFINALES LOCOS CON ESPAÑA Luis Aragonés No hay que hablar de envidia sana o no sana. Reconozco un buen quehacer y punto. A esa selección la ves y dices qué buena es pero lo mismo que cuando veo tenis y veo jugar a Nadal y digo ¡qué bueno es este cabrito! Nosotros somos séptimos en el ránking de la FIFA, lo que pasa es que ahora sólo nos fijamos en el último torneo y ahí no hicimos nada Fernando Torres Les felicito por el magnífico campeonato que están haciendo y les deseo toda la suerte del mundo en la final. Volverán con el título la mayoría se enchufó a La Sexta, porque los hay adeptos al deporte de la canasta como Raúl, Casillas, Cesc... pero sólo unos pocos se quedaron en una sala del hotel donde había una televisión puesta con el partido en directo. Luis y tres jugadores, mientras España le recortaba la diferencia a Argentina, afrontaban su presencia ante los periodistas. La pregunta al respecto era inevitable y el seleccionador intentó salir del paso como mejor pudo. ¿Envidia sana de la selección de baloncesto? No hay que mezclar un deporte con otro. Los del baloncesto son buenos. Lo mismo que es bueno Nadal y cuando le veo digo ¡qué bueno es este cabrito! De la selección también digo que es buena Tiene razón Luis. Mejor no comparar porque desde la distancia, aquél y éste equipo parecen estar en las antípodas. No ya porque uno gane y el otro pierda, sino por todas las sensaciones que desprenden y que a un futbolero empedernido, como quien esto escribe, no le hacen sentir una envidia sana, sino tener una enorme admiración por esos chicos que han dejado de tocarse el culo para celebrar una canasta como siempre se ha dicho con maldad desde el mundo del fútbol, a chocar sus hercúleos pechos para celebrar una medalla y hacer el corro de la patata versión siglo XXI después de haber dado la enésima lección de orgullo y profesionalidad. Y como lo prometido es deuda, valgan estas líneas para cumplir con el compromiso verbal adquirido con el presidente de la Federación Española de baloncesto, José Luis Sáez- ¿lo cambiamos por Villar y lo que pidan? que antes de salir para Japón me aseguró en el asador Txistu que iba a tener que escribir de baloncesto porque España iba a estar en la final. Y como es un hecho, se escribe y no pasa nada. Y si pasa, se le saluda. Que para eso van a ser campeones. De envidia sana, nada: enorme fascinación ENRIQUE ORTEGO BADAJOZ. Lo dicho, de mayor quiero ser Domingo Pérez. ¡Ayyy, mi querido Nano, cómo te envidio! Pero envidia de verdad. Envidia cochina. Ni sana ni leches. Todo lo que tocas lo conviertes en oro. O en plata. Que para el caso es lo mismo. Sobre todo si lo comparamos con nosotros, los del fútbol, cuando de la selección se trata. De la arcilla de Roland Garros, desde donde has escrito de tantas hazañas tenísticas de la Armada saltas al parqué de Saitama y te sientas delante del ordenador con las pulsaciones a mil, pero sabiendo que vas a escribir de una victoria épica, la de ayer, y que, en el no va más, vas a escribir para ABC la final de un Mundial con la camiseta puesta en el corazón porque juega España con ñ El destino es veleidoso. Y ha querido que el gran éxito de la roja de Gasol y su panda de amigos coincida con un partido de la roja de Luis y su corte de desengañados, entre los que nos podemos incluir los que casi, casi, llevamos media vida esperando que llegue el día de nunca jamás. Viajaron Luis y sus hombres hasta Badajoz en traje de faena. Es decir, en polo y chándal. Como el vuelo salía a las once e Iberia no se portó mal del todo, antes de despegar el comandante anunció que Grecia había derrotado a EE. UU. Se celebró más en las primeras filas, donde viajaban los periodistas, pero desde el final llegó un murmullo de aprobación. Pendientes de Japón y la canasta Poco más o menos cuando los jugadores llegaron al hotel comenzó el partido de la otra roja la que gana. Todos subieron a sus habitaciones y poco después bajaron al comedor para regresar rápido a su guarida. Cabe suponer que