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82 Deportes SÁBADO 2 9 2006 ABC MUNDIAL 2006 ASÍ JUGARON SEMIFINALES CALDERÓN No tuvo la capacidad de otros partidos para desbordar. Defendió bien. Su duelo con Pepe Sánchez y Prigioni quedó muy igualado. Estuvo algo por debajo de su nivel. Aprobado. NAVARRO Negado en ataque (1 de 7 en tiros de campo) No pudo con Ginóbili. Tuvo la honradez de, al ver que no era su día, trabajar para el equipo. Destacan por eso sus cinco asistencias. Aprobado. CARLOS JIMÉNEZ Como siempre, ejemplo de pundonor y sacrificio. Su colaboración en el rebote (nueve capturas) fue decisiva para empezar a levantar el vuelo en la primera parte. Notable. GARBAJOSA Gran trabajo de secante sobre Scola. Ganó a su par en defensa y en ataque. Muy listo, muy hábil y efectivo. España vivió en muchas fases de sus puntos. Algo fallón en tiros de dos. Notable. PAU GASOL Empezó algo perdido, dejándose robar muchos rebotes por Oberto. Acabó sometiendo a todos sus marcadores. Fue imparable. Se fajó como un coloso. Sobresaliente. RUDY FERNÁNDEZ Tendría que haber jugado algo más. Dio más nivel que Navarro. Con él, España corrió. Fue la clave de la recuperación y el hombre que cazó el rebote decisivo evitando un palmeo. Notable. Este dormilón empedernido, tranquilo y pausado como buen tinerfeño, se transforma con un balón en las manos. Disfruta. Y cuanto mayor sea el reto, mejor se lo pasa Sergio Rodríguez se doctora TEXTO D. PÉREZ SAITAMA. A sus 19 años, Sergio Rodríguez se doctoró con la selección. No es ningún novato. Ya estuvo en el Eurobasket del año pasado pero allí, a las órdenes de Mario Pesquera, apenas jugó. Era el tercer base en términos absolutos. El chaval que estaba aprendiendo. Para muchos fue un desperdicio de talento y para otros, lo lógico. Este año se volvió a ganar la convocatoria. Pepu Hernández no ha repartido galones. Bueno, sí. Calderón es claramente el titular y sus minutos de descanso se los disputan entre Cabezas y Sergio casi al milímetro. Hasta ayer, Carlos había jugado una media de diez minutos por partido y el muyayo co- mo todos le llaman, nueve. Total, que ni en Belgrado ni en Japón, Sergio había hecho honor a su justa fama. La que se ha ganado siendo un precoz base titular en la ACB (Estudiantes) Y la que le ha llevado a fichar para la campaña próxima por Portland Le faltaba, en cualquier caso, una actuación que le doctorase en el equipo nacional, y por fin se produjo. Fue ayer. En el partido más importante, quitando el de mañana, de los últimos 22 años de historia del baloncesto español (desde la final de Los Ángeles) Pues bien, en este momento clave, con la final en juego, en un partido bronco y complicado, llegó su momen- to. A 1: 56 para la conclusión del primer cuarto y perdiendo por 10- 18, Pepu se giró. Le miró a los ojos y le dijo: Sales Una orden que a otro cualquiera le hubiera podido asustar dada la situación. Sin embargo, su cómplice en los alley- hoops más famosos de Japón desveló un pequeño secreto de banquillo. Contó Rudy que fue increíble. Cuando Pepu nos ha dicho que salíamos he mirado a Sergio y le he visto tal cara de felicidad, pese a la que se nos venía encima, que he pensado: ya verás, éste la lía Y así fue. Junto a Rudy fue el causante del revulsivo que cortó la racha de salida argentina. Aportó viveza, imaginación, un ritmo que destrozó a Pepe Sánchez y unos triples muy oportunos, como venidos del cielo. Luego, cuando regresó en la fase decisiva, demostró que además tiene cabeza. No era la hora de numeritos y supo buscar una y otra vez a Pau Gasol. Fue el rato en el que el de Memphis estuvo mejor surtido de balones. Cuando se produjo el despegue a nueve (65- 56) Sergio va escalando posiciones en la jerarquía. De aguador en Belgrado, a segundo en discordia por aquí. En cuanto se descuide Calderón, le vemos jugando los minutos de reposo del mago de Santa Cruz. ESPAÑA NO SABE PERDER JOSÉ LUIS LLORENTE a tenemos sucesores. Veintidós años después de la final de Los Ángeles 84, un equipo español vuelve a la cima del baloncesto mundial para mirar hacia abajo al resto de las selecciones. A todas, menos a Grecia. Si España ya tiene quien reverdezca los éxitos de Corbalán, Epi, Romay y compañía, los griegos han encontrado una línea de sucesión a los Gallis, Fassoulas y Yannakis, que, por cierto, es el director de un conjunto que ayer puso de manifiesto las lagunas tácticas de las estrellas, cada vez más grises, de la NBA. Y Por primera vez en el campeonato, España no cumplió con su guión. El juego español careció de la fluidez habitual y alguno de sus protagonistas no tuvo su día. Pero supo afrontar con casta y recursos un partido que se le complicó desde el principio. Ya advertíamos que Argentina iba a endurecer el partido y a jugar la baza de su físico para sacar a los nuestros de su estilo habitual de juego, y a ello se aplicó desde los primeros instantes. Así, nuestra selección tuvo un comienzo dubitativo, pero, como siempre, el equipo sacó a relucir una de sus principales virtudes: la adaptación. Los que estaban más grises en ataque se afanaban en defensa, mientras que las soluciones al mal comienzo de partido llegaban de esa sociedad limitada que negocia alley- hoops cada encuentro, Fernández y Rodríguez, cuyo descaro y acierto puso al equipo en la senda de la victoria. Una vez que España tomó el mando no lo abandonó hasta el final. Con sudor, con oficio, peleando con denuedo cada balón, aceptando la lucha cuerpo a cuerpo con los gladiadores argentinos, los nuestros se sobrepusieron a todos los contratiempos, incluido el de la retirada de su líder. Gasol salió del campo de batalla en brazos de sus compañeros, que, aun sin él, supieron aguantar las últimas embestidas de los suramericanos. Durante más de diez días este equipo ha firmado algunos de los encuentros más brillantes de la historia de nuestro baloncesto. Con ellos nos hemos divertido, ilusionado y vibrado. Ayer, también sufrimos durante cuarenta minutos. Hasta el último suspiro. Pero estos hombres tienen espíritu de campeones y no querían defraudarse ni defraudarnos. Enhorabuena campeones: es un orgullo para mí haber sido antecesor vuestro. Sergio y Nocioni en un rebote