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60 SÁBADO 2 9 2006 ABC FIRMAS EN ABC LUIS FERNANDO VALERO IGLESIAS PROFESOR DE LA URV. TARRAGONA. DEPARTAMENTO DE PEDAGOGÍA LAS BARBAS DEL VECINO Los políticos no lo están haciendo bien y en Educación lo están haciendo fatal, en veinticinco años cuatro, casi cinco, leyes generales de educación, es una prueba de ello... IMOTHY Garton Ash ha escrito Para cualquiera que haya confiado y creído- -como yo- -en que la forma británica de integrar a los ciudadanos musulmanes es más prometedora que la francesa, el último año ha sido desalentador. La última noticia sobre el islamismo fundamentalista nos viene de Italia, situaciones de esa índole ya las habíamos leído antes en el Reino Unido, Francia y es situación muy corriente en Pakistán, Bangla Desh, Nigeria, Líbano, etc. jóvenes que son asesinadas, quemadas vivas, destruidas su cara con ácidos porque se niegan a casarse con el prometido que la familia busca. Si alguien desea analizar la cuestión desde otra perspectiva mucho más artística social pero manteniendo el fondo de la cuestión, y en este caso sin la dramaticidad del asesinato pero sí desde el perjuicio social en ambos lados que vea Sólo un beso (2004) de Ken Loach. Es evidente que la inmigración plantea problemas: la interculturalidad, la multiculturalidad, la convivencia entre culturas, en una palabra, entre las personas, no es fácil; ni incluso entre los propios de la misma tribu A nadie se le escapa los horrendos crímenes que ha habido entre miembros de una misma familia. No es sólo un problema de choque de civilizaciones, ni de culturas, los enfrentamientos, lo pongo a título de ejemplo, entre la comunidad de etnia gitana son tradicionales y más abundantes de lo que sería de desear. El pro- T blema va inserto en la naturaleza del ser humano. Los estudios sociales están señalando, en una gran medida, que las segundas y terceras generaciones de inmigrantes no se están integrando, no se sienten tan franceses, británicos, italianos... como sería de desear, lo problemático de esta afirmación es que han nacido en el país de acogida y han pasado por todo el sistema educativo del país y aún así, las cifras que da Garton Ash no dejan duda y las leídas el año pasado con la hecatombe incendiaria de Francia, tampoco. El problema es si nosotros en España llegaremos a algunas de las situaciones que se están dando ya en Europa. Por ejemplo desde el asesinato en la permisiva Holanda de Théo Van Gogh, a manos de un fanático musulmán ya hay barrios en Amsterdam, que para no ofender las creencias de los mayoritarios habitantes de esos barrios, islámicos, los homosexuales no hacen ningún gesto afectivo por la calle. Mientras en otros barrios de Amsterdam los homosexuales pueden darse un beso o un abrazo. La cuestión es que en esos otros barrios, islámicos algunos holandeses no puedan ejercer plenamente sus derechos constitucionales. Habrá quien piense que eso no es mucho problema, total, un beso, una caricia es un gesto menor y si con ello se consigue la paz social pues que no se haga. Por esa lógica llegará un día, ojalá no lo veamos, que en cualquier barrio de una ciudad española, a los homosexuales les pase lo mismo o que las mujeres españolas, de esa ciudad, deberán ponerse chador, pañuelo a la cabeza, para no ofender a los hombres de esos barrios o para no dar mal ejemplo a sus hijas. El problema no es sencillo ni simple: como por ahora no lo tenemos, no pensemos en él. Viendo lo que está sucediendo en otros países que nos han adelantado, como casi siempre pasa con España, llevamos un retraso en demasiadas cosas, debemos reflexionar y poner remedio y no me cabe ninguna duda que es la educación la que debe ofrecer el remedio y el sistema educativo español debe ser integrador para evitar y prevenir las situaciones que apuntamos. Hay consenso de que en educación no se están haciendo las cosas bien ya que la red pública se está responsabilizando masivamente de la niñez inmigrante. Ello, guste o no, es ir creando una discriminación objetiva; no es lo mismo que en un aula haya dos inmigrantes, a que haya diez, quince o más alumnado de esas características. La pedagogía y la metodología didáctica son radicalmente diferentes, el máximo común denominador no es asimilable y a lo que se llega es al mínimo común divisor, la calidad general se rebaja. Otra pregunta que surge inmediatamente es ¿Cómo integrar, -hay quien dice adecuar- comprender, acomodar, asimilar a quiénes nos odian? ¿Cómo manejar en acciones pedagógicas a los que creen firmemente que Al Andalus es suya y deben reconquistarla? Ya hay intelectuales que llevan tiempo dándoles vuelta a estas cuestiones. Alain Finkielkraut publicó La derrota del pensamiento (1987) afirmando que la filosofía postmoderna y su relativismo cultural no eran la solución. Esa especie de angelismo social rousoniano en que han caído algunos progres calificados de izquierdas, por un sentimiento culpa, en algunos casos postcolonial, en otros de la dictadura, en mi criterio está haciendo mucho más mal que el bien que dice evitar SANTIAGO TENA ESCRITOR SIN EXCUSA, SIN MIEDO, SIN FRENO CASO hay alguien que sepa cuál es la verdad? Me dice mi amor que hay en mi voz desesperanza, y acaso hay algo de cierto en lo que dice: ¿desesperanza de qué? Desesperanza quizá de no poder vivir una vida plena en la que lo que siento concuerde plenamente con lo que la vida me trae, desesperanza acaso de que esta sociedad hipócrita se guíe algún día por los sentimientos reales de las personas y deje de lado la do- ¿A ble moral, la moral del sacrificio que hace del sufrimiento un estandarte que restregar a los demás. ¿Qué hay de malo en hacer lo que se siente? Al final y a menudo, todo se queda en palabras bonitas que no llevan a nada, y ay, Santi, qué preciosidad, qué intenso, qué apasionado, qué maravilla, qué sed de amar y de amor, pero obras son amores y las palabras se quedan en palabras si uno no tiene el valor de llevar a la realidad eso que siente intensamente, y en- tonces toda esa belleza tan admirable que nos ha movido por dentro se convierte en una mentira y acudimos a la moral fácil: a la que no se atreve a hacer lo que siente. Yo no tengo principios. Estoy en este mundo para amar, para amar sin límite, para amar sin respeto. Le decía el otro día a alguien, y creo que de algún modo lo compartía, aunque supongo que no lo entendía del todo, le decía que mi capacidad de amar es ilimitada y que mi vida se queda coja si no la llevo a obra, si no la convierto en realidad que no se quede en palabra bonita. Le decía a ese alguien que soy culpable de miles de cosas y que tengo muchísimo que hacerme perdonar, pero de verdad que me alegro: afirmo por enésima vez que lo único que vale es el amor, lo único. La moral huele a hipocresía y a escudo para hacer daño sintiéndose justo. con esa actitud compresiva de que hay que respetar su cultura, etc. ¡Qué hay que respetar su cultura, sin ningún género de duda! Pero en aquellos hechos que afectan directamente a los derechos fundamentales, que son una conquista de la civilización en absoluto ceder un átomo: ¡No a la infibulación de las mujeres! ¡No a que la mujer es inferior al hombre! ¡No! A todo aquello que huela a merma de derechos fundamentales, no a que dos homosexuales no puedan ir darse un beso en la calle si les apetece. Y esto no es un desprecio a esas culturas. No hace más de treinta años en España la mujer estaba sometida al hombre y una esposa no podía tener pasaporte si su esposo no le daba permiso o tener una cuenta propia en un banco, etc. No es un problema de esas culturas es un problema de evolución social y no nos podemos permitir el lujo de que por una mala entendida paz social, los derechos fundamentales retrocedan. No podemos seguir con este lenguaje ligth suave, dulce, anodino, de querer quedar bien con todo el mundo. Los políticos no lo están haciendo bien y en Educación lo están haciendo fatal, en veinticinco años cuatro, casi cinco, leyes generales de educación, es una prueba de ello. No podemos caer en el vicio de renunciar a llamar al pan, pan y al vino, vino y a que los políticos vivan en un limbo de obviedades y en demasiadas ocasiones de ambigüedades... Quien tenga dudas que lea La mancha humana de Philip Roth. Llamar coloreados o afroamericanos a los negros, queda bien como recurso socio poético social, pero por ello no hay un blanqueamiento de su piel ni una mejora en sus derechos. Lo que hay que quitar es la carga social a la palabra negro, o moro. Los nazis en vez de decir judío, decían cerdo; lo que hay que hacer es que la sociedad respete los derechos y respete a las personas y el lenguaje adquiera su auténtica dimensión. No a que las muertes de niños inocentes sean definidos como efectos colaterales no deseados guste o no esas muertes son muertes infames y en ocasiones tienen visos de asesinato, guste o no. Lo demás son zarandajas. Y un cerdo nunca es un judío, por más que se empecinen los nazis. Hay que recuperar la dignidad y la claridad en el lenguaje. Ya lo señaló Octavio Paz: Cuando una sociedad se corrompe, lo primero que se gangrena es el lenguaje En nuestro criterio hace falta muy seriamente abordar la cuestión desde el sistema educativo, una de nuestras grandes conquistas, y que en España desgraciadamente no hace ni veinticinco años que la educación es general, gratuita y pública para el que quiera. Ella debe ser, sin ningún género de dudas, el igualador social por excelencia. Si no somos capaces de poner manos a la obra, más pronto de lo que nos creemos tendremos los problemas que tienen en Francia, que están teniendo en el Reino Unido y en otros países. Quisiera equivocarme. Pero no lo dejemos para mañana.