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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE LUGAR DE VIDA Promesas quemadas is mejores amigas me llamaron este verano, oye, creo que ha sido tremendo Y es verdad, fue tremendo. Hubo días en los que, para respirar, era necesario cerrar las ventanas. Daba el fuego una luz de atardecida en la que los relieves de las cosas se tornaban irreales. Si hay sol en el infierno, tiene que dar una luz muy parecida. Como un mal presagio, se posaba sobre las hojas verdes de los árboles la gris ceniza. Los ojos nos lloraban, la garganta se quedaba seca. Los animales mugían con el humo. Pero no se oía un helicóptero, al contrario que otros años. Tampoco había retenes que atajaran los incendios cuando sólo eran conatos. Ardían y flameaban los montes como un barco de vela, a todo trapo y sin patrón. Tampoco estuvo el ejército. Se le llamó tarde y, ahora que ha vuelto la calma, parece la aldea un territorio en guerra. Por los caminos, no se habló de otra cosa, pero nadie dijo tonterías. Pocas personas he conocido en mi vida con más sensatez y cultura que los paisanos gallegos. Bajo nivel socio- cultural, dice la ministra. Qué poco ha hablado con las personas que viven en las aldeas. Aun así, en el caos surgió la esperanza cuando el presidente de la Xunta prometió una gran reforma forestal, y hoy, que para mí es jueves 31 de agosto de 2006, leo: La Xunta pospondrá su plan de reforestación Para colmo, la madera quemada se va a vender para tableros solo un poco por debajo del precio de la madera en verde, así que el negocio del fuego es redondo. Negocio a pesar de los fallecidos, negocio sobre el miedo que hemos pasado, negocio sobre los rodales silvestres irrecuperables, negocio sobre la irreversible erosión del suelo. Qué difícil, ¿verdad? señor presidente, hacer un cambio forestal cuando hay negocios de por medio. Todo hay que imaginarlo antes, y yo había imaginado que, sobre el desierto verde de eucaliptos, los colores del otoño volvían a Galicia. Cultivar frondosas es otro cultivo, pero un cultivo que enriquece el suelo, la tierra, su tierra, señor presidente. Tenía razón el profesor Margalef: ¡Señorita! pero ¿a quién le importa lo que suceda más allá de los nietos? Las bellotas de los robles han empezado a caer y no veo a nadie esta mañana que las recolecte para sembrarlas sobre las tierras quemadas como promesas. M Mónica F. Aceytuno Piezas, antiguas y modernas, para fijar barcos de todo tipo, plataformas y hasta submarinos al siempre inquietante fondo de los mares Anclas Los pendientes del buque La Escuela de Náutica de Portugalete alberga una colección de áncoras marinas única en el mundo, que refleja la evolución del arte de navegar POR JULIÁN MÉNDEZ a Escuela Técnica Superior de Náutica y Máquinas Navales de Portugalete esconde un tesoro: 190 anclas, antiguas y contemporáneas. También se exponen paneles con 230 modelos, que sintetizan 4.000 años de historia, del maquetista Andoni Alzola Alkorta. Se muestran rezones (para barcos menores) la clásica Bruce (como un arado, que puede pesar de diez kilos a diez toneladas) las CQR, anclas con aspecto de hongo (para fondear en lodos) las Britanny, las Trotman (de mediados del XIX, con sus uñas basculantes) las del Almirantazgo, las Diderot, las Pering, Rodger, Parker, Lenox, Mitcheson, las de la Compañía Euskalduna, las de Vicinay con sus cadenas de última tecnología... También hay anclas de capa (para el mal tiempo) y hasta una miniatura de la AC- 16, para submarino nuclear. Hoy, confía Fernando Cayuela, director del centro y el mejor de los cicerones, la mayoría de los buques llevan anclas Halls, hechas en China, como casi todo. Pero las cadenas, no. Y son un mundo, dice. Se disponen a partir de un grillete, se colocan los eslabones y, a tramos regulares, otros con contrete, desmontables en caso de que haya que abandonar el ancla. También se sitúan eslabones gira- L torios, para quitarle las vueltas a la cadena. En este museo único en el mundo, se aprende que en los siglos XVI y XVII llamaban vizcaínas a las anclas que embarcaban galeones y navíos, aunque se hacían en las ferrerías guipuzcoanas. El visitante aprecia la evolución del cepo (la pieza superior que hace posible que las uñas se claven al fondo) y observa cómo, hacia el XVI, se sustituyen los de madera por los metálicos. La razón la explica Cayuela: Las anclas con cepo de madera no podían desmontarse e iban suspendidas, como vemos en las películas, en las amuras con un aparejo llamado pescante de gata compuesto de roldanas (poleas) y cuadernales. El cepo metálico permitía llevarlas estibadas en cubierta La segunda gran innovación, subraya, tiene que ver con la desaparición del cepo. El bloque donde van las uñas (las puntas afiladas del ingenio) se hace móvil para articularse 30 grados a cada lado. Y junto a las anclas va siempre la cadena, la catenaria que absorbe los movimientos del barco filándola. Un buen fondeo depende de la óptima disposición de la cadena. Los fondos de roca son ma- los tenederos porque el ancla se puede enrocar. Se prefieren los de arena o limo Cayuela habla de las dos únicas anclas romanas encontradas enteras en el mundo: la del lago Nemi, del barco de Calígula, y otra que acaba de ser recuperada, enterrada en sal, en el Mar Muerto. Dentro de algunos siglos, nuestros domésticos rezones serán, tal vez, piezas de coleccionista.