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2 9 06 CASA PAISAJE Con el fondo del castillo, verduras y frutos comestibles, cultivados con el mimo (y el resultado) de las flores más espectaculares Villandry El jardín de las delicias... culinarias Pocos imaginan que el castillo de Villandry, en el corazón del valle del Loira, fue propiedad de un español que lo convirtió, a principios del siglo pasado, en un regalo para la vista, el olfato y el gusto TEXTO Y FOTOS: JOS MARTIN Don Benito por casualidad, porque su padre, de ideas carlistas, había sido desterrado de Olivenza. Y de la cuenta corriente del papá de Ann Coleman, heredero de la inmensa fortuna que amasó su bisabuelo (al que llamaban el rey del hierro forjado) durante la guerra civil estadounidense fabricando cadenas para evitar la navegación por el río Delaware. Raíces sorprendentes Vayamos por partes: Carvallo, el extremeño, había terminado su carrera de Medicina en Madrid con notas tan sobresalientes que, en 1893, consiguió trabajar en París en el equipo del doctor Richet (Nobel en 1913) Coleman, la americana, había conseguido (el dinero de su padre, entre otros méritos) colarse también en el equipo sin que nadie le prestara más atención que al chico que servía los cafés, a pesar de que Richet se lo había dejado bien claro: Señorita- -llegó a decirle- no necesito aficionados, sino profesionales El más crítico con ella fue Carvallo, más aún cuando comenzó la guerra de Cuba entre Estados Unidos y España. Las diferencias fueron en aumento... hasta que el extremeño y la americana se casaron. Carvallo abandonó su brillante porvenir científico y se dedicó a buscar nido acorde con su nuevo estado social. Encontró en Villan- entado en la esquina de un parterre, se cuelan por la nariz aromas que mezclan la fragancia de las flores y el frescor de la verdura. ¡Vaya lío! El resultado es que uno no sabe si darle un mordisco a una rosa o rendir admiración ilimitada a esa col cuyas hojas carmesí parecen tratadas con mercromina o a esa acelga de un seductor amarillo como si sólo se alimentara con fanta de naranja. Al fondo se levanta un sólido casti- S llo francés, con un torreón del siglo XIV que se convierte en atalaya para ver los jardines en su conjunto desde la óptica estética, sin diferenciar qué pertenece al mundo de la pura decoración y qué al mundo de la razón alimentaria. Tal como hoy lo conocemos, el castillo de Villandry nació hace cien años de los restos que quedaban de un castillo renacentista situado en el corazón del Valle del Loira. Y del tesón de Joaquín Carvallo, un extremeño nacido en