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2 9 06 EN PORTADA Bodega Gehry Arte gran reserva (Viene de la página anterior) na arquitectura es el mejor reclamo y podía convertirse en el icono de la marca. Invitaron a tomar una copa al canadiense Frank Gehry (por entonces andaba enredado en Bilbao, dándole vueltas al titanio) para tirarle los tejos y pedirle algo impactante en ese privilegiado solar suyo de la Rioja Alavesa, que tantas satisfacciones da a los amantes del vino. Pensaron que sumar un edificio de Gehry a la bodega resultaría espectacular y un buen reclamo publicitario. El arquitecto aceptó, le gustó la idea (es de suponer que también el vino) y el acuerdo se cerró brindando con un tinto de 1929, año en que nació Gehry. Pocas bodegas pueden hacer eso, pero en Marqués de Riscal ese lujo existe, no en vano en su catedral (sala de botellas) de 1862, reposan entre telarañas las hijas de todas sus cosechas, incluida la primera botella, tras la fundación de la firma, en 1860, por Guillermo Hurtado de Amézaga. Gehry estaba encantado con el reto, como lo estaba con el País Vasco y con España, máxime al descubrir el entusiasmo del público con su obra de Bilbao. Y es que el arquitecto, como sucede con los grandes toreros, tiene muchos seguidores, a favor y en contra (ahora algunos dicen que esta obra no encaja en la zona) pero su trabajo a nadie deja indiferente. El Museo Guggenheim de Bilbao es un ejemplo y la bodega en Elciego (La Rioja) de Marqués de Riscal otro, ambos enmarcados en ese nuevo concepto de lo que hoy se entiende por lujo: espacio, luz y enclave. La terraza para desayunar o comer en verano tiene una vista espectacular sobre Elciego Un edificio para oficinas Gehry fue la gran baza, pero la idea de renovarse, por dentro y por fuera, se tenía en la bodega desde hacía tiempo. En los 90 se transformaron la maquinaria, métodos de embotellado, las cubas y barricas... Para el exterior, y como querían saltar de inmediato al siglo XXI, pensaron que quien había hecho algo tan espectacular en Bilbao, qué no haría en Elciego, un pueblecito de La Rioja que tiene 50 bodegas. Gehry se enamoró, incluso, de la primera propuesta que le hicieron: un edificio nuevo para las oficinas. Nadie habló de hotel. Fue más tarde, Un enorme botellero, único adorno de la pared de la cafetería El interiorista Javier Muñoz se ha encargado de la decoración del hotel y lo ha hecho adaptándose a la estructura, resaltándola y sin modas para que se distrute el edificio Gehry aprovecha cualquier sitio para abrir una ventana y dar luz al edificio que, junto con la altura y el lugar, constituyen el nuevo concepto del lujo: un juego para los sentidos Grandes y asimétricas ventanas en las habitaciones. El lujo es el espacio