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6 Opinión SÁBADO 2 9 2006 ABC AD LIBITUM EN MI BUHARDILLA EN VISITA DE CASA POBRE LFREDO Pérez Rubalcaba, como suele ocurrir con los maestros de la intriga, es un gran provocador de embrollos y, sin remontarse a los de su pasado felipista- -piezas maestras del género- ahí están los que genera desde su despacho del Ministerio del Interior. Aun así, no sería justo adjudicarle todo el fracaso de la política migratoria que cursa bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero. Desde Miguel Ángel Moratinos a Jesús Caldera, son varios los ministros que pueden disputarle una parte notable de la cuota de ineficacia e incapacidad que define este capitulo gubernamental. Lo de Pérez Rubalcaba clama al cielo por la serenidad con que se pone por montera el sentido M. MARTÍN común y el desparpajo FERRAND con que viste de fatalismo lo que solo es inoperancia. Dice Rubalcaba, siempre con sus aires de conspirador de cafetín del XIX, que, por lo que respecta a Canarias, no es presumible que la presión migratoria baje en los próximos tiempos Vale, no lo es; pero lo que de verdad nos interesa, y lo que a él corresponde, es la previsión de los acontecimientos, no su aceptación previa como si se tratara de un designio inevitable impuesto por los hados malignos (del PP, naturalmente) Los desesperados pasajeros de los cayucos no decaerán en sus intentos; pero ¿se enriquecerá en medios y personal la lucha contra sus desembarcos ilegales y su posterior y disparatado asentamiento? El ministro maneja con destreza las artes de la astucia y no sabe resistir la tentación de darles la vuelta a los acontecimientos para que parezcan otros sus causantes y responsables. África, dice, esta viviendo una rebelión pacífica contra la pobreza y de ahí, concluye torticeramente, la avalancha de sin papeles que nos llega. Es más complejo y, sobre todo, es mayor la responsabilidad gubernamental. La pobreza africana, en buena parte fruto del colonialismo europeo del XIX, invita a la fuga de sus víctimas, pero la debilidad normativa y la torpeza ejecutiva de que aquí hacemos gala convierten a España en la puerta de más fácil de acceso para alcanzar el Viejo Continente y, ya puestos, quedarse entre nosotros. Rubalcaba, como su antecesor en el cargo, debe soportar, además del peso del problema, las dificultades añadidas que supone el progresismo normativo, actuante y gestual con el que Zapatero se sacude sus complejos; pero eso no justifica el hecho de que nuestras costas, peninsulares e insulares, sean un coladero. Está, además, la falta de solidaridad de nuestros socios en la Unión Europea; pero, en el juego de la inversión de valores que tanto define al presidente del Gobierno, los pocos recursos disponibles- -una flota y mil soldados- -se destinan mejor a la vigilancia en el sur de Líbano que al efectivo cumplimiento de la obligación constitucional de defender el territorio. Estamos, como en visita de casa pobre, luciendo en el salón la porcelana del café después de tomar la sopa, en la cocina, en una escudilla desportillada. ÁFRICA un experto en ayuda humanitaria me advirtió que no IAJÉ a Senegal en los tiempos de la Guerra del se me ocurriera mandar ningún paquete a la incierta Golfo. El aeropuerto de Dakar era la Corte de dirección del papelito, porque no llegaría. los Milagros. Nunca había visto tanta miseria Y es que a África nunca llega nada. Ni la buena volunen carne viva. Pasamos la aduana y, en la noche profuntad, ni el eco de las canciones corales, ni la paz, ni los da, los muñones oscuros se confundían con el paisaje. derechos humanos, ni la leche en bote. Y cuando llega, Sólo de vez en cuando estallaba el fulgor de una sonrilo que llega siempre acaba en la manga de algún milisa. Un autobús nos esperaba, como una cuerda en el ciano o de algún funcionario corrupto. O se lo vacío. No sé cuántos kilómetros recorrimos, come la desidia, o el sol, o el Hambre con mayúsporque allí las distancias se miden en horas. Se cula, que es un animal de muchas piernas y una recortaban en la perfecta llanura las siluetas resola cabeza. Y a veces ocurre que llega, pero es torcidas de los baobabs. Cuando llegamos a peor, porque entonces los campesinos abandonuestro destino, una mano piadosa nos tendió nan los sembrados, y el suelo se agrieta, y los un cóctel de fruta. Aspiré el dulce perfume de la pozos se ciegan, y ya nadie sabe cómo sacarle a selva y di un sorbo a mi jugo. Creo que en ese la tierra una mazorca, y los hombres se sientan momento me desmayé. LAURA al borde de los caminos a esperar que llueva la Napoleón, el muchacho bajito que atendía CAMPMANY limosna: unos granos de arroz para ellos y un nuestro bungalow a pie de playa, no perdía ocafestín de cartón para las vacas. sión de estrechar lazos. Estaba orgulloso de su nombre Desde la isla de Gorea salían los esclavos rumbo a y no se avergonzaba de su oficio. Nos veía salir en biciAmérica como una carga mal estibada en la bodega de cleta y nos saludaba con una alegría desbordante, coun barco. Muchos, la mayoría, morían de sed, de tifus, mo si, escoba en mano, fuera el amo del mundo. Cuande malaria... Emprendían ese viaje a la fuerza, poseído nos cansamos de tanto pedaleo, alquilamos un tododos y encadenados. Ahora llegan endeudados y exhausterreno para hacer una excursión por la sabana. El tos a Marruecos o a Mauritania y allí se suben por deciguía, espoleado por nuestro asombro, nos mostró con sión propia en un barco más pobre, más estrecho, más delectación multitud de huellas extrañas, pájaros exótisabroso para el apetito de las olas, donde saben que pacos y hormigueros gigantes. Se reía por todo y no tenía, sarán las de Caín y donde el mar- -también lo saben- -a su entender, ningún problema. Se llamaba Caramba. no será más clemente que los antiguos negreros. A los En un momento de la excursión, se detuvo ante una que consigan llegar a nuestras costas les esperan una cabaña para que pudiéramos conocer a una típica famimanta, un bocadillo y algo muy parecido a la esclavilia local: unos padres muy jóvenes, una casa de barro, tud. Ganarán entre diez y quince euros diarios venuna legión de churumbeles y unas cuantas gallinas. diendo falsificaciones y baratijas por las calles. DormiLos niños nos apuntaban su número de pie y sus rocamrán hacinados en las habitaciones que las mafias les bolescos domicilios en un trozo de papel para que, de alquilen. No tendrán ni pasado ni futuro. Dan pena, regreso a la opulencia, les enviásemos un par de zapaporque son valientes e ingenuos. Y dan miedo, porque tos. Aunque fueran viejos. Aunque estuvieran rotos. son muchos. España se los trae de paseo a las esquinas Ellos iban descalzos. También nos pedían bolígrafos. de la infamia. Europa sí sabe, pero no contesta. Y ZapaYo no llevaba ni un lápiz. No importaba, decían. Retero se cree Napoleón. Y sonríe, como Caramba. cuerdo haberles hecho una promesa. Ya en Bruselas, A V