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28 Internacional VIERNES 1 9 2006 ABC Un obrero chino recorre cientos de kilómetros en tren y autobús con un amigo muerto haciéndolo pasar por borracho para cumplir su última voluntad: devolverlo a casa Amigos hasta la muerte... y más allá TEXTO Y FOTO PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. La vida de los emigrantes rurales chinos es tan dura que forja amistades que duran hasta la muerte... e incluso más allá. Es el caso de Li Shaowei, que llegó a robar el cadáver de un compañero de trabajo recién fallecido, Zuo Jiabing, y con él a cuestas recorrió cientos de kilómetros en tren y en autobús para llevarlo de vuelta a su hogar. Era su última voluntad. Aunque su odisea tuvo lugar a finales del año pasado, ha sido revelada ahora por los medios chinos porque ya se está rodando una película sobre estos hechos reales que superan cualquier ficción. Como otros 150 millones de campesinos, Li Shaowei, de 61 años, y Zuo Jiabing, de 56, emigraron desde la humilde provincia de Hunan hasta la rica región de Fujian. Después de dos días de viaje, llegaron el pasado 27 de noviembre a Lonyan. Por tres yuanes (30 céntimos de euro) por metro cavado, allí tenían que abrir en una carretera asfaltada una zanja de 80 centímetros de profundidad sólo con sus picos y palas. día por picar el pavimento desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, así que decidieron seguir hasta ahorrar lo suficiente para el regreso. Un sueño que Zuo no pudo cumplir porque, después de emborracharse en las fiestas de Fin de Año, murió fulminado por la mañana al presentarse a trabajar en plena resaca. Un abrigo, y al tren Cuando los obreros estaban discutiendo en el hospital cómo avisar a la familia, se dieron cuenta de que el cadáver había desaparecido, y de que Li se había marchado. Entonces recordaron lo que Zuo les había dicho la noche anterior: Si muero, quiero que me llevéis a casa Eso es lo que se disponía a hacer su amigo del alma. Así que le puso un abrigo al finado y se lo llevó a hombros tan rápido como le permitieron sus piernas. Al llegar a la estación de trenes, roció el cadáver con el fortísimo vino blanco local para que apestara a alcohol y pareciera que estaba borracho, no muerto. Siempre con el difunto a cuestas, entró en el vagón y viajó toda la noche hasta Guangzhou sin levantar sospechas: el borracho estaba dormido. Por la mañana, tomó un autobús para dirigirse a otra estación ferroviaria, desde donde podría retornar a su pueblo. Como no tenía dinero para los bille- Li Shaowai junto al cadáver de su amigo empaquetado para facturar tes y no quería usar los 1.140 yuanes (110 euros) que el capataz le había dado para la familia, empaquetó el cadáver para facturarlo. Y en ésas estaba, en plena calle, cuando un policía se percató de su sospechosa actitud. la urna de las cenizas, sus amigos colocaron un retrato. Pero, como no tenían ninguna imagen de él, le hicieron una foto una vez muerto y le pintaron los ojos abiertos con un programa de ordenador. Fue la primera y la última foto de Zuo Jiabing, tan pobre que sólo tenía una pequeña televisión en blanco y negro regalada por su cumpleaños en 1990. Descanse en paz, sobre todo después de tanto ajetreo. Sin dinero para volver Después de una semana, sólo quedaban nueve de los 30 operarios que habían comenzado las obras, pero Li y Zuo no podían abandonar porque sólo tenían 70 yuanes (unos 7 euros) y no les alcanzaba para la vuelta. Únicamente ganaban 10 yuanes (1 euro) al Una foto y unas cenizas Ahí acabó el último viaje de Zuo Jiabing. Una semana después, el cadáver era incinerado en Guangzhou. Sobre