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26 Internacional VIERNES 1 9 2006 ABC EL DESPLIEGUE DE HIZBOLÁ ontra toda la demagogia, Hizbolá no ha ganado la guerra del Líbano. Puede que Israel no lograse una de sus aplastantes victorias, pero la gente de Nasralá ha encajado un severo golpe, militar y político. Lo que Hizbolá necesita ahora son tres cosas. La más urgente, quitarse la presión militar israelí de encima. Algo que ya ha conseguido con el alto el fuego y que espera disfrutar hasta cuando le convenga con el despliegue de los cascos azules, entre ellos los españoles. En la medida en que las tropas bajo mando de Naciones Unidas no desarmen a las milicias islamistas, éstas harán lo que han venido haRAFAEL L. ciendo bajo la atenta BARDAJÍ mirada de los soldados de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano en todos estos años, organizarse, armarse y atacar. Y no podemos olvidar que Hizbolá es una organización terrorista a escala global, con atentados que superan con mucho el estrecho marco del Oriente Próximo. A Hizbolá, por tanto, le interesa y mucho el despliegue de la fuerza internacional. Así como ha utilizado a buena parte de civiles como escudos humanos, aspira a que los cascos azules les sirvan de rehenes ante cualquier intento de actuación militar por parte de Israel. Naciones Unidas es para Hizbolá su mejor seguro de vida en estos momentos. Los terroristas islámicos saben que ningún soldado va a usar la fuerza en su contra y que tampoco van a querer sellar de verdad su mejor ruta de aprovisionamiento, la frontera con Siria. Hizbolá sabe perfectamente que esas son misiones para las que Naciones Unidas ni está preparada ni quiere estarlo. Las otras dos cosas son una mejor imagen interna, pues las críticas a sus acciones arrecian dentro del Líbano y para eso también necesita una tranquilidad militar relativa: despreocuparse de los israelíes momentáneamente para seguir secuestrando el aparato político libanés. El despliegue de la ONU también le supone un respiro en la medida en que congela el status quo político y no traduce la culpabilidad de Hizbolá en presión alguna. Y ganarse de nuevo a su base, para lo que Hizbolá tiene que gastarse sumas importantes de dinero en contentar a los damnificados por su aventura de desafiar a Israel. Los dólares le llegan de los beneficios que Irán obtiene del alto precio del crudo. Hizbolá no está mejor ahora que antes de las hostilidades y la comunidad internacional, con su obsesión por detener las acciones bélicas y por tratar a Israel de la misma forma que a un grupo terrorista, se ha negado la posibilidad de marginarla políticamente. Los cascos azules no van a alimentar a los reformadores libaneses. Van a cuidar que los elementos de Hizbolá vivan tranquilos, seguros de que Israel no les va a bombardear. C Hammasa Kohistani, la primera Miss Inglaterra musulmana, en su colegio en Uxbridge AFP Miss Inglaterra carga contra un Blair que no recupera el pulso político Los laboristas, en sus cotas más bajas de popularidad desde 1984 b El alineamiento de Blair con Washington y sus vacaciones en el Caribe mientras su país sufría un complot terrorista han hundido su escasa popularidad EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Hasta la joven más guapa de Inglaterra, normalmente ocupada en concursos de belleza y no en el debate político, ha cargado contra Tony Blair, un primer ministro que cada vez encuentra menos gente que le quiera. Hammasa Kohistani, la primera musulmana en llegar al trono de Miss Inglaterra, ha criticado a Blair por alentar la hostilidad contra los musulmanes en el Reino Unido, ocupando así unos titulares que el premier no logra para sus iniciativas. Blair se reincorporó a Downing Street el pasado fin de semana, tras dos semanas y media de vacaciones en el Caribe, con el ánimo de recuperar el pulso político con mensajes centrados en la inmigración y el terrorismo. Pero quien ayer ocupaba la atención de los medios no era él, sino la joven Hammasa, de 19 años. Según Miss Inglaterra, Blair ha contribuido desde los ataques del 7- J del año pasado a difundir una imagen estereotipada de los musulmanes, provocando que hasta personas moderadas de la comunidad islámica lleguen a justificar la violencia. Para Hammasa Kohistani, nacida en Uzbekistán y crecida en Afganistán, la actitud de la sociedad británica hacia los musulmanes ha empeorado en lo que va de año Blair se dirigió a los musulmanes para decirles que el problema del terrorismo lo tenían que resolver ellos, y eso responde a un estereotipo de la comunidad islámica. Incluso los moderados se han sentido señalados y creen que deben pasar a la acción para demostrar su valor manifestó. La decadencia de los laboristas Blair va de mal en peor. La última encuesta, publicada la semana pasada por el diario de centroizquierda The Guardian, otorgaba a los conservadores un récord de apoyo popular del 40 por ciento, la cifra más alta desde 1992, mientras que los laboristas caían al 31 por ciento, la segunda cifra más baja desde 1984. El verano, que debía suponer un cortafuegos en el incendio del blairismo, en realidad ha actuado de atizador. El estricto alineamiento de Blair con la política de Washington en el conflicto del Líbano y la perma- nencia del primer ministro en el Caribe mientras su país estaba en extrema alerta a raíz del complot terrorista para derribar varios aviones, han añadido peso a la losa que aplasta al premier Así las cosas, la rebelión entre las filas laboristas sigue propagándose. Casi cuarenta activistas del partido en la circunscripción de la ministra de Exteriores, Margarett Beckett, se han pasado al Partido Liberal- Demócrata en protesta por la excesiva comprensión con Israel en la guerra del Líbano. Y comienzan a preparse movimientos de cara al congreso anual del Partido Laborista de finales de mes para forzar a Blair a que anuncie la fecha de su retirada, que ya nadie sitúa más allá del próximo verano. El Gobierno de Blair trata de levantar cabeza, centrando su atención en los asuntos que, según los sondeos, más preocupan a los ciudadanos: inmigración y terrorismo, amén de lanzar una campaña nacional contra la obesidad. El Ejecutivo lanza señales de que pondrá barreras para admitir a rumanos y búlgaros cuando sus países ingresen en la UE, a diferencia de las puertas abiertas ofrecidas a la Europa del Este, que han supuesto una ola inmigratoria de 600.000 personas.