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ABC VIERNES 1 9 2006 Nacional 15 El PSC asegura que sus relaciones con el PSOE son excelentes b Los socialistas catalanes se emplearon a fondo para intentar apagar el nuevo incendio provocado por Maragall y se esforzaron en defender la relación con el PSOE I. A. BARCELONA. El portavoz del PSC, Miquel Iceta, negó ayer que el partido se sienta traicionado por Zapatero y destacó la alta valoración en la que el líder del PSOE tiene a los socialistas catalanes. En esta línea, los socialistas catalanes intentaron restar importancia al artículo y aseguraron que no añade casi nada nuevo a las críticas habituales y, por contra, sitúa en su justa medida polémicas como la del grupo propio en el Congreso. Sin embargo, lo cierto es que el texto de su presidente abona uno de los argumentos favoritos de sus rivales, el de la sumisión del PSC al PSOE y su incapacidad, por tanto, para defender los intereses de Cataluña ante el Estado desde el Gobierno autonómico. Zapatero y Maragall entran en La Moncloa en una de sus últimas reuniones En este contexto, lamenta que España acepta que la izquierda estatal pacte transitoriamente, o no, con los nacionalismos interiores, pero no acepta del todo que la izquierda catalanista o vasquista pida respeto por su propia interpretación de cómo debe ser España a largo plazo En definitiva, lo que no acaba de digerir Maragall es que al PSOE le sea más fácil aceptar la habitual relación de canje con CiU que su ambición de reformar España. Ante este panorama, el dirigente catalán ve la cuota catalana en el Gobierno de Zapatero, representada primero por José Montilla y a partir de la próxima semana por Joan Clos, como la única forma de compensar la convicción madrileña de que Cataluña y el nacionalismo catalán son la misma cosa y que, como mucho, lo que hay en Cataluña, además de nacionalismo, es DANIEL G. LOPEZ una reserva de votos españolistas para el socialismo peninsular en las elecciones generales Respecto a otro de sus frentes abiertos, el de la constitución de un grupo propio en el Congreso, reconoce que es imposible hasta la próxima legislatura, tal y como le responde insistentemente Montilla, pero también advierte de que si no se recupera ahora, dudo que se recupere nunca Valiosos para Zapatero Iceta, rechazó ayer las críticas del presidente de su partido a las relaciones del socialismo catalán con el PSOE y destacó, que Rodríguez Zapatero ve al PSC como una formación valiosa y no sólo como una reserva de votos Iceta aseguró que los socialistas catalanes no se sienten sacrificados ante los intereses del socialismo español. Iceta daba así la respuesta oficial del PSC ante el artículo publicado por Maragall, en el que lamenta las consecuencias para la izquierda catalanista de los pactos entre CiU y PSOE. Destacó, por contra, que es un motivo de orgullo que miembros destacados de su partido sean llamados en el Gobierno, mientras que sería decepcionante que el socialismo español no descubriese valores en el socialismo catalán Asimismo, afirmó que el PSC está muy satisfecho de su relación con el PSOE y del relevo de José Montilla por Clos. No consideramos que haya ninguna ninguna voluntad del socialismo español de sacrificar al socialismo catalán En este contexto, explicó que el nombramiento de Joan Clos fue una decisión de Zapatero, pero después de haberlo comentado con las personas que haya creído oportuno incluidos el ministro saliente y el presidente de la Generalitat De hecho, Iceta argumentó que se da más bien lo contrario ya que existe una influencia creciente del socialismo catalán en el español Además, constató que precisamente Serra es un precedente de alcalde barcelonés que acaba siendo ministro. mos cuatro años para facilitar el pacto entre el socialismo español y el nacionalismo catalán. Tanto le cuesta a la izquierda durar en el poder que una parte del precio de esa duración en el ámbito español puede acabar siendo el de renunciar a un Gobierno o una una mayoría estrictamente de izquierda, en España y en Catalunya. Y aparte de eso, el poder en sentido amplio, económico, tecnológico, informativo, incluso cultural, en buena medida, siempre lo tiene la derecha. Por cierto, que el pacto socialismo español- nacionalismo catalán también funcionó en la desaparición, teóricamente provisional, del Grupo Socialista Catalán en el Congreso de los Diputados, después del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. El PSC nunca ha renunciado a recuperarlo. Si no se recupera ahora, dudo que se recupere nunca. Ahora quiere decir a la salida de las siguientes elecciones españolas, claro. La excepción a ese panorama está en el Senado, donde la Entesa dels Catalans sigue viva. Pero ya sabemos que el Senado no es exactamente, de momento, la Cámara de las autonomías en el sentido que auspiciaba la Constitución española. En definitiva, España acepta, en periodos determinados como el actual, que la izquierda estatal pacte transitoriamente, o no, con los nacionalismos interiores, pero no acepta del todo que la izquierda catalanista o vasquista pida respeto por su propia interpretación de cómo debe ser España a largo plazo. España prefiere la distancia que se supone educada entre la nación y las naciones a una ingenua injerencia de las naciones en la nación. Hace ahora exactamente 100 años, Catalunya resurgía potente en lo económico y en lo político, mientras España vivía atenazada por la pérdida de las colonias y su propia reducción a la mera Península. Lo que entonces desembocó en República, guerra civil y dictadura prolongada, en un contexto internacional dramático, ahora lleva trazas de consolidarse en una monarquía democrática de corte federalista, con unas expectativas económicas y políticas excelentes: crecemos casi el triple que Alemania y Francia, a las que habremos alcanzado en renta per cápita al final de la década. Madrid se ha convertido en una de las grandes metrópolis europeas, cosa que estaba lejos de ser posible hace 100 años. Y Barcelona aguantó el tirón, lo que es tanto más admirable, vistas las dificultades. Volviendo al principio: el Ministerio de Industria tiene un papel decisivo en ese contexto. Es un elemento casi único de influencia catalana en la política gubernamental española. Es un superministerio cargado de significación política, y la gente lo sabe. Joan Clos se enfrenta a un reto, no solo en el terreno del management, sino a un reto político de primera magnitud. El papel de Catalunya en España pasará en buena medida por ahí. La responsabilidad es grande. Y la capacidad de Clos para enfrentarla es notable. Desde el Gobierno de la Generalitat, esperamos mucho de su experiencia, su polivalencia temática, su ambición política y su fidelidad a Catalunya y a la España de corte federal. Quizá por ahí pueda compensarse la convicción madrileña de que Catalunya y el nacionalismo catalán son la misma cosa y que, como mucho, lo que hay en Catalunya, además del nacionalismo, es una reserva de votos españolistas para el socialismo peninsular en las elecciones generales.