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14 Nacional VIERNES 1 9 2006 ABC UN CAPITÁN EN MONCLOA M uchos periodistas de Madrid han calificado a Clos como un desecho de tienta. No es una exageración. Por lo mismo, queda claro hasta qué punto Zapatero es el Presidente rehén de un gobierno rehén. Del PSC, en este caso. En la operación ha mandado Montilla. Él ha impuesto al Ministro. No Zapatero. Pero esto no termina de ser asimilado por muchos analistas que, a los dos días, ya están pensando que el PSC es una federación obediente a los designios de Madrid. De Zapatero. No termina de CÉSAR entrarles en la moALONSO DE llera, ni a los próxiLOS RÍOS mos al PSOE, ni a los próximos al PP, cuál es la realidad de las relaciones que existen entre los dos partidos socialistas y que son mucho menos subordinadas de lo que se quiere creer. Durante el proceso de negociaciones del Estatuto de Cataluña, algunos ingenuos llegaron a creer que el PSC era un cero a la izquierda y que todo se lo habían cocinado Zapatero y Mas. Creyeron que Maragall fue el sacrificado cuando la sacrificada fue la Nación española y cuando aquel fue el gran triunfador. Nunca se ha querido entender, desde Madrid, que el Estado plurinacional es una idea de Maragall, que fue él quien puso a Zapatero, que fue él quien puso a Patxi López y que con la aprobación del Estatuto da por coronada su vida política. Que esa era su aspiración, que con el Estatuto ha conseguido la mayor cota de soberanía de todos los tiempos para Cataluña y que, con ello, ha dejado atrás en la Historia a Jordi Pujol. Como pudo decir hace unos días, lo que queda del Estado en el Estatuto es algo residual. En definitiva, él, Pascual Maragall, ha conseguido la situación ideal para el hamletiano catalanismo: entre la independencia y una situación de privilegio en el adorable Estado multinacional que les está montando este buen muchacho de León llamado José Luis. El PSC ha colocado a uno de sus capitanes en el Gobierno de Madrid y Maragall, a su sucesor en la alcaldía. En Onze de Septiembre celebran el Estatuto que, por vergüenza, no pudieron festejar el día en que se aprobó el Estatuto. No era para celebrar ese día, sólo uno de cada tres catalanes votarán a favor de la nación catalana. Con la celebración de esta díada, Pascual Maragall dice adeu a su carrera política dejando un Estatuto con el que un día puede decirle a España adeu De momento, vendrá al Gobierno de España su sucesor, este desecho de tienta al que había que premiarle con algo. Porque para eso está Madrid. Maragall acusa a Zapatero de haberlo sacrificado a cambio de asegurarse el apoyo de CiU Revela que la candidatura de Montilla llevaba un año decidida del PSC pone negro sobre blanco su divorcio con el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero en pleno despegue de la campaña electoral catalana I. A. ABC BARCELONA. Morir matando. Definitivamente, esa parece ser la premisa de Pasqual Maragall en estos últimos meses de mandato al frente de la Generalitat. Y ayer lo volvió a demostrar con un ataque frontal a la sucesión en Cataluña orquestada por José Luis Rodríguez Zapatero y José Montilla. Un ataque que tiene por primera vez a Zapatero como principal objetivo, y que deja definitivamente al descubierto el divorcio entre el presidente autonómico y su partido, a tres meses de las elecciones autonómicas. En todo caso, el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE ha pasado de ser para Maragall la gran esperanza blanca al responsable de la salida de los socialistas de la Generalitat, según se desprende del artículo publicado por El Periódico de Catalunya y que reproducimos de forma íntegra bajo estas líneas. En él, afirma que Zapatero le propuso el trato de Estatuto por presidente. Y no hubo trato porque a su juicio no era presentable. b El presidente El presidente del PSC explica, en el estilo caótico habitual en él, cómo Zapatero planteó la necesidad de rebajar el ambiciosísimo Estatuto que se estaba gestando en el Parlamento de Cataluña y condicionó a esa rebaja su futuro como presidente de la Generalitat. Una oferta que, siempre según Maragall, aceptaría finalmente el líder de CiU, Artur Mas, a tenor de la generosidad exhibida después por Zapatero con el líder de los nacionalistas catalanes. Nueva mayoría en Cataluña Además, el trueque entre el líder del PSOE y el máximo rival de los socialistas en Cataluña se produjo, en opinión de Maragall, cuando Zapatero ya tenía claro que el candidato socialista en Cataluña podía ser el actual ministro de Industria Un conjunto de factores que explican el actual panorama político catalán: Así se ha ido configurando la situación actual Maragall pasa cuentas ante la despedida, desde el pacto Mas- Zapatero a la recuperación del grupo en el Congreso de transición hacia una nueva mayoría en Cataluña, todavía impredecible en su formato. Y probablemente hacia una colaboración en Madrid entre el socialismo y el nacionalismo catalán concluye. De este modo, Maragall rompía ayer el único tabú mantenido durante su paso por la presidencia de la Generalitat, las críticas al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Pese a que la luna de miel entre ambos líderes- -iniciada en cuanto Zapatero visitó por primera vez Barcelona para recabar apoyos a su candidatura a la secretaria general del PSOE- -se rompió apenas comenzar la legislatura, cuando ambos dirigentes se enfrentaron por la respuesta que merecía la entrevista de Josep Lluís Carod- Rovira con dirigentes de ETA, Maragall se había limitado hasta ahora insinuar estas discrepancias. En el texto de ayer, sin embargo, el histórico dirigente catalán parece dispuesto a pasar cuentas y no oculta su decepción por la política de quien esperaba que hiciera realidad su sueño de transformar España Así, Maragall considera probado que Zapatero, al igual que hicieron sus antecesores, prefiere pactar con CiU a satisfacer a la izquierda catalanista y apunta que González ya sacrificó a Serra para facilitar el pacto con CiU. Reproducimos a continuación el texto íntegro del artículo del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, publicado en la edición de ayer de El Periódico de Catalunya CLOS EN INDUSTRIA Y LA RELACIÓN CATALUNYA- ESPAÑA PASQUAL MARAGALL Presidente de la Generalitat de Cataluña N o es ningún secreto que el Ministerio de Industria es un ministerio singular, con una carga competencial formidable. Eso es ya una indicación del alto concepto que el presidente Zapatero tenía de José Montilla, puesto que los ministerios fueron concebidos probablemente habida cuenta de las características y las ideas de las personas en que se había pensado para dirigirlos. Sabido es que Zapatero, hace ahora exactamente un año, se enfrentó al hecho de que la aprobación del ambiciosísimo Estatut que se estaba gestando en el Parlament de Catalunya se sometiera a algunos condicionantes formales por parte del nacionalismo cata- lán. Alguno de estos condicionantes derivaba de la preocupación que en esa fuerza política nacionalista generaba el eventual efecto benéfico de la aprobación del nuevo Estatuto sobre las expectativas electorales del candidato socialista, en especial- -se pensaba- -si este era el presidente de la Generalitat. No me refiero a la famosa foto Zapatero- CiU en la Moncloa, que es muy posterior. El caso es que Zapatero ya tenía claro hace un año que el candidato socialista en Catalunya podía ser, a su entender, el actual, por poco tiempo, ministro de Industria. En eso no es que estuviéramos de acuerdo o en desacuerdo: es que, a mi modo de ver, no era presentable el tra- to de lo uno por lo otro, de Estatuto por presidente. Y no hubo trato. CiU, que en aquel momento en el Parlament de Catalunya era decisiva, aceptó la aprobación del Estatut sin haber obtenido compromisos a cambio. Y más tarde, en Madrid, en el Parlamento español, sin ser preciso su voto, obtuvo, en cambio, un protagonismo que Zapatero cedió generosamente. Así se ha ido configurando la situación actual de transición hacia una nueva mayoría en Catalunya, todavía impredecible en su formato. Y probablemente hacia una colaboración franca en Madrid entre el socialismo y el nacionalismo catalán. Sin duda, sobre el resultado de las elecciones en Catalunya hay más incertidumbre que sobre el resultado de las elecciones en España, donde el socialismo lleva una ventaja apreciable. Esa perspectiva española de futuro es muy meritoria, porque a la izquierda le cuesta más durar en el poder que a la derecha, salvo en casos excepcionales, como el del socialismo de Felipe González y Narcís Serra, que tuvo 15 años de gobernación después de 40 de dictadura. Y no lo olvidemos (porque la historia se repite) González tuvo que sacrificar a Serra en los últi-