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31 8 06 FIRMAS RELATO La joven y el reportaje imposible POR ANTÓN CASTRO Periodista y escritor, ha publicado una veintena de libros en gallego y castellano. Algunos de sus títulos son El testamento de amor de Patricio Julve El álbum del solitario o Vida e morte das baleas Este otoño aparecerá su libro de relatos Marinos y mujeres uba le dijo una joven desde el interior del coche que paró a su lado. La perra gruñó e hizo un ademán de arañar el Audi 3, metalizado en azul oscuro. Vive ahí, ¿no? Lleve al animal a casa que lo espero Tardó poco más de treinta segundos. Sucedió todo tan de prisa que Martín Mormeneo ni tuvo tiempo de pensar. Miró adentro y reconoció a la muchacha. Era la que había visto pasar, días atrás, por en medio del descampado. ¿Hacia dónde vamos? -preguntó ella. -Irías hacia alguna parte. -A una verbena. -Entonces, casi mejor que cambiemos el rumbo. -No me digas que no te gusta bailar. ¿Conoces algún bar? ¿Que esté abierto a las dos de la mañana? -Ya buscaremos algún sitio. Martín Mormeneo la miraba de reojo. En la oscuridad sólo relucía su piel blanca. -No me mires así, que no puedo devolverte las miradas- -dijo ella. ¿De verdad te llamas Sonia? ¿Cómo te gustaría llamarme? -Sonia. Era endiabladamente bonita. Tenía una conducción tranquila y en el interior del Audi olía muy bien. Ella también olía bien, a bambú tal vez. No pudo eludir una mirada a sus piernas. Aquellos muslos eran una promesa de felicidad. Martín Mormeneo estaba hechizado por la noche, por los chalés con sus arboledas y por la inesperada compañía. Dijo: -Vengo a menudo por aquí. Me gustan los huertos, los albérchigos, las higueras, los manzanos. Alargas una mano y coges lo que te apetezca. Además, hay una casa que me gusta mucho, toda cerrada con mirtos. Se llama El Aleph Siempre juego a pensar qué ocurre dentro, en los jardines, cuando cae la tarde. O por la noche, cuando se encienden el riego y los ruiseñores. -A ti te gustan mucho las casas ajenas. ¿A qué te dedicas? -Paseo a mi perra y observo la vida. ¿Sólo eso? -Lo demás tiene muy poca importancia. -He oído decir que eres fotógrafo. -Sí. Fotógrafo de tambores y bombos. -Ya veo que tienes un gran senti- S do del humor. ¿Qué quiere decir eso de Fotógrafo de tambores y bombos -Es una historia muy larga. -No tengo prisa y estoy segura de que la perra ya se habrá dormido. Paró el coche en medio de un recodo de la carretera, en una alargada alameda. Martín Mormeneo iba hasta ella a menudo en su bicicleta. La noche, aunque no había aparecido la luna, tenía una claridad azulenca e íntima. -Me debes una historia. -Es muy poco interesante. -Eso ya lo decidiré yo. Cuenta... -Soy fotógrafo de casualidad. Durante años he trabajado de secretario de ayuntamiento en varios municipios. Pero en uno de ellos, en Urrea de Gaén, Teruel, descubrí la Semana Santa. Allí, logré instalar mi taller de fotógrafo aficionado. Martín Mormeneo combinó el blanco y negro con el color, seleccionó 60 fotos de un total de 300, y al cabo de dos semanas culminó el álbum Hice muchas fotos, publiqué un par de libros, y un día puse un letrero con mi nuevo oficio: Martín Martín Mormeneo. Fotógrafo y le añadí un título un poco pomposo: El hombre inscrito en el paisaje Continué tomando fotos de casi todo: de los labradores y los estudiantes, de los ancianos en las callejas, de las granjas de cerdos, del cementerio (he sido un fotógrafo de cruces y de nichos; ya ves, rarezas de artista) y finalmente encontré un motivo de inspiración en la Semana Santa: en el vestuario, en el tercerol, en los desfiles y procesiones, en los talleres donde se fabrican tambores y bombos. A los cinco años cambié el rótulo y puse: Manuel Martín Mormeneo. Fotógrafo de tambores y bombos Y cuando vine aquí, un amigo me regaló una placa de cerámica de Muel con esa inscripción, y la he colgado en mi casa. Es casi una ironía. Con esa publicidad, me encargan pocas cosas... -Yo querría encargarte algo muy especial. ¿Muy especial? -Sí, pero antes necesito conocerte mejor.