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2- 3 40 LOS VERANOS DE Numerosos dirigentes políticos alaban su gran lección de tolerancia Naguib Mahfuz, que fue víctima de un atentado islamista pensaba, sin embargo que el islam y la democracia son compatibles y yo diría que mucho. Egipto optó por la vía de la sociedad civil- -condición previa indispensable para una democracia- -ya en la primera mitad del siglo XIX, con el virrey Mohammed Alí Mahfuz será inhumado este mediodía en la mezquita Al Rashdan de El Cairo. La elección de este lugar para el funeral hace prever la presencia en el mismo del presidente egipcio Hosni Mubarak, que se ha pronunciado en torno a la muerte del escritor alabando el hecho de que expresó con su creatividad los valores compartidos de ilustración y tolerancia que rechazan el extremismo La muerte del único Nobel árabe ha desplegado un abanico de declaraciones por parte de algunos de los más importantes jefes de Estado, a priori alejados del mundo literario, incluyendo al mismísimo George W. Bush, que a través de sus portavoces ha calificado a Naguib Mahfuz como un artista extraordinario que transmitió al mundo la riqueza de la historia y la sociedad egipcia También desde Europa, escenario de múltiples conflictos entre el mundo islámico y el occidental, algunos de los principales dirigentes han lamentado la pérdida del escritor a la vez que alababan la tolerancia transmitida por su obra. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, comentó que Mahfuz se esforzó por buscar una vía de encuentro y diálogo entre culturas y religiones, alejado de los dogmas Además del presidente español, su homólogo francés, Jacques Chirac, recordó a Mahfuz como una gran figura de LOS PASOS Y VOCES DE MAHFUZ CARMEN RUIZ BRAVO ARABISTA, CATEDRÁTICA DE LA UAM C Mahfuz, en su café favorito de El Cairo, el de las tertulias AFP la literatura mundial y un hombre de paz, tolerancia y diálogo El egipcio siempre se ha distinguido por su defensa del Estado secularizado en el mundo árabe, algo que allí encuentra no poca oposición. El problema- -decía Mahfuz- -es que se equipara secular con ateo e incluso se considera que implica una actitud antirreligiosa. Pero se hace por ignorancia. También hay gente empeñada en que se tenga la impresión de que el sistema secular supone un desafío a la religión. Eso es un disparate BIBLIOGRAFÍA EN ESPAÑOL Rhadopis (Altaya, Edhasa, Planeta De- Agostini) Akhenatón, el dios hereje (Edhasa, Planeta De- Agostini) La batalla de Tebas (RBA, Edhasa, Planeta De- Agostini) El Cairo nuevo (Alianza) El callejón de los milagros (MR) El ladrón y los perros (Plaza Janés) Hijos de nuestro barrio (MR) La azucarera (MR, Círculo de Lectores) El café de Qúshtumar (Destino) Miramar (Círculo de Lectores) Entre dos palacios (MR) La epopeya de los miserables (Libertarias- Prodhufi) El espejismo (Plaza Janés) Festejos de boda (Plaza Janés) Palacio del deseo (MR, Círculo de Lectores) Principio y fin (Edhasa, Instituto Hispano- árabe de Cultura) Un señor muy respetable (Plaza Janés) Veladas del Nilo (LibertariasProdhufi) El día que mataron al líder (MR) La taberna del gato negro (MR) Amor bajo la lluvia (Cantarabia, Destino) Un señor muy respetable (Plaza Janés) Cuentos ciertos e inciertos (Círculo de Lectores, Edhasa, Instituto Hispano- árabe de Cultura) uando Naguib Mahfuz fue distinguido con el premio Nobel alguno lo describió como un autor egipcio que escribe en árabe y como una palmera en medio del desierto Dos décadas después casi todo el mundo sabe ya, felizmente, que lo normal es que los literatos egipcios escriban en árabe, y que las orillas del Nilo son fértiles lugares donde no es rara la sombra de los árboles. Pero, ¡qué gran verdad es que Mahfuz escribe en árabe en el sentido de que el trato con la lengua árabe vertebra su existencia artística, y que su obra es un punto y eje de referencia en la narrativa árabe- -y no sólo en la egipcia- -contemporánea! La vida de Mahfuz es enlace con la experiencia colectiva e histórica, al tiempo que aventura personal. Por eso la ciudad de El Cairo se dispone a recibir emocionadamente en su seno a este hombre capaz de abordar su caleidoscopio de apariencias para descubrir y dejar traslucir sus realidades: El patio de la casa donde vivió su infancia, en el viejo Cairo, siente al correr de los niños el eco de sus pasos rápidos y decididos, y no olvida que allí transcurrió ese primer cuento, en el que se registra la rebelión contra el abusivo mandamás, tradicional guardián del barrio. Algunos nombres del Cairo medieval, que parecen inventados por Mahfuz para sus novelas, han recorrido el mundo en las páginas de los libros. Pero no fueron puestos por él, sino por él echados a volar. Decir Palacio del Deseo o Alcázar de Pasión es referirse a un título, y es al mismo tiempo nombrar una calle cuyos sonidos juegan con nosotros: Qasr al- Xauq. Por ella y sus aledañas caminaba con paso firme y deportivo el Mahfuz adolescente y joven, de complexión erguida, cuando los altos edificios de piedra eran aún de un tono amarillo albero, y se doraban en verano, en un agosto como éste. Cuando el cielo era de un límpido y restallante azul. Sus ojos y oídos atentísimos recorrían la fachada desde los aleros y ajimeces hasta el suelo de la tierra fina apelmazada por los pasos y las cargas, entre viejas mansiones, mercados desarbolados y rehechos, y serenas mezquitas. Allá conoció por dentro el callejón del almirez, el callejón de los milagros donde la historia forja a los seres humanos machacándolos. Los sonidos de la ciudad vieja los había plasmado otros grandes literatos egipcios, de generaciones anteriores, Taha Husayn, Yahya Haqqi... pero con Mahfuz crecen y ya desbordan como la propia historia del siglo XX: con él se leen, oyen o ven las voces de originales y fuertes discusiones sobre todo tipo de asuntos, los sonidos de la radio, los automóviles... Los viejos cafés con sus grandes espejos- -como al- Fishaui, en un barriuco que parecía el centro del mundo- -se hacen a la novedad de que sus parroquianos, como Mahfuz, vayan también a las cafeterías A l americaine y al cine... La narrativa de Mahfuz logra dar cuerpo moderno a la novela árabe y hacerla discurrir como el cine, sí, engañándonos, y a la vez haciéndonos participar y buscar los resquicios de libertad. Están llenas de historias, imágenes y gentes. De personajes perturbados y sensatos. Y en sus relatos las mujeres miran y actúan. No sólo aparecen en primeros planos formales, sino que poco a poco se deja también oir en primer plano sus voces e ideas. El Cairo en que conocí a Mahfuz en 1975 tenía el doble de habitantes que entonces Madrid, donde vivo. La última vez que me encontré con el gran autor, hace pocos años, su ciudad se acercaba a los actuales veinte millones. Él mantenía la mirada atentísima, el oído pendiente, la mente lúcida. Lo entiendo: la transformación lenta y continua de la urbe ha sido apasionante para este filósofo. Casi nunca ha querido viajar ni alejarse de la ciudad. Para no perderse nada de lo que sucediese en este inmenso patio que es el Egipto del siglo XXI. En él, sus pasos y sus voces.