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30 8 06 FIRMAS RELATO Adela y mis complejos POR PABLO ARANDA Licenciado en Filología Hispánica, es autor de numerosos cuentos además de cinco novelas, entre ellas La otra ciudad (obra finalista del Premio Primavera 2003) o Desprendimiento de rutina (Premio Novela Corta Diario Sur 2003) l profesor de inglés usaba mi desconocimiento para humillarme. Sabía perfectamente qué preguntas no podría contestar y éstas eran las que formulaba. Me inquietaba mi preocupación. Un profesor de inglés no es más que un profesor de inglés, me decía, alguien que tuvo facilidad para las lenguas (o para la lengua: hablar inglés no significa hablar otras) y acabó matriculándose en filología inglesa y un día terminó los estudios y ahora qué, ¿eh? ahora qué, y se dedicó a pegar en las puertas de las panaderías y fruterías las fotocopias de un texto torpe en el que se ofrecía: clases de inglés, profesor nativo, todos los niveles. No fue hasta la tercera clase en que me atreví a dudar de su carácter nativo, elegí un ataque indirecto: Francisco José es tu nombre, ¿no? Yes, contestó. Entonces por qué en el cartel te ofrecías como profesor nativo. Disimuló su turbamiento, pero pude percibir un temblor intermitente en su párpado izquierdo. Yo soy de Macharaviaya- -se defendió- tierra de los Gálvez y de Salvador Rueda, ¿acaso no me confiere carácter nativo? Creo que encontré un hueco en su débil argumento por donde seguir hasta rematarle, pero de nuevo fui presa de mi pudor, y su carácter seguro y autoritario supo aprovecharse de ello para continuar con la clase, poniéndome un ejercicio básico pero retorcido que fui incapaz de resolver correctamente. ¡My God! exclamó Francisco José. Un profesor de inglés no es más que una persona de a pie que ha encontrado una salida profesional a partir de un conocimiento que puede adquirir cualquiera. Un profesor de inglés no es nada más que una herramienta. En cambio un estudiante de inglés es alguien inquieto, alguien a quien no le basta lo que ya sabe (que es bastante, si no supiera mucho no sería consciente de su carencia de inglés) Por qué entonces aquella humillación. Reconozco que soy un hombre con complejos y que, en esa época de la que el doctor me ha pedido que escriba (dice el doctor que esta redacción me ayudará) estaba afectado E por una vulnerabilidad extrema pues tenía motivos para sospechar de la infidelidad de Adela, la que era mi novia, mi primera novia, quien por cierto fue la que se encargó de llamar a Francisco José tras copiar su número del anuncio de la panadería Escalona. En el aeropuerto, donde trabajaba conduciendo el autobús que acerca a los pasajeros de la terminal al avión, el coordinador de turnos me lo había puesto claro: si quieres promocionarte necesitas hablar inglés. Yo no quiero promocionarme, espeté. Quien no quiere promocionarse no es ambicioso, es un vago que se deja llevar, y aquí no hay futuro para los vagos. La madrugada siguiente- -yo entraba de turno a las cuatro- -le saludé en inglés. Él farfulló un gruñido en el que me pareció entender un insulto bastante español. Aprendí a decir pronto open the window, how much is it? I don t understand, pero no encontraba la ocasión de emplear esas frases en el trabajo. A veces, mientras yo mordía el lápiz tratando de rellenar los huecos de una frase, Adela bromeaba en inglés con Francisco José. De sus conversaciones solo alcanzaba a entender palabras sueltas: Macharaviaya, euros, y el tarareo de una canción en español que arrancó las risas de ella: si Adelita se fuera con otro. Recuerdo que deseé estamparle en la frente el cenicero que los padres de Adela trajeron de Toledo, escupirle, propinarle un directo de derecha, pero su altura y diámetro de antebrazos presuponían una potencia golpeadora que triplicaría la mía. amigo que estaba abajo en la calle y que llamaba para devolverme algo. En el momento en que tenía el teléfono pegado a la oreja comenzó a sonar el timbrazo, con un gesto amargo miré a Francisco José que sonreía. No tuve que inventar ninguna avería que hiciera sonar el móvil por las buenas porque quien llamaba era Adela, y si no le cogía se enfadaba. Soy Adela, dijo, pásame a Francis que una amiga también quiere clases. Francis, qué era eso de Francis, Francis ni Francis. Y por qué hablaban en inglés, él al menos. Y cómo el contenido tan claro de una información- -una amiga quiere dar clases de inglés- -puede hacer que dos personas hablen durante más de quince minutos. El caso es que aproveché para retomar mi plan y le hice unas señas indicándole que bajaba a la calle y que en seguida subía. No me hizo caso. Encontré su coche en la calle de atrás. En la puerta delantera del piloto rayé una cruz gamada, en la de la izquierda la estrella de David, en el maletero una media luna y en el capó una gran cruz ortodoxa. Nadie me había visto, solo había unos niños jugando con petardos, y jadeando subí corriendo. Todavía hablaba con Adela. Me pareció que al entrar yo pasaba del español al inglés aunque quizá fueran figuraciones mías, ya he dicho que acumulo complejos y tiendo a pensar lo peor. l final de la clase el profesor quisosaber dónde seencontraba la parada de taxis más próxima, pues había dejado su coche en el taller. Casi al mismo tiempo sonó el portero electrónico: era un vecino al que unos niños (children) habían informado de que yo había estado restregando mi llave por la chapa de su coche. Pudo entrar cuando Francisco José (fucking Francis) salía, y antesde llamar a la policía para denunciarme me rompió las gafas de un guantazocertero. De minariz manaba mansamente un hilo de sangre (blood) De todo esto hace muchos años, pero es que el psicoanalista me ha pedido que anote algún recuerdo A C reo que no he buscado justificarmecon las explicacionesanteriores, más bien eso, explicarme, partir de una base que suponga evidente llegar a la conclusión que entonces vi clara: vengarme. Redacté anuncios cortos en la soledad del cuarto de baño (para que Adela no los viera) Vendo mercedes biplaza, nuevo, cuatro mil euros. Alquilo apartamento en Nerja, primera línea de playa, trescientos euros. Regalo cachorros de bóxer. Mantenimiento integral de piscinas. Agencia de detectives, máxima discreción. Los envié a diferentes periódicos y en todos adjunté el número de móvil de Francisco José. Una mañana- -buscando una excusa para bajar unos minutos a la calle- -me disculpé por una llamada que no se había producido para coger mi móvil. Inventé una conversación con un presunto Un profesor de inglés no es más que una persona de a pie que ha encontrado una salida profesional a partir de un conocimiento que puede adquirir cualquiera Aprendí a decir pronto open the window, how much is it? I don t understand, pero no encontraba la ocasión de emplear esas frases en el trabajo