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30 8 06 EN PORTADA Viggo Alatriste Mortensen Nos mueve el orgullo (Viene de la página anterior) queros y una camisa discreta, lleva varias pulseras de cuero y de tela, parece más rubio que en pantalla, va cómodo y toma yerba mate continuamente. Quizá los espectadores se lleven una sorpresa al oir hablar a Aragorn, el héroe de El Señor de los Anillos en un español sin rastro alguno de acento americano- -el actor es neoyorquino con ascendencia danesa- -pero, tampoco, con el suave deje argentino con el que naturalmente se expresa. Bueno, si hablo buen castellano eso es algo que tendrán que decirlo los espectadores, pero uno de los factores a la hora de la interpretación de Alatriste fue que no se notara mi acento argentino, hacerlo desaparecer, algo que había que lograr para encontrar el tono de voz preciso. Yo hablo español porque me crié en Argentina. donde estuve esos años que son un periodo clave de la vida de las personas, los años de mi infancia. Pero, claro, no hablo castellano a diario como ustedes Primera figura de las carteleras tras haber protagonizado la saga de Tolkien, no dudó en aceptar el ofrecimiento de Antonio Cardenal- -productor de otras películas realizadas a partir de las obras de Arturo Pérez- Reverte: El maestro de esgrima (Pedro Olea) Cachito (Enrique Urbizu) La novena puerta (Roman Polanski) y, ahora en marcha, La carta esférica (Imanol Uribe) -para encabezar el reparto de Alatriste aunque la nuestra sea una cinematografía humilde... El actor se revuelve en el sofá: Bueno, eso de decir nuestro país es humilde, nuestro cine es humilde, todo eso es una mentira... Yo era consciente de que este reparto iba a ser un reparto único, de buenísimos actores españoles, y que al hacer la película también iba a aprender de ellos. Sabía que Tano (Agustín Díaz Yanes) era un buen director y escritor de cine que ya traía importantes trabajos detrás. Hombre, tener un poco de miedo es normal y, además, es sano reconocerlo; pero vi desde el principio que trabajar con todos ellos era una gran ventaja para el buen fin del proyecto A Mortensen le gustó el guión sobre todo porque ésta es una película sobre el orgullo y los españoles del siglo XXI son igual de orgullosos, de buenos y malos que ya lo eran en el siglo XVII Una película espectacular y oscura, muy coral y a la vez íntima, como se expresa a través de esos bailes de emociones y sentimientos que establecen sus personajes, gracias a un guión que está muy bien escrito por Díaz Yanes a partir de las novelas de Alatriste- -explica el actor- Son personajes históricos muy interesantes (el Rey Feli- Viggo Mortensen recrea a Alatriste, un soldado de gran dureza pero también muy vulnerable pe IV, Quevedo, el Conde Duque de Olivares) muy profundos y que mantienen entre ellos muchas y muy complicadas relaciones. Todos, también los de la invención de Pérez- Reverte- -Alatriste, su amante la actriz María de Castro, el joven Iñigo Balboa o el conde de Guadalmedina- -padecen de ese orgullo que, asimismo, le ha dado la posibilidad a España y a los españoles de dominar medio mundo, de construir edificios magníficos, de pintar grandes cuadros, de escribir obras de teatro y poesía... y de hacer gran cine De todo lo cual hoy se puede aprender, pues el orgullo les empujó a realizar grandes hazañas, pero también provocó grandes equivocaciones con resultados muy tristes. Los que mandan en los imperios siempre ignoran, o se niegan a reconocer, que están haciendo las cosas mal, que se consume y malversa el oro de la Hacienda y se vierte la sangre del pueblo. Siempre ocurre lo mismo, ya sea en el imperio español, en el británico o, ahora, en el americano. Algo se puede aprender en Alatriste aunque sea una película. A mí me da qué pensar sobre lo que ocurre en mi país, porque yo soy ciudadano del imperio actual, que también va cayendo, gastando su caudal y que comete los mismos errores, y en algunos de los mismos sitios, como antes los cometieran los ingleses y los españoles Por todo ello, ya fuera español o Alatriste trata del orgullo. Los españoles del siglo XXI son tan orgullosos como los del XVII. El orgullo empuja a grandes hazañas pero también a grandes equivocaciones