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12- 13 40 LOS VERANOS DE CIUDADES POR JUAN ÁNGEL JURISTO ría; mi tía Ida, que murió a los ocho meses; mi padre, Antonio, a quien jamás nadie ha llamado Antonio Carlos Francisco; y mi tío Carlos (Carlos Mario Juan) La luz que entraba por los miradores de la casa de Alcazabilla fue la primera que vieron los demás hijos: mi tío Mario (Mario Víctor Ricardo) mi tía Rosario (María Rosario Rita) y mi tía Ana María (Ana María Josefa) Menudos nombres, ¿eh? De reyes. De mafiosos. Pero déjenme que les presente a mis abuelos, Ugo Riccardo Vittorio Fontana Migliorini y Angela Luigina Maria Goria Zavattaro. Habían nacido en Génova- -el nonno el 12 de octubre de 1902; la nonna el 13 de marzo de 1903- y no miento si aseguro que nunca se les pasó por la cabeza que vendrían a vivir- -y a morir- -a España. Hija de un cocinero de la Embajada de Italia en Turquía, la nonna mujer alta y guapetona, iría rechazando uno a uno a sus pretendientes; no por su fealdad o su pobreza- -para pobre, ella- sino por ser de donde eran: éste de Milán, ése de Turín, aquél de Roma. Ciudades que no eran su amada Génova. Y es que la nonna quería casarse con un genovés y quedarse a vivir en Génova. Qué visión de futuro la suya. Ugo y Angela se conocen en el tranvía que une Génova con lo que entonces era- ¿seguirá siéndolo? -el barrio industrial de Sanpierdarena. Ugo, que ha estudiado dos carreras, Química y Farmacia, ejerce de químico en la Minerva; Angela trabaja como mecanógrafa en una oficina. Y hoy es una mirada lo que intercambian en el tranvía; mañana, un saludo; y pasado mañana, alguna frase galante. Estamos en 1928. La Minerva, de origen italiano, busca un químico para su planta de Málaga. Ofrece doble sueldo: en liras y en pesetas. En liras desconozco qué cantidad pagaría; en pesetas, cuatrocientas mensuales. Mi abuelo acepta el traslado y decide así su destino y el de su novia. Y el 25 de julio de 1929, a las siete de la mañana, Ugo y Angela se casan. Ese mismo día embarcan rumbo a Málaga. Mejor dicho, rumbo a Gibraltar, porque el trayecto de aquella naviera no era GénovaMálaga, sino Génova- Gibraltar. En los días previos debió de armarse la marimorena. ¡La hija de un cocinero casándose con el hijo de don Achille, el jefe de Correos de Génova! ¡Y a las siete de la mañana, nada menos, como si se fugaran! Que eso precisamente es lo que iban a hacer los novios después de la ceremonia: fugarse. ¿No estaría ella embarazada... Habladurías aparte, ¿se imaginan qué emoción, qué nervios, qué trasiego? el secreto del traje de novia, la elegancia del chaqué del novio, el ramo de flores encargado con semanas de antelación, las maletas- -no una ni dos ni tres- -para una luna de miel que más que una luna de miel será una mudanza, los billetes, la perspectiva de una nueva vida lejos de Génova, ellos dos ante el altar, el cansancio de no haber dormido o de haber dormido mal, el temblor en las manos de ella, el temblor en las manos de él, Io, Ugo, prendo te, Angela, come mia sposa, prometto di onorarti e rispettarti nella buona e nella cattiva sorte, nella salute e nella malattia, di esserti fedele sempre per il resto della mia vita así, en italiano, que parece que no, pero aporta verosimilitud a esta historia, que continúa con los anillos, Io, Angela, con quest anello segno della mia fedeltà ti sposo y con las arras, y a la salida de la iglesia, tras el Vi dichiaro marito e moglie con las cálidas felicitaciones de la familia de ella y las frías felicitaciones de la familia de él confundiéndose con el tembloroso adiós de ambas familias, Escribid, hijos Tened cuidado y más besos, y más abrazos, y ya están los nonnos en la cubierta del barco, quizá el Rex, quizá el Libertá, y ya son las diez de la mañana, y ya braman los motores del barco, y el barco ya suelta amarras, y pañuelos al viento como gaviotas, y el puerto de Génova cada vez más pequeño, y la ciudad de Génova cada vez más borrosa, ¿o son las lágrimas de mi abuela las que hacen que la bahía de Génova se desvanezca en el horizonte? Y esa voz que se abre paso ahora entre el rugido de los motores del barco, quizá el Rex, es la voz de la nonna atragantada por la emoción cuando le pregunta al nonno ¿Volveremos pronto? Esa voz que se pierde ahora entre el rugido de los motores del barco, quizá el Libertá, es la voz de la nonna quebrándose cuando le pregunta al nonno simplemente: ¿Volveremos? ¿Y ese beso, qué me dicen de ese beso que el nonno le da a la nonna en la mejilla? Ese beso con el que el nonno a falta de una respuesta mejor, trata de consolar a la nonna Ese beso con el que el nonno le demuestra su cariño, y con el que en el fondo lo que está es deseándose suerte, mucha suerte. Vista de los trenes, siempre repletos de pasajeros, en Bombay AP La ciudad corazón Bombay es el corazón moderno de la India. Moderno desde los tiempos del Raj, se entiende. Y hasta tal punto que los británicos edificaron allí una de las puertas más bellas de su arquitectura dando la bienvenida al viajero que entraba en el orgullo de su dominio. ¿Hay quién crea que Rudyard Kipling podía haber nacido en otro lugar que no fuera éste? Porque en la India hay tantos corazones como dioses: millones, y uno para cada ocasión de la vida, que son infinitas. Pero lo que es innegable es que Bombay, la ciudad a la que quería ir Valle Inclán cuando estrenase Echegaray en un espantoso y célebre ripio digno de Mecano, es el corazón del que la India moderna se muestra más orgullosa. Kipling, que cantó la India mestiza como nadie y un cierto concepto de lo que debía ser el Imperio y los deberes inherentes al sojuzgamiento de una raza por otra, tenía en mente en su vasto universo el dédalo moderno de esta ciudad y lo que representaba como escaparate de una idea colonial que comenzaba a hacer aguas desde el seno de la oligarquía británica misma. De ahí que sumergirse en la concepción que Kipling tenía de la India represente el mejor pasaporte para entender, suprema paradoja, lo que quiere este país desde su independencia. Aquella suprema e inverosímil mezcla en que Kim se hacía enseñar por el lama mientras recorrían la enorme arteria que unía la India, sigue representando una de las mejores imágenes de la enorme nación y de sus tremendas tensiones. En cierta manera la vasta geografía en que se mueve Kim es una muestra enorme, disparatada, de lo que significaba la ciudad de Bombay. En esta cabe Delhi, y también Lahore... y Benarés, y hasta Goa. Porque en ese damero que quería Kipling jugase su idea del Imperio, bastante antipática a los ingleses de la metrópoli, Bombay no era sólo una ciudad colonial más, sino la representación de lo que debía ser el Raj, de sus deberes y de sus derechos casi divinos. Aquello ha desaparecido ya, y Bombay ahora es otra cosa, capital financiera de esa India que es casi un continente y primera potencia cinematográfica del mundo, pero el espejo en que se mira sigue siendo el mismo. El mestizo Kipling casi previó esta nueva situación, sólo que con ingleses.