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ABC MARTES 29 8 2006 Internacional PRIMER ANIVERSARIO DEL KATRINA 27 Corey Hebert Pediatra Jolanda Waiters y su hija Mignont Vecina del Lower 9 th Ward Los niños ya no confían en sus padres La mitad de los médicos no han vuelto. Mi consulta se ha duplicado, trabajo de seis a seis. Los padres no querían volver hasta que se les garantizara que el nivel de toxicidad no suponía un peligro para la salud. Ahora las autoridades dicen que los niveles de toxicidad son elevados, pero no peligrosos y eso es un término relativo. Antes un niño se caía de la bicicleta y no pasaba nada. Ahora las heridas no sanan igual, por la cantidad de elementos que hay en el suelo. No voy a decir que el medioambiente sea insano, pero la realidad es que hay menos médicos, por lo que las posibilidades de enfermar son mayores. Los que tenían asma, alergia o rinitis están ahora tres veces peor, y los que no las tenían, ahora las tienen. Estamos viendo un número de infecciones dermatológicas que, si bien no son nuevas, nunca las habíamos visto en estas cantidades. Si antes tenía tres casos a la semana, ahora tengo 20. Muchos niños sufren de estrés pos traumático. Una vez a la semana me traen un niño con ataque de pánico cuando hay un tormenta eléctrica. Y lo más triste es que sus padres no logran calmarlos, porque los niños ya no confían en los padres. Estaban con ellos durante el Katrina y eso no impidió lo que pasó Estamos muy ilusionados: vamos a trabajar duro hasta que saquemos el barrio adelante Eso de que este barrio se va a perder es ridículo. Todavía no se ven signos de recuperación porque hasta hace un par de meses no teníamos ni luz ni agua, así que no podíamos venir a trabajar a las casas. FEMA tampoco nos daban ninguna caravana en buenas condiciones, pero ya se ven unas cuantas por ahí. Si vuelves dentro de un año, seguro que estará mejor. Este es un barrio obrero, de gente muy trabajadora que tiene a su familia y a sus raíces en el barrio. Le pedimos una subvención a la Fundación Bush- Clinton y hemos sacado para darle tres o cuatro mil dólares a cada vecino para mano de obra y materiales de construcción. Vamos a trabajar duro hasta que lo saquemos adelante. Estamos muy ilusionados y no nos iremos a ninguna parte. Nosotros nunca evacuábamos cuando había alerta de huracán. Esta vez nos fuimos al colegio a recoger a la niña, así que se puede decir que nuestra hija nos salvó la vida. Si estuviera sóla en esta vida, ya estaría viviendo aquí de cualquier manera, pero ahora tengo que pensar en ella: necesita un colegio. Hemos alquilado un apartamento en la parroquia de Jefferson, donde vivimos con mi madre y mi hermana. Mi padre también vive por allí en una caravana de FEMA. Ahora ya no jugamos. Cuando digan que hay que irse, nos iremos. Tengo una maleta hecha con ropa y zapatos. Mis documentos están en un taperware de plástico. Sólo tengo que montarme en el coche e irme dio lugar a semejante crisis humanitaria se prodigan un año después. Médicos a los que se les impidió ejercer porque sus títulos eran de otro estado de la Unión. Propietarios de barcos a los que la guardia costera impidió rescatar a quienes pedían ayuda desde los tejados porque no llevaban suficientes chalecos salvavidas a bordo. Equipos de rescate a los que no se les permitió trabajar porque sus seguros no cubrían inundaciones. En privado, un alto funcionario de FEMA culpa de ello a la desarticulación del organismo tras los atentados del 11- S, que lo emplazó en el ámbito de un nuevo Ministerio, el de Seguridad Doméstica, según él dominado por mandos militares entrenados para recibir órdenes, no para pensar Son algunas de las lecciones del Katrina, que también enseñó a muchos cuál es la esencia de la vida. El bar donde Fredy Omar tocó aquella noche de noviembre a cambio de las propinas, en su opinión muy generosas, sirvió en esos primeros meses de centro de acogida en el barrio. Su dueña cocinaba ollas de comida criolla y la servía gratuitamente. Poco a poco, los vecinos se encargaron de devolverle el favor. Uno le puso una puerta, otro le plantó flores, algunos le trajeron cuadros y entre estas inesperadas donaciones le llegó hasta un equipo de sonido. Para el turista que se atreva a adentrarse en los escenarios de la devastación, Fredy le avisa: No vamos a engañarle. Esto tomará mucho tiempo en recuperarse Darrys Wharton Empleado de mantenimiento No te puedes quedar parado y esperar la ayuda En los primeros meses vivimos por todas partes: en Mississippi, Texas, Georgia, Alabama... Dimos muchos tumbos hasta que logramos alquilar un apartamento al otro lado del puente. Ni siquiera hemos pedido una caravana, que deben ser para los que no tienen dónde quedarse. Nuestra casa quedó completamente sumergida bajo el agua. Ese día, si no sabías nadar, aprendías. La casa más alta de esta manzana es de dos pisos y los que vivían allí tenían que salir por el tejado. A mí me pilló trabajando y cuando quise volver a casa ya no se podía. Si no, igual me hubiera ahogado. La primera vez que volví fue el 2 de enero. Necesitaba ver por mí mismo cómo había quedado esto. Una organización nos desguazó la casa y las paredes. Ellos mismos se llevaron los escombros y la basura, pero todavía no hemos podido empezar a reconstruir. Al volver, yo incluso he recuperado mi trabajo como empleado de mantenimiento. Mi madre está ahora mismo en una de las reuniones de vecinos. No te puedes quedar sentado y esperar a que los demás hagan las cosas por ti, pero las autoridades deberían ayudar más. Este es nuestro barrio, no queremos irnos de aquí.