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26 Internacional PRIMER ANIVERSARIO DEL KATRINA MARTES 29 8 2006 ABC Un año después de que el Katrina destruyera Nueva Orleáns, sus habitantes analizan la verdad tras las impactantes imágenes de aquellos días y sus perspectivas de futuro Mitos y realidades del huracán que devastó la cuna del jazz TEXTO Y FOTOS: MERCEDES GALLEGO ENVIADA ESPECIAL NUEVA ORLEÁNS. Para el turista nada ha cambiado. Los barrios del 9 th Ward o el Este de Nueva Orleáns no estaban en su camino, ni antes ni después del Katrina Probablemente, los que se empeñen en buscarlos tendrán dificultades en encontrarlos, y lo normal es que acaben por contratar alguno de los tours que han proliferado en torno a los diques rotos y a los kilómetros de casas amontanadas. Bourbon Street sigue abierto hasta el amanecer, con las calles llenas de borrachos y las bailarinas exóticas en los bares de alterne. Los coches de caballos trotan por las calles empedradas del Barrio Francés, los músicos tocan en Congo Square, el Café Du Monde sigue sirviendo los mejores beignetes el jazz suena en Preservation Hall y las orquestas de viento, en el escenario de Tipitina s. Y, aún así, el turismo no acaba de volver. El adjunto del gobernador de Luisiana, Mitch Landreu, a cargo del Departamento de Cultura, Recreación y Turismo, cree que las imágenes del Katrina han dañado a la ciudad en su corazón económico, una industria que antes del monstruoso huracán dejaba 5.000 millones de dólares al año. Era la primera fuente de ingresos del Ayuntamiento y generaba 85.000 puestos de trabajo. ¿Tienen agua? ¿Hay electricidad? ¿Es seguro caminar por las calles? recita un recepcionista de hotel del Barrio Francés como ejemplo de las preguntas más frecuentes que le hacen por teléfono. Sí, la respuesta es sí a todo. Museos, taxis, zoológicos, restaurantes... Los que sufren las penalidades diarias, los que aún no han podido volver a sus casas y sienten que la vida es una carrera de obstáculos son aquellos que sirven el café, conducen el taxi o tocan el saxofón, pero ni siquiera ellos han perdido el espíritu festivo y amable que distingue a Nueva Orleáns de cualquier otra ciudad de EE. UU. Fredy Omar, líder de la banda de Latin Jazz que lleva su nombre, recuerda que la primera vez que pasó cerca de la ciudad, en noviembre pasado, llamó a una amiga dueña de un club para preguntarle si le había afectado mucho el huracán. Y sí, se le había inundado el bar hasta el techo, lo habían saqueado, no le quedaban ni sillas, ni puertas, ni ventanas, pero estaba abierto. Le pregunté si quería que tocáramos allí a la vuelta de Alabama, y me dijo que por supuesto. Sólo le quedaba la mesa de billar, pero puso un vidrio encima para que la gente apoyara los vasos. Se llenó hasta reventar, nos divertimos como nunca. O más bien como siempre recapacita el músico, residente de Nueva Orleáns. Éramos los mismos bohemios de siempre Desde su exilio en San Francisco, Fredy supo que la ciudad de la que se enamoró a primera vista hace 13 años sobreviviría. Sobre todo desde el día en que abrió el periódico y vio una foto de un amigo suyo, el también músico Gregg Chatzy, con una cerveza en la mano en la puerta de un bar. Estaba en plena semana de la infamia, cuando se había ordenado la evacuación total, el 80 por ciento de las calles estaban cubiertas de agua y las imágenes de la violencia en el Estadio Superdome sacudían las conciencias del mundo. Exageraciones fabuladas También eso ha cedido, no sólo las aguas. El que entonces fuese jefe de Policía, Eddie Compass, despedido un mes después, ha lamentado públicamente los rumores de crímenes desalmados. La prensa, con la que hablaba a diario, le consideraba una fuente fiable, y por tanto difundió sus palabras como hechos, contribuyendo a magnificar una imagen apocalíptica que, según algunos testigos, no se correspondía con la realidad. El propio jefe de Policía se retorció de angustia a cuenta de esas exageraciones que algunos atribuyen a sus agentes, que intentaban justificar su pérdida de control. Durante tres días creyó que su hija de 19 años, atrapada en un hotel, había sido violada. Uno de sus amigos más cercanos y jefe de información del cuerpo, Paul Accardo, se disparó un tiro en la sien cuando le dijeron que su mujer se había ahogado. Ninguno de estos rumores era cierto. Estaba tan preocupado con que no pareciera que estaba intentado ocultar cosas, que daba la información antes de que hubiera sido verificada. Eso causó mucha confusión y un montón de problemas confesó esta semana al diario local, The Times Picayune. Muchos atribuyen el vandalismo a hordas de delincuentes que acudieron a la ciudad esos días para aprovecharse de la confusión. Otros aseguran que la Policía puso esposas a quien merecía medallas. Ronald Leblanc es uno de ellos. Cuando supo que la gente refugiada en el Centro Cívico se moría de sed, se dirigió a la compañía local de agua embotellada, Kentwood, para pedirles ayuda. La empresa había sido evacuada y los camiones llenos de cajas de agua estaban en el aparcamiento con las llaves puestas. Ronald se Vanessa Gueringer, junto a un memorial por las víctimas del huracán montó en uno de ellos y se dirigió al Centro Cívico, donde repartió todas las botellas. Luego subió al camión a dos ancianas y las dejó al otro lado del puente, donde algunas organizaciones humanitarias llenaban autobuses de evacuados. Repitió el proceso varias veces, hasta que una patrulla de Policía le detuvo a punta de pistola. ¿Es suyo ese camión? le preguntaron. La respuesta era no, y a los agentes no les importó el uso que estuviera haciendo de él en una situación de crisis. Cuando el hombre trató de protestar, fue detenido por robo. Los ejemplos de la inflexibilidad que Bernard Monroe Vecino del Upper 9 th Ward y de la Ciudad de los Músicos Todavía hay mucha gente reconstruyendo Sobrevivimos en el tejado más de 24 horas hasta que nos sacaron en lancha. De allí nos fuimos a casa de unos amigos que habían recogido ya a otras 20 personas. Cuando nos evacuaron fuimos a dormir en el suelo de un colegio y de ahí a casa de unos familiares de mi mujer en Lake Charles, pero luego llegó el huracán Rita, así que también nos tuvimos que marchar. La caravana nos la dieron en diciembre pero tardaron dos meses en conectarla a la luz y darnos la llave. Nadie nos ha ayudado en nada. Las cosas iban lentas y empezamos a hacerlo nosotros mismos. Todavía hay mucha gente reconstruyendo, esperamos que las cosas vuelvan a ser como eran. El año pasado hubo tres asesinatos en esta manzana, casi todo ajustes de cuentas. Cuando volvimos el 29 de diciembre pasado no había nadie. Fuimos los primeros. Ahora están volviendo los traficantes de drogas. Esperamos que la Ciudad de los Músicos ayude a mejorar el barrio. Nadie nos consultó si nos gustaba el proyecto, pero me gusta ver que la ciudad renace y estoy dispuesto a aguantar ciertas cosas con tal de que se reconstruya