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4 Opinión MARTES 29 8 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL PSOE Y SUS OCURRENCIAS URBANAS OS socialistas se rectifican a sí mismos y aseguran ahora que nunca han pensado en establecer peajes para el acceso de vehículos al centro de las ciudades, ni tarifas por aparcar en las vías públicas. Sin embargo, una vez más se cumple en este caso la advertencia implacable según la cual lo escrito, escrito está En efecto, el PSOE plantea en uno de los documentos elaborados para su conferencia política del próximo mes de septiembre la posibilidad de imponer un canon por acceder al centro urbano de las grandes capitales, con el voluntarioso objetivo de realizar una política avanzada de movilidad. Habla también de poner parquímetros o mecanismos análogos, en clara contradicción- -por ejemplo- -con la postura de Trinidad Jiménez al frente de la oposición madrileña, que ha llamado incluso a una rebelión pacífica contra ellos. La retórica del desarrollo sostenible, la ciudad ecológica y la preferencia por el transporte público apenas disfrazan la querencia natural en cierto sector de la izquierda hacia el intervencionismo y la subida de impuestos. Es absurdo pensar a estas alturas que el coche es asunto de ricos y privilegiados. Los datos sociológicos demuestran de forma concluyente que millones de jóvenes y personas con menores recursos se ven desplazados del centro de la ciudad por causa del precio inasequible de la vivienda y del coste de la vida. Para muchas personas que viven en la periferia, utilizar el automóvil constituye una necesidad imperiosa, a pesar de los atascos, de la dificultad para aparcar o del elevado precio de los combustibles. Los poderes públicos tienen la obligación de mejorar la red de transporte colectivo y ofrecer así alternativas razonables al desplazamiento, pero su función no es precisamente inventar nuevas tasas o limitar la libertad de circulación de los ciudadanos. El deseo de regularlo todo es característico de una ideología intervencionista anticuada. Es cierto que en grandes ciudades como Londres se ha establecido un sistema de este tipo, pero la configuración urbana y la realidad social de la capital británica no tienen nada que ver con las ciudades españolas. La rápida reacción desde el Ayuntamiento de Madrid- -donde se asegura que mientras que Gallardón sea alcalde, jamás habrá un canon para entrar en la ciudad- -y las críticas generalizadas obligan ahora a una rectificación por vía de urgencia. Sería mejor no lanzar a los cuatro vientos mensajes sin sentido, ni ocurrencias absurdas, como la que pretende alentar a los funcionarios de diversos ministerios a utilizar un mismo vehículo para acceder a su puesto de trabajo. La política local es un sector de singular importancia en la gestión pública porque las decisiones que se adopten afectan a la vida cotidiana de millones de personas. Por tanto, no debe quedar en manos de los más dogmáticos ni de los más ingeniosos, sino de aquéllos que sean capaces de aportar soluciones de sentido común. L TAMPOCO MARRUECOS ON una excusa demasiado débil (ha de supervisar el despliegue militar en el Líbano) Rodríguez Zapatero ha decidido suspender el viaje que tenía previsto realizar a Marruecos y que había sido anunciado a bombo y platillo y preparado in situ hace un mes por la vicepresidenta del Gobierno. El lacónico sin comentarios emitido por Rabat tras conocerse la suspensión ofrece malos presagios sobre el estado de las relaciones bilaterales con el Reino alauí, uno de los puntos estrella de la nueva política exterior que- -para diferenciarse de la etapa del PP- -se completaba con todo tipo de simpatías hacia la dupla ChávezCastro (que luego Morales convertiría en trío) y con el eje franco- alemán, que formaban Chirac y Schröder. Dos años después, y chasco tras chasco, de todo aquello sólo se sostenían en pie las estupendas relaciones con el vecino del sur, de las que el Gobierno quizá ya no deba presumir, lo que en el actual contexto de incontenible presión migratoria incluye un nuevo aspecto inquietante a la crisis de los cayucos. El Gobierno se ha quedado solo y el panorama es cada vez peor, una vez que la opinión pública ha constatado la insolvencia del Ejecutivo para corregir una situación que, además de un drama humano (en lo que va de año se han rescatado casi medio millar de cadáveres del mar) constituye una emergencia nacional. Todo ha salido mal. En el Consejo Europeo celebrado el pasado junio, Zapatero anunció que la UE había dado un salto cualitativo en su política sobre inmigración y agradeció la solidaridad europea hacia la situación de Canarias. Remató su valoración proclamando que la UE se ha puesto al frente del problema Un mes antes, la vicepresidenta dio a conocer quince medidas de Bruselas para frenar la avalancha migratoria, lo que le permitió afirmar que la respuesta de la UE ha sido eficaz De aquellas medidas ninguna era tan avanzada como la misión multilateral que iba a liderar la Agencia Europea de Fronteras, que a primeros de junio iba a desplegar patrullas aéreas y navales integradas por ocho estados miembros. Sin embargo, termina agosto y De la Vega tiene que viajar a Finlandia- -que ostenta la presidencia de turno de la UE- -y, otra C vez, a Bruselas para reclamar los medios prometidos, porque todo aquello hoy es humo. Por el norte y por el sur, España se encuentra sola ante la crisis migratoria más grave de su historia. Y está sola porque carece de estrategia y de planificación. Ha pasado de regularizar en masa a cientos de miles de inmigrantes, en contra de los criterios de Bruselas- -expuestos en las cumbres de Tampere o Sevilla- a pedir el blindaje militar de las costas africanas para evitar la llegada de más embarcaciones. La incoherencia es evidente, pues la regularización masiva lanzó a las claras el mensaje de que el que entra ilegalmente en España, se queda y, con el tiempo, tiene papeles. Las mafias que trafican con inmigrantes se frotaron las manos. Y si el Gobierno carece de un plan para atajar la inmigración- -a medias con Europa o por sí misma, con sus recursos- igual sucede con la dirección de la política exterior en este asunto, dividida entre la vicepresidencia primera y los ministerios de Asuntos Exteriores e Interior, en una fragmentación temeraria de la acción diplomática- -sometida al método de ensayo y error- -que, por desgracia, ayuda a explicar la improvisación de la política interna y la sequía de resultados en la externa. Pero no son éstas las peores condiciones que rodean a la gira urgente- -anunciada hace días, cuando nadie, ni en Finlandia ni en Bruselas, sabían de ella- -que hoy emprende De la Vega. El mayor obstáculo es la indiferencia que suscita el Gobierno español ante sus socios europeos (y puede que también ya ante Marruecos) a la hora de tomar decisiones que impliquen compromisos concretos y acciones positivas. Quizá se deba tanto a la irrelevancia diplomática española como a la inoperancia de Bruselas, que, según declaró ayer el presidente del Parlamento Europeo, Josep Borrell- -español y del PSOE- carece de una política sobre inmigración. ¿De qué hablaban Zapatero y De la Vega cuando elogiaban la respuesta de Bruselas? El discurso del Gobierno sobre la cooperación europea ha sido engañoso. Ahora, se suspende el viaje a Marruecos. Definitivamente, el Gobierno parece haber instalado las relaciones exteriores de España, uno de los pilares de todo Estado, a medio camino entre el vacío y la nada. EL GIGANTE TRANQUILO DEL COMERCIO L Corte Inglés acaba de presentar sus cuentas anuales, y lo ha hecho sin sorpresa en cuanto a solvencia, rentabilidad y vocación de crecimiento sin pausa. Es una de esas compañías de tiro tenso, abonadas a ir siempre a más en todos los epígrafes y al margen de coyunturas. La mayor empresa privada no cotizada de España, una de las admiradas del mundo por su exclusivo estilo de gestión y modelo de negocio, integra toda la gama del comercio y atiende lo más general y lo más especializado en un mismo establecimiento. Con exigente humildad, sus directivos dicen que sólo son tenderos, preocupados por satisfacer a cualquier cliente tal como acredita su lema: Si no está satisfecho, le devolvemos el dinero Han pasado más de setenta años desde que Ramón Areces adquirió una sastrería con la marca El Corte Inglés. No perdió el tiempo cambiando el rótulo: se dedicó a comprar bien y atender mejor a una creciente clientela con las fórmulas más innovadoras. Desde entonces, bajo su batuta y la de Isidoro Álvarez, El Corte Inglés se esmera en crecer un poco más cada día. Las cuentas del último año ponen de relieve crecimientos que doblan la tasa de inflación en todas las cifras de negocio entre las que destacan E inversiones de 1.140 millones de euros (un 45 por ciento más que el ejercicio anterior) y el hecho de superar los 100.000 empleados estables, dos tercios de los cuales son mujeres. Entre las novedades de los últimos ejercicios cuenta una calculada expansión internacional de la marca, que empezó en Portugal (Lisboa y Oporto) y que ahora se amplía a Italia, concretamente a Milán y Roma. Además, algunas de sus filiales, como Viajes y Sfera, han abierto establecimientos propios en Europa y América que multiplican la capacidad de expansión en nuevos mercados. A diferencias de otros sectores económicos, la distribución en España, como consecuencia de aplicar una de las políticas más liberales y permeables del continente, se ha modernizado sustancialmente durante los últimos años con la entrada de compañías extranjeras. En la gran superficie, los grupos internacionales han conseguido una apreciable cuota de mercado que ha llegado a modificar los hábitos del cliente, lo que hace más meritorio el caso protagonizado por El Corte Inglés, cuyos gestores no sólo han conseguido sobrevivir al despliegue de estas empresas, sino a exportar su modelo de gestión por toda Europa.