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28 8 06 FIRMAS RELATO Cuarto oscuro POR MONTERO GLEZ Autor de las novelas Sed de champán Manteca colorá y Cuando la noche obliga y del libro de artículos Diario de una hincha vertido al francés, holandés y ruso, se ha erigido en uno de los escritores más sólidos en lengua castellana L a casa quedaba por la cabecera del Rastro. Una planta interior acondicionada para rijosos menesteres y que ganó fama después de que el señor Perico, cronista de la Villa, contase por lo bajinis los portentos que escondía la habitación del fondo. Con el cosquilleo aún en las tripas, el cronista no resistió más. Y haciendo gala de su oficio, abrió las manos sobre una mesa del Colonial. Y todos exclamaron su asombro al hacerse una idea del tamaño que al bueno de Perico le había tocado en suerte. De esta manera, los secretos del cuarto oscuro fueron pasando de boca en boca y cada boca los fue aumentando un poco más el tamaño. Con tal propaganda, a la dueña del citado inmueble se le subieron los humos y se plantó una peluca rubia que la daba cierto aire de muñeca de tómbola. A partir de ese momento, se dedicó a recibir clientela selecta y distinguida. Sólo citas concertadas. Ah, y con una semana de antelación. El cliente que ahora esperaba venía recomendado por Perico, cronista de la Villa. De no ser por esto, una noche como la de hoy, nones, se dijo la dueña. Sin embargo, el fulano estaba dispuesto a pagar doble servicio por ser día señalado. Y además Perico, cronista de la Villa, convenció a la dueña de que se largaba en seguida, que era padre de familia respetable y que cenaba rodeado de los suyos como solían hacer las personas decentes en día tan propio. Amén. Y poco más contó Perico del fulano, pues de él poco más sabía. Parecía retrasarse. La dueña miró el reloj, las seis y media pasadas, se retocó el pelucón, pintarrajeó sus labios y, como no tenía nada mejor que hacer, fue hasta la habitación del fondo a comprobar el estado del joven que tanta fama y prestigio venía facilitando al negocio. El citado aguardaba tumbado a lo ancho de la cama. Era rubio, del mismo color que el cereal maduro, y tenía el aspecto de un galán de alta comedia, con las piernas enfundadas en unos calzones cortos y con los calcetines caídos, a la altura de los tobillos, pongamos que a la deriva. Con los ojos entreabiertos, flotaba en el humo dulce que sus labios deshacían. A la dueña no le gustaba que se fumase en la cama, no fuera a quemarle las sába- nas. Y en el momento justo de ir a llamarle la atención, sonó el timbre. Y con los labios pintarrajeados y envuelta en su bata estampada, salió a la puerta. -Adelante. Era rubio, del mismo color que el cereal maduro, y tenía el aspecto de un galán de alta comedia, con las piernas enfundadas en unos calzones cortos El caballero, recomendado por Perico, cronista de la Villa, lucía unos bigotes engominados y retorcidos hacía arriba, lo más parecido a cuernos de cabra montesa. Gastaba chistera, labios viscosos y capa de buen paño. -Con su permiso. Tenía la voz cavernosa y cierto deje aristocrático. Un cliente distinguido, tal y como le había advertido Perico, cronista de la Villa. Lucía la palidez del que tiene